viernes, 23 de octubre de 2009

Educación, ¿para qué? ¡Que piensen otros!

Uno de los tópicos más socorridos por políticos, planificadores y analistas es el de la importancia de la educación y la investigación. No hay plan, propuesta, acuerdo o negocio político que se precie que no contenga el consabido panegírico de tales categorías. Otra cosa es la práctica. Diríase que hemos llegado a un punto en que lo que cuenta es generar un titular o un discurso de veinte segundos, sin que importe lo que venga detrás, su contenido real y su efectiva plasmación práctica. Quizá es que hemos pasado ya de la democracia de audiencias a una democracia (o lo que sea) de titulares o de propósitos, en la que sólo importa su mera enunciación.


Con la crisis económica las apelaciones a la importancia de la educación y la innovación se intensifican, y con fundamento. Está claro que la crisis tiene causas estructurales cuya superación cuenta ahí con dos de sus pilares básicos. Así, en uno de esos golpes de efecto que constituyen la seña de identidad de su gobernar sincopado, el voluble e ineficaz Zapatero anunció una ley de economía sostenible que iba a ser, cómo no, la base para un cambio de modelo económico. Como si eso fuera tan fácil y dependiera únicamente de una volición normativa. Y reconociendo, de hecho, que de poco han servido sus años de gobierno para avanzar en esa dirección, cuando pretende hacerlo tarde y mal. Pero al descender al prosaico y árido nivel de los hechos, de los números, el panorama es otro. Así, se pretende nada menos que reformar el sistema universitario por completo, sin poner un euro; y se reduce drásticamente el presupuesto dedicado a I+D (sin olvidar que una parte de su contenido consiste en gasto militar cuyos beneficios, para colmo, se cosechan, en algunos casos, allende las fronteras).

En Navarra ocurre otro tanto, agravado por ese empecinamiento, ya idiosincrásico, contra cualquier forma de ilustración que parece caracterizar la gestión de la cosa pública foral, al que se une, en el actual contexto de crisis, la desidia, el desconcierto y la negligencia, quizá por efecto de una cada vez menos disimulable estulticia. Así, en 2009 la partida de educación se congeló (aunque con tratamiento diverso para la enseñanza pública y la concertada). Dentro de ella, la de la Universidad Pública se redujo un 15%. Mientras tanto, el presupuesto de obras públicas se incrementó en torno a un 20% (el de cultura menguó en un 20%, aunque teniendo en cuenta cómo lo administra su titular —saqueos arqueológicos y viajes en helicóptero— igual hasta es una medida de buen gobierno).

No es propio de una sociedad avanzada, en época de retroceso económico, fiarlo todo a la obra pública. Más bien suena a reyno bananero o a improvisación cortijera. Y, además, sin explicaciones convincentes. Por ejemplo, estaría bien conocer la razón última del enorme dispendio del Reyno de Navarra Arena (con perdón). Porque es una obra innecesaria y de dudosa rentabilidad social. ¿Qué parte del gasto a realizar se queda o revierte en Navarra? ¿Y de qué manera? ¿Alguien se ha puesto a calcular cuántos años podría funcionar una Facultad pública de Medicina con el coste de esa obra? (es lo que la teoría económica denomina coste de oportunidad).

Para 2010 se anuncia una nueva vuelta de tuerca. El lehendakari Sanz ya dio un aviso en la apertura de curso de la UPNA: del Gobierno no hay que esperar nada. Si la Universidad necesita dinero, que lo busque en otro sitio. Tanta rotundidad no debe sorprender en alguien que considera que la UPNA no es su Universidad. Pero es la de la sociedad navarra, aunque le pese a Sanz. Esa exigencia revela, además, su ignorancia. Porque el contexto jurídico en que se desenvuelve la actividad universitaria limita las posibilidades de acceso a la financiación externa y, con todo, la UPNA ocupa puestos destacados en lo que a captación de fondos se refiere (la ignorancia o el desconocimiento que el Gobierno de Navarra tiene de la Universidad se ha visto en las discusiones acerca del presupuesto y la pretensión gubernamental de que la Universidad se apropiara de los fondos de proyectos de investigación, que son de propiedad y uso exclusivo de los equipos de investigación, por más que se depositen en cuentas de la UPNA).

El Gobierno de Navarra ha anunciado su intención de mantener para el próximo año la misma asignación presupuestaria a la UPNA que en 2009. Lo que puede parecer una congelación es, en realidad, un nuevo golpe a la institución, puesto que supone de hecho una reducción de ocho millones de euros de remanentes utilizados en 2009 y que ya no están disponibles. Por tanto, el presupuesto se reduciría de hecho en torno a un 16%. Todo ello después de haber soportado estos años atrás recortes severos y haberse enfrentado a la imposición de una operación como la ampliación a Tudela, sin que su coste haya tenido el reflejo correspondiente en la aportación gubernamental. No deja de ser paradójico que mientras el alcalde de Tudela reclama nuevas titulaciones para el campus de esa ciudad, la UPNA quizá se vea pronto en el brete de cerrarlo a causa de la asfixia económica a que la ha llevado el partido del señor Casado. ¿Y si la Universidad, pongamos por caso, se viera obligada a cerrar sus instalaciones durante las vacaciones de Navidad para ahorrar calefacción? ¿A nadie se le caería la cara de vergüenza? ¿Cuándo se va a enterar más de uno de que una universidad es algo más que un colegio con mucho césped?

Decía un famoso profesor de la Universidad de Stanford que «una industria fuerte e independiente debe desarrollar sus propios recursos intelectuales en ciencia y tecnología. La actividad industrial que depende de capacidades importadas e ideas de segunda mano no puede esperar ser más que un vasallo que paga tributo a sus señores y está condenada permanentemente a una posición competitiva inferior». No hace mucho, Paul Krugman argumentaba que la posición de los Estados Unidos en el mundo ha tenido mucho que ver con la educación pública, mientras achacaba parte de los males que ahora aquejan al país a la restricción del gasto público, y singularmente el educativo, que se ha impuesto en los últimos treinta años. Según Krugman,«la educación hizo grande a Estados Unidos». Para el Gobierno de UPSN, parece ser que el retroceso educativo, científico y tecnológico de Navarra esconde, a juzgar por el empeño con que lo procuran, algún tipo de grandeza. Igual esperan que a ellos les vaya mejor. Pero ¿se merece la sociedad navarra —la de hoy y, lo que quizá sea más importante, la del futuro— que se maltrate a su Universidad de esta manera?

3 comentarios:

  1. ya veremos lo que finalmente aprueban Gin Tonic Jimenez y Cia.

    se pegaran el moco con la universidad publica? o tirara pa la casa de escriba " la Esporrin "

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  2. Claro pero preocupante. Gracias, juan carlos.

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  3. ¿De modo que la UPNA esta siendo ninguneada de esa manera? Pues mire, no lo sabía. Quizá sea esa la estrategia para ser capital europea de la cultura.

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