lunes, 7 de mayo de 2012

Eufemismos

Es sabido que el mundo de la política y de las estadísticas oficiales es el de los eufemismos. Algunos explicables por evitar denominaciones sexistas, como la sustitución de la categoría estadística de “amas de casa” por la de “personas que se ocupan de su hogar sin remuneración". Pero la mayoría pretenden, simplemente, suavizar, edulcorar o, incluso, ocultar la realidad.

Felipe González fue protagonista de uno sonado. Corría el año 1992, una crisis, en la que la unificación política y monetaria de Alemania tuvo mucho que ver, sacudió los cimientos del Sistema Monetario Europeo, ocasionando una debacle, con la salida de monedas del mecanismo de cambios, el agotamiento de las reservas internacionales de varios países y la devaluación de algunas monedas, entre ellas la peseta. Como el término "devaluación" tiene connotaciones negativas y puede entenderse como un fracaso de la política económica, González salió al quite anunciando que no se trataba de una devaluación, sino de un "realineamiento de paridades".

La actual crisis nos está dejando multitud de perlas de este tipo. Para empezar, la contumaz negativa de responsables políticos en llamar "recortes" a lo que evidentemente lo son y que preferían sustituir por el término mucho más anodino de “ajustes”. Ajustes negativos, claro.

En el Real Decreto-ley de 30 de diciembre, que supuso la puesta de largo del Gobierno del PP en esto de ajustar cuentas ideológicas con lo público, se contempla el aumento de la jornada de trabajo de los funcionarios a 37,5 horas semanales, pero lo denomina “reordenación del tiempo de trabajo”.

Oficialmente, lo que se decretó el pasado 30 de marzo no fue una amnistía fiscal, sino un “plan de regularización tributaria”. Claro que eso lo dice el Ministro Montoro, para quien la subida del IVA no es tal, sino un "cambio en la ponderación de los impuestos".

Aunque seguramente el eufemismo más delirante se lo debemos a Esperanza Aguirre que, fiel a su estilo y a su cinismo estructural, se preguntaba hace unos días por qué denominar recortes a lo que no es más que “devolver a la sociedad lo que nunca debió perder”. Ahí es nada. Y queda claro, de paso, quién constituye “la sociedad” para Aguirre.

Es una pequeña muestra. Seguro que hay muchos más. Y pueden resultar hasta simpáticos, si nos abstraemos de las causas que les han dado origen.

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