Cuando se habla de la envenenada herencia que dejó UPN, se suele citar el conocidísimo rosario de monumentos al derroche y a la ruina. Por si ello fuera poco, el obligado oreo de las alfombras palaciegas ha ido mostrando agujeros, deudas, fruto de la negligencia, la incapacidad o el afán de ocultación (ahí están los cincuenta millones de la Ciudad del Transporte). Una última serie de trapazas en forma de gravosas hipotecas (no sólo económicas), es la de las sombras: la de los peajes y la no menos alargada de tantos PSIS, amenazas casi ciertas de agresiones urbanísticas, paisajísticas, ambientales o de otro tipo, de difícil resolución por la previa y premeditada generación —y ese es el truco— de derechos indemnizatorios.
domingo, 13 de agosto de 2017
sábado, 28 de enero de 2017
Las ocurrencias de Trump
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Gráfico 1 |
domingo, 15 de enero de 2017
El Convenio, instrumento financiero
La cuestión del Convenio con el Estado burbujea desde hace tiempo como consecuencia de la concatenación de una serie de elementos empujando todos en la misma dirección, y no la más favorable para Navarra: ofensiva jacobina del gobierno del PP en la última legislatura; sucesivas sentencias del Tribunal Constitucional que, con interpretaciones como mínimo peculiares, fueron comiéndose el meollo de la capacidad de Navarra en materia tributaria; y las consabidas acusaciones de privilegio de los partidos centralistas, dentro de un esquema ideológico centralizador y uniformizador como base de un nacionalismo español que, fiel a su naturaleza histórica, se define en el ataque y la imposición. Y si Ciudadanos es el exponente más claro, esta concepción anida también —y con notable pujanza— en el PP y el PSOE.
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