sábado, 28 de enero de 2017

Las ocurrencias de Trump

Gráfico 1
Trump parece haber entrado en la presidencia como elefante en cacharrería. Su histrionismo y sus poses al firmar esas órdenes ejecutivas que tanto placer parecen producirle recuerdan a las de Mussolini en el balcón del palazzo Venezia. Fiel a su pretensión (o quizá atrapado en la falta de lógica de una promesa absurda) de construir un muro en la frontera con México y que lo pague este país, lanza la propuesta de imponer una tasa del 20% a las importaciones procedentes de México. Utilizar este camino para allegar recursos con los que financiar el muro carece de toda lógica. Pero se llega al estrambote cuando, además, se argumenta de que es la forma de que México lo pague.

Sin entrar en otras consideraciones prácticas, que revelan una notable ignorancia en el equipo de Trump, ni de legalidad internacional, fijémonos por un momento en el funcionamiento de un arancel y sus efectos. La exposición que sigue se explica a cualquier estudiante de introducción a la economía (incluso en grados no estrictamente económicos). Es un modelo enormemente simplificado pero ilustrativo.

El gráfico 1 representa la oferta y la demanda interior de un bien. En ausencia de comercio internacional, el precio sería Pn, en cuyo caso la producción sería de Q0. A su vez, Pi es el precio internacional del bien y el que regiría en el interior del país si el comercio del bien fuera completamente libre, con una producción interior de Q1, un consumo total de Q2 y, por tanto, unas importaciones equivalentes a la distancia Q1Q2.
Gráfico 2

Supongamos que, partiendo de una situación de libre comercio (precio Pi), se establece un arancel a por unidad importada, que eleva el precio, una vez que el bien cruza la frontera, a P* (gráfico 2). La subida del precio lleva a que se reduzca el consumo total (de Q2 a Q2'), a que la producción interior atienda una mayor parte de la demanda (de Q1 a Q1')y a que las importaciones se reduzcan (de lm a jk). La existencia del arancel genera ingresos públicos, reflejados por el rectángulo verde del gráfico (número de unidades importadas, Q1'Q2', multiplicadas por el arancel unitario, a). Es ese rectángulo verde el que serviría a Trump para financiar el muro.

Ahora bien, se plantean dos consideraciones:
  • La primera, que la cosa no es tan sencilla como, tal como hace la administración Trump, aplicar el arancel a la totalidad de las importaciones actuales (es decir, sin arancel), porque esas importaciones previsiblemente se reducirán. Por tanto, haría falta más tiempo, quizá mucho más, para obtener los ingresos deseados.
  • La segunda, y más importante, es que el arancel se traduce en un aumento de los precios interiores. Los exportadores mexicanos (en muchos casos, no se olvide, empresas estadounidenses) seguirán percibiendo lo mismo por sus productos. Por tanto, el arancel lo paga el país que lo impone. No será México, sino fundamentalmente Estados Unidos, quien pague el muro y, además, de una de las formas más extrañas y absurdas que pudieran diseñarse.
Este es un modelo muy sencillo. No es probable que el arancel se traslade en su totalidad al precio interior, porque previsiblemente habrá exportadores que asuman parte del coste mediante precios más bajos. Eso dependerá, entre otros factores, de las características de los mercados de los distintos bienes y servicios. Pero nos muestra con claridad el escenario previsible. (Otra cuestión es lo que en teoría económica se conoce como la pérdida de eficiencia derivada del arancel, los triángulos azules del gráfico 2 y que no vamos a tratar aquí).

En todo caso, es un buen ejemplo de que los efectos de muchas medidas económicas no son tan obvios como suele pensarse y que debe haber una coherencia entre objetivos perseguidos e instrumentos utilizados. El arancel está pensado para otros fines y se podrá discutir largo y tendido sobre sus bondades y defectos. Pero desde luego no para financiar muros y trasladar su coste a terceros.

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