domingo, 21 de abril de 2013

Discurso moción de censura

Aunque ya está disponible en otros lugares, reproduzco a continuación el discurso que pronuncié ante el Pleno del Parlamento de Navarra en defensa de la moción de censura que presentamos trece miembros del mismo contra el Gobierno de Yolana Barcina y que se debatió el pasado día 18 de abril. Es largo, pero quizá sea de interés para alguien. He optado por la versión oral para ser más fiel a lo que se dijo en el Parlamento.


INTRODUCCIÓN

Aberriaren hormei so egin nien
garai baten hain bizkorrak eta orain berriz, suntsituta.

(Miré los muros de la patria mía
si un tiempo fuertes ya desmoronados).

Egia esan, nik ez dakit gure maitasun eta saminetako Nafarroa honek inoiz izan ote duen horma sendorik. Sendoak alegia, berdintasunari eta elkartasunari dagokionez; justizia sozialari eta aurrerapenari dagokionez. Nolanahi delarik ere, gaur egun argi eta garbi dagoena zera da, Nafarroako gizartearen hormak gero eta ahulagoak direla, baldin eta ez badaude dagoeneko suntsituta edo ez badira berehalakoan suntsitzen ari; horregatik larrialdi egoeran gaude; bene-benetako larrialdian. Larrialdi sozialean, politikoan eta ekonomikoan. Eta azken aldiko gertakizunek larriagotu egin dute lehendik jasan ezina zen egoera; gobernua bitartean, aztoratuta, geldotuta eta judizialki zalantzan jarria bere burutik hasita.

Honela bada, jaun-andreok, hiru aukera pentsa genitzake: Presidenta andreak edo bere burua konfidantza kuestio batera aurkeztea edo dimititzea edo hauteskundeak deitzea. Hiruak jarri zaizkio mahaian eta hiruak baztertu ditu. Zehaztu beharrekoa da betiere hiru aukera horiek pertsona beraren esku daudela, Nafarroako presidenta andrearen esku, hain zuzen ere. Bestelako aterapide bakar bat gelditzen zaigu geure esku legebiltzar honetako kide garenoi eta bertako taldeoi: zentsura mozioa, alegia, Ekitaldi honek gure legedian egitura “eraikiorra” dauka, zera alegia, Gobernuko presidentziarako hautagaitza alternatiboa aurkeztera behartzen duena.

En consecuencia, señorías, salgo a esta tribuna precisamente como candidato, para presentar una propuesta abierta, constructiva, en busca de los necesarios consensos. Y lo hago así porque es una propuesta de cambio, de reacción ante un estado de cosas que es ya insostenible para buena parte de nuestra ciudadanía. Y esto que digo no procede de la autoatribución de ninguna capacidad para interpretar el sentir de la sociedad; tampoco de un ejercicio teórico de hermenéutica. Es una constatación. Mes a mes las estadísticas nos van desgranando con toda crudeza un inacabable rosario de malas noticias, de datos funestos, detrás de los cuales hay personas, ciudadanas y ciudadanos que se ven empujadas al abismo de la incertidumbre y el desempleo, cuando no la pobreza y la exclusión social. En Navarra hay personas que pasan hambre, señorías. Ya sé que no gusta que se diga eso. Ya sé que a UPN no le gusta que se diga eso. Cuando se mira el mundo desde atalayas confortables es fácil pensar que es una exageración. Pero hablen con quienes están afrontando esta cruda realidad a pie de obra, personas y colectivos cuya labor meritoria y con recursos cada vez más escasos, saca día a día las castañas del fuego a una Administración inoperante y abstraída en su objetivo de déficit. Y es hora ya de poner freno a tal situación. Y es hora ya, es un imperativo político, alzar la voz en defensa de estas personas.

No cuento con el monopolio de tal defensa ni pretendo arrogármelo. Pero considero un deber, las personas proponentes de la moción consideramos un deber, actuar en consecuencia, pasar de interpretar el mundo a cambiarlo. Lo que está ocurriendo socava los cimientos, los fundamentos de una sociedad avanzada: la solidaridad y la igualdad; hasta hacer imposible una sociedad digna de tal nombre, en favor de algo que se parece mucho más a una jungla, en la que la ley del más fuerte es el criterio de asignación y distribución de recursos. Hay quien, por cierto, llama a eso libertad. Libertad de los menos a costa de la libertad de los más. Y mientras todo esto ocurre, las políticas públicas, la actuación de las instituciones, lejos de procurar siquiera paliarlo, lo agudizan y profundizan esa insoportable brecha social, siempre en perjuicio de las personas más desfavorecidas y de los grupos sociales más débiles.

Esta situación ha generado, como reacción, una considerable movilización ciudadana, que no puede despacharse sin más con alusiones despectivas o apelando a la representatividad de las urnas. Mucho menos con descalificaciones de grueso calibre equiparándola al nazismo. Los nazis no sólo marcaban a los judíos (y a otros grupos). Los desahuciaban de sus casas y los enviaban a campos de concentración. Que no lo olviden quienes con tanta ligereza manejan estos términos.

La movilización ciudadana merece al menos una reflexión, porque puede hablarse, sin exagerar, de hartazgo ante la falta de soluciones a los problemas reales de la calle y ante la agudización de esos problemas por parte de los poderes públicos. No es de extrañar, por tanto, que la política esté en entredicho y que aumente la desafección hacia la política y hacia la denominada “clase política”. Situación, por cierto, en la que se regodea sin recato la derecha para extender ese desprestigio a toda la política. Insinuaciones sobre la inutilidad de algunas instituciones, alusiones al supuestamente excesivo coste de otras para eliminarlas o recortarlas, cuestionamiento de la misma representatividad con argumentos economicistas, en un totum revolutum que alimenta el desencanto ciudadano y socava interesadamente la calidad de la democracia.

Hay que reconocer a los movimientos sociales que proporcionan la savia, la sangre nueva que recorre la sociedad entera y la vivifica. Por ello han de ser vistos como una oportunidad y no como una amenaza. Señorías, las sociedades avanzan porque se cuestiona el statu quo. De otra manera sobreviene la esclerosis, el estancamiento y la corrupción de las instituciones.

Así pues, la efervescencia social es saludable, indica vitalidad y nuestra responsabilidad es reflexionar, no sólo sobre las demandas en sí, sino sobre el hecho de que se produzcan de la manera en que lo hacen. Me parece lógico y comprensible que la ciudadanía, impotente ante lo que está ocurriendo, meta en el mismo saco a la totalidad de quienes se dedican a la actividad política y la vea como un problema más, añadido a los muchos que ya padecen. Mejor dicho, no como un problema más, sino como uno de sus principales problemas. Parece evidente que la política y las instituciones sólo podrán adquirir prestigio con transparencia, rigor, austeridad, humildad y ética, mucha ética. Al desencanto ciudadano no se puede responder con menos calidad democrática, sino con más. Si en los duros tiempos que corren quienes ostentan responsabilidades políticas no son los primeros en dar ejemplo, será muy difícil hacer creíble ninguna promesa de regeneración política.

Pero el fondo del problema está, no en la clase política en sentido amplio, por más que debamos asumir también nuestra parte de responsabilidad y actuar en consecuencia. No está ahí el meollo del problema, sino en una “casta política” que ha monopolizado el ejercicio del poder demasiado tiempo y en la que se confunden intereses de todo tipo, con puertas giratorias que conducen con naturalidad y desenfado de la actividad pública a la privada, y viceversa. La política deviene así en un poco edificante mercadeo.

Uno de los efectos de esta forma de actuar es la aparición de un potente sector privado que no sólo busca influir para generar entornos favorables, sino que vive y medra al amparo del presupuesto público y exprimiendo al máximo sus posibilidades. Un sector que se escuda en el mercado pero abomina de él desde el momento en que se incrusta en posiciones de privilegio otorgadas por el sector público y a su cobijo. Un sector poco proclive a ser descabalgado de esas posiciones y dispuesto a utilizar todos los instrumentos a su alcance. Y de ahí a la corrupción descarnada, a meter la mano en el cajón o aceptar contraprestaciones a decisiones políticas, hay una tenue línea, un pequeño paso.

¿POR QUÉ LA MOCIÓN DE CENSURA?

¿Por qué recurrimos a la moción de censura? Hay varios argumentos que, a mi juicio, avalan este proceder. El primero, por supuesto, la situación de emergencia política, social y económica que vive Navarra, con un hartazgo considerable en nuestra sociedad. Se le puede dar el valor que se quiera. Habrá quien no le dé ninguno. Pero se detecta un clamor exigiendo una respuesta a la situación y que la ciudadanía pueda pronunciarse ante un escenario radicalmente distinto al de hace dos años y ante una situación excepcional.

Ya he argumentado, además, que es la única herramienta propiamente parlamentaria, la única cuya iniciativa depende del propio Parlamento. Es, por tanto, un derecho para el adecuado control del Gobierno y, como tal, inobjetable, una vez que se satisfacen los requisitos formales. Y es, insisto, un mecanismo esencial en el sistema parlamentario.

Se pueden hacer juicios de oportunidad que, lógicamente, no tienen por qué ser coincidentes. Cabe esperar que al Gobierno nunca le parezca oportuna. Nosotros, en cambio, entendemos que es oportuna. Desde luego, no es oportunista. Y no es oportunista porque está sólidamente anclada en principios y valores.

La moción de censura es, señorías, un mecanismo para, literalmente, exigir responsabilidad al Gobierno. Y eso es precisamente lo que proponemos a la Cámara.

Pero la moción de censura va más allá de la mera posibilidad. Es una obligación en situaciones extremas en que el interés general queda lastimado por la propia actuación gubernamental.

Es, finalmente, una herramienta para trasladar a la opinión pública, a la ciudadanía, el debate de fondo, para proyectar desde el Parlamento los entresijos del debate, desnudado de formalismos y normas de procedimiento que, siendo esenciales, contribuyen muchas veces a oscurecer la percepción ciudadana de la actividad política e institucional.

Este motivo es aún mas relevante cuando la actividad política y la denominada “clase política” (aunque no exista como tal clase) se enfrenta a un desprestigio comprensible, por más que sea en parte alentado desde la derecha o desde ámbitos que, paradójicamente, han contribuido poderosamente a ese desprestigio con prácticas poco éticas, corruptas y depredadoras.

DIAGNÓSTICO SOCIAL


Navarra vive hoy una situación de emergencia social que deriva de una crisis económica que es innegable, pero, sobre todo, de la gestión que se ha hecho de la misma.

Una gestión amparada en unos postulados, en unos principios, que se han demostrado ineficaces y que no son más que la envoltura de una ofensiva en toda regla contra el sector público y las políticas sociales. Un ajuste de cuentas contra el denominado Estado del bienestar, con el agravante de que en nuestro caso nunca llegó a ser tal, tan sólo se aproximó.

Señorías, hay que corregir esa política. Y no sólo por principios. También por razones de eficacia económica. Por principios, porque la igualdad de oportunidades y la solidaridad social deben ser pilares esenciales de la sociedad. Y ello pasa por mecanismos compensadores para las personas en situación de pobreza o exclusión social. Mecanismos basados en derechos y no en la voluntad asistencialista o benefactora del poder. Y también pasa por una educación y una sanidad públicas de calidad, así como de una adecuada atención a la dependencia. Estamos tratando con personas, no con guarismos, no con cifras. Sin esos elementos, cualquier modelo económico no sólo no impedirá, sino que contribuirá activamente a la generación y consolidación de desigualdades y privilegios sociales.

¿Qué se ha hecho en los últimos años en estos campos? Se ha reducido el gasto educativo, especialmente en la red pública. Se ha reducido la intensidad del gasto sanitario. Se dejan sin atender miles de personas sin recursos. En suma, se recortan partidas de gasto social precisamente cuando más falta hacen. Cada vez que el Gobierno habla de “racionalización”, “eficacia”, “eficiencia”, personas y grupos sociales quedan a la intemperie del desastre provocado por unas políticas aberrantes.

El dramatismo de la situación se ve en los niveles de pobreza y exclusión social, que no sólo son escandalosos, es que son inéditos en Navarra. Habría que remontarse muy atrás en el tiempo para encontrar algo así. Quizá a aquella época en que los navarros tenían que emigrar porque esta tierra no les daba oportunidades. ¿La historia se repite? ¿Queremos que se repita?

Leíamos hace unos días, señorías, que un tercio de personas menores de 16 años están en riesgo de pobreza. ¡Un tercio!

Lo más vergonzoso es que el retroceso social es mayor que el que cabría esperar a la vista de la evolución del PIB. ¿Saben qué significa eso? Sencillamente, que el coste de la crisis lo están pagando los grupos sociales más débiles. No es demagogia, no es populismo, es la tozudez de los datos. Veamos uno: en 2012 la remuneración de asalariados cayó un 3% nominal, mientras los beneficios empresariales se incrementaron un 2,3%, una nueva vuelta de tuerca en ese proceso de redistribución regresiva de la renta y de aumento de las desigualdades.

E íntimamente relacionado con este panorama está el primer problema de la sociedad navarra, que como tal es percibido por la ciudadanía: el desempleo. Niveles de desempleo igualmente inéditos en su magnitud pero, sobre todo, en su impacto cualitativo, agudizado por cebarse, en muchos casos, en personas y familias altamente endeudadas a causa de una irresponsable política que hinchó la burbuja inmobiliaria y propició una brutal y regresiva redistribución de rentas.

Para colmo de males, la reforma laboral —apoyada, por cierto, por UPN— ha azuzado el desempleo y ha acabado con las posibilidades de la negociación colectiva, dando lugar a una drástica reestructuración de plantillas a favor de empleos precarios y peor pagados. El fin de la ultraactividad de los convenios puede, para colmo, reducir sustancialmente los ingresos de miles de trabajadores y trabajadoras en Navarra.

Y si el desempleo es escandaloso, su incidencia entre la juventud es dramática: supera el 50% en menores de 24 años, a pesar de la caída de la tasa de actividad. No hay sociedad que pueda soportar eso. La única salida que se les propone es la emigración. En principio, no hay nada que objetar a la emigración, cuando es resultado de una elección libre. Que nuestros jóvenes sean demandados fuera por la calidad de sus cualificaciones y la capacidad de esas cualificaciones para competir en un mundo globalizado es positivo y debe enorgullecernos.

Pero hay que tener cuidado con esto. Se habla mucho, por ejemplo, de la demanda de ingenieros en Alemania. Y habrá personas con titulación en ingeniería que encuentren en Alemania puestos de trabajo acordes con esa cualificación. El drama actual es, sin embargo, que muchas de estas personas salen de Navarra como ingenieros, pero no llegan a Alemania como tales. Por tanto, el derroche es social, para la sociedad navarra, pero también individual, para la persona que ve evaporarse, diluirse, sus cualificaciones. Ninguna sociedad puede permitirse el lujo de perder su juventud porque es incapaz de ofrecerle oportunidades.

Aparecen los denominados “trabajadores pobres”, personas que a pesar de contar con un empleo no pueden cubrir sus necesidades básicas. Otro fenómeno inédito en Navarra.

Inédito, inédito, inédito. Continuamente he empleado esa palabra, y no por casualidad. Inédito es lo desconocido hasta el momento, lo nuevo. La crisis ha traído problemas, qué duda cabe, pero las políticas de UPN los han convertido en auténticas desgracias para la sociedad navarra, hasta el punto de generar un panorama desolador que bate récords continuamente, siempre para mal.

Se nos compara con Comunidades Autónomas españolas, y es cierto que el paro es más bajo que en la mayoría. Como es más bajo que en muchos otros lugares. Eso por sí mismo no nos dice nada. Pero hasta 2007 Navarra estaba por debajo de la media de la Unión Europea y hoy ocupa el puesto 215 sobre 270. Y empeorando. El pozo parece no tener final. Por tanto, dejémonos de triunfalismos infundados.

Insisto en lo que ya he expuesto: las políticas de UPN, las políticas de la derecha, nos hunden cada vez más en el marasmo y debemos asistir al espectáculo de una sociedad empobrecida y exhausta. Una sociedad que ya no puede más. ¿Hasta cuándo podemos resistir el implacable aumento del desempleo? ¿Cuántas personas deberán sumirse en la pobreza para que reaccionemos? ¿A qué esperamos? ¿A que haya una explosión social? Nosotros no queremos llegar a eso, por el inmenso sufrimiento personal y social que implica. Y vemos como única salida para romper con este estado de cosas el cambio de Gobierno. Es un imperativo, porque sólo así se podrá atisbar una salida a la crisis. El cambio de Gobierno como solución a la crisis, puesto que el actual Gobierno es la crisis.

No quiero aburrirles —más aún— con datos, pero la reducción prevista del gasto público para 2013 puede ser responsable por sí sola de una caída del PIB de entre un 1,5 y un 2,9%, de acuerdo con las estimaciones del nada sospechoso FMI.

En 2012 el PIB cayó un 1,8%, siendo la contribución de las Administraciones Públicas de -0,7 puntos porcentuales. Y es que la austeridad, lejos de arreglar nada, es devastadora para la sociedad y para el tejido productivo. Pero el Gobierno de Navarra se empecina en sacrificarlo todo en el altar del sacrosanto objetivo de déficit. Un objetivo impuesto que se asume con entusiasmo, en una muestra más de dejación de responsabilidad y de negligencia en la defensa de la capacidad de autogobierno de Navarra. Pero ya sabemos, lo hemos oído estos días, que la foralidad es una “cláusula de estilo”.

No es verdad, ni lo será por mucho que lo repitan, que la crisis haya tenido su origen en la alegría fiscal, en el endeudamiento público. Y mucho menos que esa alegría fiscal se deba a que el sistema de prestaciones sociales sea insostenible. Si fuera así, todos los países estarían en idéntica situación. Y no es cierto.

Y quiero dejar bien claro que con esto no apoyo ningún tipo de derroche. La actuación del sector público debe estar presidida por el rigor y la austeridad. Pero austeridad bien entendida, no el sistemático recorte de derechos y prestaciones sociales. Cada euro procedente de los contribuyentes debe ser manejado con rigor y debe servir para devolverlo acrecentado a la sociedad.

Lo que ocurre, insisto, es que con abundante cinismo y considerable carga ideológica están haciendo recaer el coste de la crisis en las personas y grupos más débiles, mientras han dejado Navarra sembrada de obras e iniciativas ruinosas, donde sí se ha tirado y parece que pretenden seguir tirando el dinero:
  • El Circuito de Velocidad sólo es rentable a costa de incrementar las aportaciones públicas, porque a mayor nivel de los eventos organizados, mayor desfase económico. Curioso, ¿no?
  • Senda Viva genera un enorme déficit, asumido, además, por el accionista público, sin que se haya hecho un estudio serio y riguroso de su impacto socioeconómico. 
  • La organización de la etapa de la Vuelta a España fue ruinosa, diga lo que diga Unipublic (¡y qué va a decir!). 
  • La política comercial de Audenasa tiene presupuestados para 2013 casi 12 millones de euros, sin que esté claro quiénes son sus beneficiarios (no lo son mayoritariamente quienes viven a lo largo de su recorrido). Y para mayor escarnio, el contrato no contempla la posibilidad de su rescisión. A eso llaman atender el interés público. 
  • Unos cánones (peaje en la sombra) mal diseñados y calculados van a pesar fuertemente durante muchos años en los presupuestos públicos. 
  • La depreciación de las acciones de Iberdrola son la causa de la mayor parte de las pérdidas de la Corporación Pública Empresarial. Y, sin embargo, la única vía que se contempla para resolver esas pérdidas es despedir, reducir personal. 
  • A la espera, además, de que empiece a drenar recursos públicos el Reyno Arena (más allá del coste directo de su construcción). Y eso que finalmente no han podido perpetrar todo lo que pretendían y la Ciudad de la Seguridad o el Centro Temático del Encierro y los Sanfermines duermen el sueño de los justos en algún remoto cajón.
¿Qué es lo que lastra el presupuesto? ¿El gasto social o sus desmanes?

Ni siquiera se creen sus propios planes. Tienen un plan para cada ocasión, pero no se los creen.

DIAGNÓSTICO POLÍTICO

Pasemos a lo político. En una situación de extrema gravedad como la descrita, el Gobierno persevera en la aplicación errática de sus principios ideológicos y económicos.

Pero se trata de un Gobierno en minoría tras la ruptura de la coalición con cuyos votos salió investida la Sra. Barcina. Y no sólo eso. Ha mostrado una notable incapacidad para llegar a acuerdos. O quizá habría que decir una notable capacidad para no llegar a acuerdos. Y eso que en el Pleno de investidura la Sra. Barcina dijo que ella no quería “ser Presidenta de cualquier forma”, que no quería ser “Presidenta de una Comunidad que está siendo desgobernada durante cuatro años”. Cosas veredes…

El ejemplo más palmario es la falta de presupuestos. Pero no sólo porque este Parlamento rechazara las cuentas de 2013. Navarra dejó de tener presupuestos en junio de 2012, cuando un bloqueo masivo de partidas nos dejó al albur de lo que en cada momento pudiera decidirse y a expensas del cierre presupuestario a 31 de diciembre.

Estos días se habla del marasmo provocado por el Gobierno portugués al bloquear de hecho el presupuesto, como reacción a la sentencia que invalida los recortes salariales a funcionarios. Se presenta la situación como una catástrofe. Pues bien, en Navarra llevamos así un año.

Es que ya se están incumpliendo los presupuestos prorrogados para 2013, porque nos llegan noticias de la no ejecución de partidas previstas en ellos.

¿Puede Navarra permitirse el lujo de funcionar sin presupuestos en una situación tan grave? Pensamos que no y ya es hora de enmendar este despropósito.

Y a todo ello se añaden las imputaciones de personas relevantes en anteriores gobiernos de UPN y que puede afectar a la misma Presidenta Barcina. Navarra no se merece esto. No se merece que todos salvo uno de los presidentes que ha tenido el Gobierno en su actual configuración hayan estado o estén judicialmente en entredicho y las noticias que recibimos al respecto son cada vez más preocupantes.

¿QUÉ PRETENDEMOS?


Creo, tras este repaso a la situación navarra y la evolución reciente, que hay razones más que sobradas para una moción de censura.

Pretendemos formar un Gobierno plural, de amplia base política. Comprenderán que, no pudiéndose asegurar a priori el éxito de esta moción, no concrete más este punto, porque es una cuestión completamente abierta y estoy dispuesto a negociar, de prosperar la moción de censura, cualquier cuestión relacionada con su composición: desde la representación de todos aquellos grupos que la apoyen a la formación de un Gobierno de personas independientes de la confianza de dichos grupos.

En cualquier caso, la actuación de este Gobierno estará limitada por un horizonte político que condiciona claramente su horizonte temporal: la convocatoria de elecciones.

Este horizonte temporal no significa que carezca de un proyecto. Creo que todos lo tenemos. Y ello merece alguna reflexión.

Siendo realistas, señorías, sólo a partir del consenso y la búsqueda de espacios comunes es posible, hoy por hoy, el cambio en Navarra. Creo que no es difícil y tal vez este debate sea, yo así lo espero, una buena ocasión para ponerlo de manifiesto. Entiendo que es en el terreno electoral donde se deben plantear las cuestiones de fondo. Pero también nos encontramos frente a un modelo fracasado en lo político, lo social y lo económico y hora es ya de ponerse a trabajar para cambiarlo. Dejar las cosas como están es irresponsable porque la inercia no puede conducir sino a mayores deterioros.

Un buen punto de partida —que compartimos quienes hemos firmado la moción y, seguramente, otros grupos de esta Cámara— es el derecho a decidir de navarros y navarras. Ni más, pero también ni menos. Ese derecho a decidir que la derecha navarra se empeña en negar porque es justamente esa negación la que le proporciona el engrudo que la mantiene unida y es su misma razón de ser.

Planteamos un modelo político integrador, frente al modelo excluyente vigente hasta ahora, que establece ciudadanos de primera y segunda clase. Un modelo que arrastra un déficit de legitimidad desde el momento en que su base jurídica, el Amejoramiento, no fue —deliberadamente— sometido al refrendo ciudadano. Un modelo que sistemáticamente persigue y arrincona cuanto en Navarra huela a vasco y, singularmente, el euskera. El modelo político vigente en Navarra tiene el triste baldón de perseguir con saña nada menos que una lengua, distintivo humano por excelencia y patrimonio, por ello, de la Humanidad entera.

Otro punto de encuentro es, pienso, el ejercicio pleno de la capacidad de autogobierno y, por supuesto, su ampliación. Y aquí debo detenerme. UPN se empeña en afirmar que queremos que Navarra desaparezca. Obras son amores, y UPN está haciendo todo lo posible por que Navarra desaparezca:
  • Lo hace plegándose una y otra vez al diktat de Madrid en plena oleada recentralizadora, entre otras, por la vía de declarar básica cualquier legislación. Entre contrafueros y desafueros el BOE nos tiene en un sinvivir. 
  • ¿Por qué en Navarra no podemos tener más profesores en nuestros centros públicos? ¿Porque se reduce su dedicación media a las clases?
  • ¿No podemos contratar más cirujanos porque el Estado ha decidido que las plantillas se congelen? 
  • El Gobierno del Partido Popular está elaborando una ley de Educación que va a acabar con un instrumento esencial, básico, para la reducción de desigualdades y la igualdad de oportunidades, en favor de unas élites a las que el conjunto de la sociedad subvencionará su estatus social. ¿Y Navarra no va a hacer nada? Y si no hace nada, ¿será porque no puede o porque no quiere? ¿o porque no quiere pero se escuda en que no puede? 
  • ¿No podemos tener un sistema educativo y sanitario públicos de calidad? ¿Ni siquiera aunque haya consenso social para que así sea? ¿Cuál es la razón? ¿Que el triunfante centralismo estatal ha decidido igualar por abajo? ¿Tenemos que aceptarlo?
¿Tenemos o no tenemos capacidad para decidir? A la vista de lo que hace UPN, diríase que no. Si es lo que realmente piensan, díganlo y déjense de mistificaciones folcloristas. Y si tenemos esa capacidad, ejerzámosla hasta sus últimas consecuencias. Es lo que proponemos y pretendemos: ejercerla.

Con la judicialización del asunto de las dietas de Caja Navarra hemos sabido de una “delegación” de algo tan sustancial como la capacidad inspectora del Gobierno de Navarra en el Banco de España. Delegación sui géneris, tanto en la forma como en su significación jurídica. ¿Cómo puede Navarra, en el marco jurídico vigente, delegar competencias en un órgano como el Banco de España? ¿No es una aberración jurídica? En cualquier caso, muestra claramente cómo ejerce el Gobierno de UPN el autogobierno de Navarra, cómo lo socava aunque a eso lo llame “amejoramiento”. Otra vez la foralidad como “cláusula de estilo”.

En lo social, propugnamos la sostenibilidad del sistema de prestaciones sociales a partir de la definición de derechos. Sostenibilidad no significa fijar un guarismo presupuestario y a partir de ahí diseñar el sistema de prestaciones sociales, sino justamente lo contrario: diseñar un sistema a partir de la definición de derechos y establecer los mecanismos para mantenerlo. Y en eso el sistema fiscal y la equidad tienen un papel fundamental.

Por supuesto, una sociedad solidaria y una economía robusta requieren servicios públicos (educación, sanidad, dependencia) de calidad. Está por ver el coste a futuro que van a tener los recortes ya realizados en estos ámbitos. Es urgente revertirlos.

En cuanto al ámbito económico, proponemos como punto de partida un modelo basado en:
  • Iniciativa empresarial. Es decir, generación de actividad y de empleo. Concebimos la iniciativa empresarial como una actividad fundamentalmente social que no tiene nada que ver con la especulación o la generación de beneficios por la explotación del trabajo o el aprovechamiento de nichos de beneficios generados artificialmente por el sector público. 
  • Equidad fiscal. En todos los sentidos. Y esto no puede reducirse, como interesadamente se hace, a la fórmula manipuladora de que lo que queremos es que haya más impuestos. No puede ser que, siendo las rentas del trabajo menos de la mitad de la renta total, aporten el 90% de la recaudación del IRPF. Las rentas del trabajo están suficientemente gravadas. Más aún, con un reparto más equitativo de la carga fiscal sería posible, incluso, reducir la que soportan los salarios. Y si no, hagan cuentas. El sistema fiscal debe ser redistribuidor en un sentido progresivo y no regresivo a favor de quienes más tienen y de las rentas del capital. Así no se construye una sociedad avanzada. 
  • Reversión de la sistemática deslocalización de capacidad de decisión —de decisión, insisto— que se viene produciendo desde hace años, y que tiene mucho que ver con la ausencia de una política industrial digna de tal nombre, que amenaza con convertir Navarra en un mero taller de montaje. Esto pasa por el impulso decidido de formas societarias de economía social. 
  • Reindustrialización selectiva basada en la innovación tecnológica y no en la devaluación interna y la precariedad laboral. 
  • Sostenibilidad ambiental. El desarrollo a costa del entorno no es desarrollo, es depredación y es insostenible. La sostenibilidad no puede ser un añadido que decae ante argumentos economicistas.
Creo que es una buena base para dialogar y buscar espacios comunes. Ello permitirá, estoy seguro, una sociedad más justa y avanzada, tal como entendemos este concepto. La respuesta fácil es decir que es un planteamiento idílico poco creíble. Lo niego. Es posible. Pero hay que ponerse manos a la obra. Y no sólo es posible. Es la única alternativa.

A la vista está a qué nos ha conducido una economía especulativa basada en la generación de beneficios fáciles o en burbujas. Al derroche, a la precariedad, al desempleo y, en suma, al desastre. ¿Se cree alguien que por el camino al que vamos nuestros jóvenes, esa generación bien formada y en la que hemos invertido tantos recursos, tiene algún futuro? Siquiera seamos por lo menos egoístas. Aseguremos un futuro a nuestra juventud, porque así aseguramos también nuestro futuro.

Porque no es una mera enumeración de principios generales. Es un imperativo económico. Se habla mucho de eficiencia. Pues bien, el modelo económico que pretendemos es eficiente, o al menos tiende a la eficiencia. Y es así porque favorece el uso eficiente de los recursos económicos y sociales.

Por el contrario, el modelo vigente, ese modelo propugnado por las políticas de UPN, ese modelo neoliberal en lo económico y neoconservador en su sustrato ideológico, es profundamente ineficiente, puesto que favorece un inmenso derroche de recursos, no sólo económicos sino sociales. De no cambiar las cosas puede hacerse cierto aquel horizonte social y económico que parecía apuntar en los peores momentos del siglo XIX y que sólo pudo evitarse por luchas sociales que costaron mucha sangre, sudor y lágrimas. No podemos desandar ese camino. Es falso que no haya alternativa.

Hay que dejar de poner el carro delante de los bueyes. De poner el economicismo a ultranza, la financiarización desbocada y sin reglas, el mercado con su miopía, por delante de las personas o del entorno. No podemos aspirar, sin más, a recuperar el viejo modelo de “crecimiento” porque ha fracasado estrepitosamente: es derrochador, injusto en lo social, insostenible ambientalmente y depredador. Las consideraciones sociales, ambientales o de género deben estar por delante, ser una precondición en la definición de políticas, y no un maquillaje a posteriori.

El inmenso derroche y el coste de eficiencia del modelo actual empiezan en las casi 60.000 personas desempleadas, o en las pavorosas cifras del paro juvenil.

La convocatoria de elecciones que propongo se fundamenta en el diagnóstico que he realizado. La situación es inédita en sus elementos más negativos, las condiciones en que se desenvuelve el Gobierno y su Presidenta no tienen nada que ver con las existentes al inicio de la legislatura y que permitieron su investidura por mayoría absoluta.

Por no hablar de la brecha entre lo que entonces se dijo y lo realmente hecho. Pondré dos ejemplos: la Presidenta dijo que ésta sería una “legislatura educativa”, la legislatura de la educación. No hay más que ver: el gasto educativo fue en 2012 un 17% inferior al de 2010, un 13% inferior al de 2011. Y la mayor parte de ese mordisco se lo ha llevado la enseñanza pública. Segundo ejemplo, lo que iba a ser el “buque insignia de la política turística en Navarra” es hoy —afortunadamente, todo hay que decirlo— un erial rodeado de vallas de hojalata. Pero es sintomático de la situación a que nos han llevado, a que han llevado a Navarra, que es al desguace. ¿Quieren un buque insignia? En Arrosadia tienen uno: están poniendo un notable empeño en desguazarlo. ¿Quieren otro? Caja Navarra: ésa ya definitivamente desguazada.

Procede, pues, que la ciudadanía se exprese, se pronuncie en unas elecciones. Obsérvese que pretendemos anticipar las elecciones, pero no anticipamos el resultado. Éste corresponde a la suma de voluntades de ciudadanos y ciudadanas y a la capacidad de las distintas formaciones políticas para concitar esas voluntades. Creo que esta intención declarada es argumento suficiente para desmentir el supuesto oportunismo de la iniciativa. Sólo las elecciones permitirán el saneamiento profundo y la regeneración que la política navarra requiere.

Pero, evidentemente, es absurdo pretender que ésta sea la única acción del gobierno. Por razones prácticas, puesto que son necesarios una serie de actos administrativos previos, que comienzan con la constitución de un Gobierno de cuya deliberación proceda la convocatoria.

Igualmente, considero que es necesario adoptar una serie de medidas urgentes que palíen la deriva actual y el inmovilismo del Gobierno.

PROGRAMA


En primer lugar, es necesario establecer el estado real de las cuentas de Navarra y de las partidas presupuestarias ante la situación de bloqueo de hecho del Presupuesto y la incertidumbre sobre su contenido. No es una cuestión baladí, porque día a día se reciben noticias de partidas presupuestarias que no se van a ejecutar y que afectan a distintos ámbitos y colectivos, algunos tan sensibles como los que desempeñan labores insustituibles en la atención a grupos sociales con problemas específicos.

En el ámbito sanitario, es imprescindible asegurar la posibilidad de realizar la interrupción voluntaria del embarazo en la red pública, de acuerdo con el sentido común, los derechos de las mujeres afectadas y las propias recomendaciones de la Cámara de Comptos.

El desastre en que se ha convertido la comida del CHN obliga a revisar las condiciones de la externalización y afrontar su rescisión. El problema va más allá de la apariencia o el tamaño de las raciones, puesto que la comida es parte fundamental del tratamiento para muchas personas enfermas y no se puede, por tanto, tratar con la ligereza de unas estimaciones económicas que, además, estaban mal hechas y cambian continuamente. Tampoco es admisible, por supuesto, la tendencia a trasladar al sector privado cualquier beneficio contable que se pueda generar en la prestación de servicios públicos esenciales, siempre a costa del deterioro de su calidad.

Revisión de las ayudas a asociaciones de atención a colectivos con problemas específicos de salud no atendidos por el sistema público.

Me propongo revisar la renta básica con el fin de corregir los efectos más negativos de la actual renta de inclusión social y llegar a todas las familias sin medios de subsistencia. Impulsaremos la aprobación de la proposición de ley sobre una Carta de Derechos Sociales ya admitida a trámite y que cuenta con un amplio respaldo social.

Actuaciones de emergencia sobre el parque de viviendas vacías, con el fin de crear un banco de vivienda en alquiler para situaciones acuciantes o graves, generadas por desahucios (sean por ejecuciones hipotecarias o por impago de alquiler).

Dotación de un fondo para fomentar de forma inmediata la actividad de rehabilitación de edificios y viviendas, a título individual o colectivo.

Desbloqueo del Fondo de Haciendas Locales.

En Educación, proponemos el mantenimiento del Centro de Donapea en su ubicación actual, dado que hay otras necesidades más urgentes en centros escolares.

Paralización de la implantación de programas lingüísticos no evaluados ni consensuados con profesorado y familias.

Ayudas para que las familias que así lo decidan puedan optar libremente por el modelo D en centros públicos, sin que eso suponga el castigo económico que actualmente arrostran y condiciona sustancialmente esa libertad.

Suspensión de la aplicación de las medidas impuestas por el Real-Decreto Ley 14/2012 sobre ratios y horarios del profesorado, al amparo de las competencias educativas de Navarra.

Revisión del concurso de adjudicación de licencias de radio y cumplimiento de las recomendaciones del Consejo Europeo en materia de euskera.

Desbloqueo de las ayudas de la PAC para la agricultura ecológica.

Por supuesto, me propongo suspender desde el primer momento el complemento salarial “por responsabilidad” asignado a los miembros del Gobierno y que supuso, de hecho, una cuantiosa e inmoral subida de las retribuciones, improcedente en la situación actual.

CONCLUSIÓN


Son medidas, insisto, transitorias, porque, como ya he dicho, es necesaria una reforma en profundidad del modelo político y económico. No se equivoquen, los recortes, la laminación del Estado del bienestar, el deterioro de los servicios públicos educativos, sanitarios y de dependencia, la privatización de cuanto pueda proporcionar beneficios privados, la precarización laboral y el ajuste permanente a costa de los salarios, el empobrecimiento de amplias capas de población, el deterioro de la calidad de la democracia y su sometimiento a los poderes financieros, han venido para quedarse. No son coyunturales, son estructurales, forman parte de un esquema ideológico y de un ajuste de cuentas histórico de enormes proporciones. La mejora de la coyuntura económica no va a revertir la situación, sólo la suavizaría. Y habrá nuevas burbujas y nuevas crisis que acentuarán el retroceso. Como muestra, un botón: no hay más que ver cómo van tomando posiciones en sanidad y educación grandes operadores, ahora que el mercado financiero no ofrece rendimientos elevados.

Pero esas reformas deben ser encaradas con consensos y horizontes temporales amplios. Y les animo a empezar a entretejerlos desde ahora mismo. Todo lo que adelantemos será tiempo ganado para la sociedad.

Jaun-andreok, hauxe da egoera. Uste dut arrazoiak soberan daudela hamahiru pertsonek eztabaidatzen ari garen zentsura mozio hau sina genezan; orain babesa eskatzen dizuet guztioi aurrera atera ahal dadin. Gure helburua argi eta garbi dago eta hauxe da, larrialdi egoera bati alde guztietatik aurre egitea eta Nafarroako gizartearen biziraupena bermatzea. Ez digute ezertarako balioko bestelako eztabaidak edo ekimenak gizartea urratzen, berekoitzen eta desberdintzen zaigun bitartean. Gainera datorkigun etorkizun beltz hori aldatu egin behar dugu. Gutako bakoitzaren eta guztion ardura da gaurkoa; denon artean partekatzen dugun ardura. Ezin diogu Nafarroako gizarteari hutsik egin. Oraintxe da garaia, hasieran aipatu bezala, aldaketarako behar diren adostasunak lotu eta ehundu egin ditzagun. Hortxe aurkituko gaituzue beti, baina uste dut oraingo hau hasteko aukera ederra litzatekeela. Edozein izaten delarik ere, bozketaren emaitza, bihar hortxe jarraituko dute arazoek. Baina bozketa galtzen baldin bada, bihar den-dena atzo bezalaxekoa izanen da.

Hormetaz mintzatzen hasi naiz Quevedo-rekin; beste horma poetiko batzuk aipatuz bukatu nahi dut, Arestiren poema ahaztezinaren etxeko hormak hain zuzen ere.

Nire aitaren etxea
defendituko dut.
Otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra
justiziaren kontra
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea”.

Etxe amankomuna zaigun Nafarroa defendatzeko ordua da. Guregatik defendatu behar dugu, egia da, baina batez ere, gure seme-alabengatik eta ondorekoengatik. Bazterketarik gabe. Hizkuntza, politika edo kultur apartheid-erik gabe. Baina bataere, ez dezagun ahaz, apartheid sozialik gabe. Pertsona guztiak duintasunez eta justiziaz elkartzeko gai den Nafarroaren alde. Horretarako behar da aldaketa eta aldaketa horren atarian gaude. Jaun-andreok, zinez eskatzen dizuet esku har dezazuela. Gonbitea luzatzen dizuet aldaketa horren eraikuntzan lagun eta protagonista izan zaitezten.

Milesker.

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