martes, 14 de febrero de 2012

La autovía del Pirineo y las cuentas de Miranda


Desde que se inició la legislatura foral, allá por el mes de junio, hemos asistido al lamentable espectáculo de una sucesión de versiones del presupuesto a rebufo de circunstancias que tienen más que ver con la irresponsabilidad y la renuencia a trasladar a la opinión pública el estado real de las cuentas, que con la coyuntura económica como tal. Ciertamente, la situación económica ha ido empeorando en la segunda mitad del año y ello habrá influido, entre otras cosas, en el estado de ingresos y gastos públicos. Pero ello no justifica el baile de correcciones y, sobre todo, de explicaciones contradictorias entre sí y a menudo absurdas. Se abona así la impresión de que las cuentas públicas de Navarra siguen siendo un desbarajuste. Tengo serias dudas de que los miembros del Gobierno —con la probable, pero no evidente, excepción del Consejero Miranda— estén al tanto de la situación y mucho menos de que lo estuvieran al inicio de la legislatura o cuando aceptaron sus nombramientos.

Recientemente el Consejero Miranda, al hablar del cierre de las cuentas de Navarra de 2011, alardeaba de haber alcanzado el objetivo de déficit. Incluso con creces, al haberse quedado en el 1,2% del PIB, en lugar del 1,3% establecido. Claro que se curaba en salud al advertir que hay un desacuerdo con el Estado y Eurostat (el organismo estadístico de la Unión Europea) sobre la inclusión en el déficit de la Autovía del Pirineo. De incluir esta obra en el cálculo del déficit en términos de Contabilidad Nacional, éste pasaría a ser del 1,7% del PIB. La cuestión puede parecer baladí, pero es una buena muestra de cuanto digo. Intentaré explicarlo.

Aunque hay distintos conceptos de déficit, normalmente se entiende por tal la diferencia entre gastos e ingresos, por ejemplo en un año. En la Unión Europea existe un Pacto de Estabilidad y Crecimiento (sic) que establece un déficit máximo del 3% del PIB. Cuando un país sobrepasa dicho nivel, se inicia un Procedimiento de Déficit Excesivo (PDE), que implica un programa de estabilización y de aproximación del déficit a ese objetivo. Con el fin de unificar criterios de contabilización y evitar la creatividad contable, esto es, el maquillaje de las cuentas recurriendo a mecanismos diversos, Eurostat estableció unas normas de cálculo, a partir de las cuales se obtiene el denominado “déficit en términos de Contabilidad Nacional”, que es el que vale a efectos del PDE. Su valor no coincide exactamente con el déficit presupuestario porque utiliza criterios más estrictos.

Como ya es sabido, la primera mitad del pasado año estuvo presidida por el triunfalismo oficial y una cuidadosa ocultación del estado real de las finanzas públicas, que se desbocaban como consecuencia del derroche y la mala asignación de los recursos disponibles. Derroche y ocultación que seguramente tuvieron mucho que ver con que hubiera elecciones en mayo. El propio PSN, corresponsable del estado de cosas, parece que se llevó una sorpresa mayúscula al llegar al Gobierno y fue Roberto Jiménez el iniciador de la oleada de metáforas médicas para referirse a la situación. A primeros de septiembre se adelantó la necesidad de un ajuste (recorte) de 327 millones de euros, que finalmente quedó (28 de septiembre) en 294 millones, siempre incluyendo entre los ajustes de Contabilidad Nacional la Autovía del Pirineo. La razón del ajuste, se dijo, era poder cerrar el año con un déficit máximo del 1,3%.

A mayor abundamiento, el 15 de noviembre el Consejero de Economía, al explicar en la Comisión de Economía del Parlamento el desglose de los ajustes de Contabilidad Nacional en el cálculo del déficit de 2011, incluyó 100 millones de euros correspondientes a la Autovía del Pirineo. ¿Por qué en noviembre sí y en enero no? ¿Qué ha ocurrido desde entonces para ese cambio de opinión?

Eurostat establece que las obras realizadas mediante el procedimiento de peaje en la sombra (y en general las realizadas mediante las denominadas Asociaciones Público-Privadas) deben contabilizarse cada año por la parte proporcional de la obra ejecutada, aunque no haya supuesto desembolso alguno a las arcas públicas. Los manuales al uso, tanto el de Eurostat como el del Ministerio de Hacienda, y salvo mejor opinión, son bastante claros al respecto. Sin embargo, el criterio del Gobierno de Navarra es el opuesto y entiende que la Autovía del Pirineo no debería contabilizarse.

Pero la cuestión va más allá de una mera diferencia de opiniones. Si, como no se cansan de repetir los representantes de UPN, la prioridad es cumplir el objetivo de déficit, lo lógico sería aplicar los criterios de quienes van a determinar si dicho objetivo se ha cumplido o no. Que posteriormente nos dan la razón, miel sobre hojuelas; habrá un motivo más para dar una rueda de prensa y proclamar al mundo nuestra excelencia. A falta de explicaciones convincentes por parte de quien debe darlas y no las da (con una considerable falta de respeto, todo sea dicho, al Parlamento), la impresión que se saca es, simplemente, que no cuadran las cuentas.

En suma, a pesar de los recortes presupuestarios, incluyendo partidas muy sensibles socialmente; a pesar de que se bajó la persiana gubernamental en noviembre para no pagar facturas; a pesar de que se han trasladado partidas a 2012, lo que hace que el recorte de hecho sea mayor de lo reconocido; a pesar de todo esto, el Gobierno de Navarra tiene un desfase presupuestario de 100 millones de euros. Y pretende taparlo por el sencillo procedimiento de sacarlo del presupuesto. No sé qué pasará al final. Quizá, aunque sea poco probable, Eurostat termine por dar la razón al Gobierno de Navarra. Ojalá. Pero, se coloque donde se coloque esa partida, la trampa y el desfase presupuestario siguen ahí.

Resulta que al campeón del objetivo de déficit, al adalid de la ortodoxia económica, no le salen las cuentas, después de haber anatematizado a quienes las ponían en tela de juicio, como reos de horrendos crímenes contra la recta administración de los recursos públicos de Navarra. Su respuesta, un nuevo ejercicio, el enésimo, de contabilidad creativa.

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