25 de abril. Una fecha para recordar. Un final digno para una dictadura indigna. Una fiesta de la libertad. Que los claveles florezcan en el cañón de los fusiles y las pistolas, fertilizados ya por demasiada sangre derramada. Que todos tengamos nuestro clavel, nuestros claveles. Que, como dice la placa del edificio que fuera sede de la PIDE (policía política salazarista) en Lisboa, el clamor de la libertad haga florecer de nuevo abril sobre las cenizas de la opresión, la infamia, la violación de los derechos de tantos seres humanos, la desigualdad, los salvapatrias y cuantos en el mundo se han creído investidos del derecho a decidir por los demás.
Aqui
do silencio das «gavetas»
da pátria amordaçada
dos peitos desfeitos pelas torturas da pide
subiu o clamor da liberdade
floriu Abril
And here is the rest of it.
viernes, 25 de abril de 2008
martes, 15 de abril de 2008
República
Hoy voy a escribir sobre la República. El purismo de las fechas no deja de ser mera convención. De hecho, como es bien sabido, la bandera republicana se izó en Eibar un 13 de abril. Ramalazos jacobinos en un país que sólo da por buenas las cosas cuando ocurren en Madrid, se terminó celebrando el 14. Mi abuela, aludiendo a una efeméride familiar el 19 de julio, decía que era el día del Alzamiento. Y, según se mire, es verdad. Las primeras escaramuzas fueron el 17. Lo del 18 tuvo mucho que ver con un estado de la tecnología que obligó a Franco a salir de viaje con un día de antelación para llegar a tiempo a Marruecos. Y fue el 19 cuando Mola se pronunció…
Así que me pongo las fechas por montera: hoy, 15 de abril, toca República. Con mayúscula. Tengo que comenzar reconociendo una deuda intelectual y literaria con Haro Tecglen, republicano por excelencia y la excelencia republicana ejercida a través del periodismo. El apresuramiento inherente a la profesión de periodista genera un estilo peculiar en el que la pulcritud literaria no suele ser la norma, ni siquiera una preocupación primaria. Pero ese oficio es vivero también de grandes maestros en el arte de narrar cosas y en la manera de narrarlas. Uno de ellos fue, es, Haro. Otro, Kapuscinsky.
Escribo República con mayúscula precisamente porque me refiero a ella no sólo como un régimen político, sino como una idea, una visión del mundo y de las relaciones humanas organizadas en sociedad. La república como forma política tiene muchas versiones, algunas poco democráticas y hasta monstruosas (el mismo Mola pensaba en una dictadura con forma republicana). Como idea, alude al que seguramente es el mayor logro del pensamiento humano moderno, fruto de la Ilustración: la radical igualdad de los seres humanos, concretada en las sucesivas declaraciones de derechos. Otra cosa es su plasmación en cada sociedad. Pero para que tal versión más o menos aproximada al principio general pueda existir, es necesario que éste sea formulado. De tal igualdad se desprende, como un corolario deseado, el principio de la tolerancia. La intolerancia es desprecio al otro y surge de la conciencia de la desigualdad de los seres humanos. A quien se considera superior le asiste la razón, cree, para violentar, obligar, oprimir al inferior. Ese es precisamente el origen de las mayores desgracias de la Humanidad. Frente a los principios humanistas de igualdad y tolerancia, la monarquía se presenta como la consagración de la desigualdad y agrede la sensibilidad y la inteligencia. Y no hay igualdad y tolerancia sin educación y cultura, algo sobre lo que las cabezas pensantes de 1931 fueron especialmente conscientes.
A veces el 14 de abril se limita a la nostalgia por un régimen concreto, el de la II República española. Se enumeran sus muchos logros sociales y culturales. Surge inmediatamente, y es fácil, la comparación con la larga noche franquista (un retroceso brutal e inhabitual incluso en dictaduras aún más sanguinarias: cosas de la barbarie ibérica) y con las imperfecciones de la actual monarquía. Llega a dar la impresión de que república, progresismo e incluso izquierdismo son sinónimos. Que la república de 1931 era de izquierdas.
Pero no olvidemos que en el período republicano también gobernó un protofascista como Gil Robles o un populista estrambótico como Lerroux (por no hablar de la posición de la izquierda en relación con el sufragio femenino). Pero ésa es su grandeza. Hace un tiempo hubo bastante guasa con un error del gobernador de Florida Bush cuando denominó a Aznar «presidente de la república española». Mucho republicano de pro se declaraba partidario de la monarquía antes de que tal desatino se materializara. Yo disiento. Prefiero una república con Aznar como presidente a cualquier monarquía. A Aznar se le podría largar. Al rey (véase nuestro particular ciudadano Capeto) no. Ítem más, ser republicano es defender el derecho de cualquiera —de Aznar, llegado el caso— a ser presidente. Ésa es, insisto, la grandeza de la república.
También se observa una peculiar identificación entre grupos políticos concretos, la bandera tricolor y la idea republicana. Al parecer, por poner un ejemplo, no se puede ser de derechas y republicano. Por lo mismo, los nacionalistas vascos deben de ser monárquicos. Un republicano que se precie debe enarbolar la bandera tricolor y entonar el himno de Riego… Porque reivindico la igualdad y la tolerancia, reivindico la República. Sin banderas, sin himnos, sin falsas identificaciones.
Salud y República / Osasuna eta Errepublika
Así que me pongo las fechas por montera: hoy, 15 de abril, toca República. Con mayúscula. Tengo que comenzar reconociendo una deuda intelectual y literaria con Haro Tecglen, republicano por excelencia y la excelencia republicana ejercida a través del periodismo. El apresuramiento inherente a la profesión de periodista genera un estilo peculiar en el que la pulcritud literaria no suele ser la norma, ni siquiera una preocupación primaria. Pero ese oficio es vivero también de grandes maestros en el arte de narrar cosas y en la manera de narrarlas. Uno de ellos fue, es, Haro. Otro, Kapuscinsky.
Escribo República con mayúscula precisamente porque me refiero a ella no sólo como un régimen político, sino como una idea, una visión del mundo y de las relaciones humanas organizadas en sociedad. La república como forma política tiene muchas versiones, algunas poco democráticas y hasta monstruosas (el mismo Mola pensaba en una dictadura con forma republicana). Como idea, alude al que seguramente es el mayor logro del pensamiento humano moderno, fruto de la Ilustración: la radical igualdad de los seres humanos, concretada en las sucesivas declaraciones de derechos. Otra cosa es su plasmación en cada sociedad. Pero para que tal versión más o menos aproximada al principio general pueda existir, es necesario que éste sea formulado. De tal igualdad se desprende, como un corolario deseado, el principio de la tolerancia. La intolerancia es desprecio al otro y surge de la conciencia de la desigualdad de los seres humanos. A quien se considera superior le asiste la razón, cree, para violentar, obligar, oprimir al inferior. Ese es precisamente el origen de las mayores desgracias de la Humanidad. Frente a los principios humanistas de igualdad y tolerancia, la monarquía se presenta como la consagración de la desigualdad y agrede la sensibilidad y la inteligencia. Y no hay igualdad y tolerancia sin educación y cultura, algo sobre lo que las cabezas pensantes de 1931 fueron especialmente conscientes.
A veces el 14 de abril se limita a la nostalgia por un régimen concreto, el de la II República española. Se enumeran sus muchos logros sociales y culturales. Surge inmediatamente, y es fácil, la comparación con la larga noche franquista (un retroceso brutal e inhabitual incluso en dictaduras aún más sanguinarias: cosas de la barbarie ibérica) y con las imperfecciones de la actual monarquía. Llega a dar la impresión de que república, progresismo e incluso izquierdismo son sinónimos. Que la república de 1931 era de izquierdas.
Pero no olvidemos que en el período republicano también gobernó un protofascista como Gil Robles o un populista estrambótico como Lerroux (por no hablar de la posición de la izquierda en relación con el sufragio femenino). Pero ésa es su grandeza. Hace un tiempo hubo bastante guasa con un error del gobernador de Florida Bush cuando denominó a Aznar «presidente de la república española». Mucho republicano de pro se declaraba partidario de la monarquía antes de que tal desatino se materializara. Yo disiento. Prefiero una república con Aznar como presidente a cualquier monarquía. A Aznar se le podría largar. Al rey (véase nuestro particular ciudadano Capeto) no. Ítem más, ser republicano es defender el derecho de cualquiera —de Aznar, llegado el caso— a ser presidente. Ésa es, insisto, la grandeza de la república.
También se observa una peculiar identificación entre grupos políticos concretos, la bandera tricolor y la idea republicana. Al parecer, por poner un ejemplo, no se puede ser de derechas y republicano. Por lo mismo, los nacionalistas vascos deben de ser monárquicos. Un republicano que se precie debe enarbolar la bandera tricolor y entonar el himno de Riego… Porque reivindico la igualdad y la tolerancia, reivindico la República. Sin banderas, sin himnos, sin falsas identificaciones.
Salud y República / Osasuna eta Errepublika
miércoles, 9 de abril de 2008
¿Crisis en Nafarroa Bai?
Nafarroa Bai está en crisis. Nafarroa Bai se rompe. Ya lo decía yo, dicen algunos chapoteando en el barro de sus temores y su nerviosismo. Como Sanz, líder de un partido caudillista y a pesar de ello fracturado y fatigado, con los cientos de puestos y sueldos públicos como único aglutinante. Lo dicen también en el PSN, dividido aún hoy en dos mitades, a pesar de los esfuerzos de la actual dirección por acallar, ignorar o depurar a los discrepantes.
El lehendakari Sanz, con su habitual desfachatez, dice que el nacionalismo es un cáncer. Y tiene razón. Su nacionalismo, sin ir más lejos, que sólo es capaz de medrar con el conflicto, la crispación, la satanización del disidente y la imposición de un concepto de España rancio y de trágico recuerdo como armas. Y no vamos a recurrir a la historia (ahí están sus ancestros políticos para dar lecciones de nacionalismo), basta la más reciente, los últimos cuatro años. Pero Sanz —y lo que representa— es un cáncer no sólo por nacionalista, sino por su falta de interés por liderar a toda la sociedad, representarla y trabajar por los intereses colectivos, por su incapacidad para proponer proyectos o ideas para el futuro. Un cáncer que lo va invadiendo todo, mutando la vitalidad y el dinamismo de toda una sociedad en oportunidades de negocio para unos pocos. ¡Qué casualidad que los tres últimos informes de la Cámara de Comptos hayan sido demoledores para la gestión que UPN hace de los dineros públicos! Obsérvese el panorama: si el Gobierno de Navarra se embarca en un proyecto industrial, es a rebufo de alguna empresa interesada (cuando no reacciona a golpe de ultimátum); si lanza un plan de vivienda, es porque se lo presentan promotores que no sólo se erigen en planificadores (nuestras ciudades al albur de intereses crematísticos particulares) sino que, para colmo, puentean así al Ayuntamiento afectado… ¿Quién gobierna en Navarra y para quién? ¿Dónde está el tumor? ¿Dónde la parálisis?
Así las cosas, tan grises (por no hablar del descalabro social que se avecina, tras el adelgazamiento de lo público a que hemos asistido estos años: mal para la educación, mal para la sanidad, se pretende arreglar todo con cemento), es normal que Sanz y su entorno político y mediático (ardua tarea discernir corifeo y coro) agranden cualquier atisbo de discrepancia, debate o, por qué no decirlo, franca discusión en Nafarroa Bai.
Que surgen discrepancias es evidente. Como en todo colectivo. En este caso se llegan a manifestar con crudeza, lo que no significa que esté desmoronándose o amenazada por la piqueta, qué más quisieran algunos. Se trata de una coalición joven, con mecanismos de adopción de decisiones y generación de consensos imperfectos y en fase de rodaje. También, hay que reconocerlo, con un hábito muy arraigado en los partidos que la forman de dirimir sus diferencias en la plaza pública. ¿Es eso malo? Es costumbre criticar el autoritarismo, la cerrazón o la falta de debate interno en las organizaciones. Pero cuando se observan discrepancias en alguna de ellas se pone, incoherente e interesadamente, el grito en el cielo. ¿En qué quedamos? ¿Habrá que recordar las vendettas a que hemos asistido la pasada legislatura foral en el seno de UPN, sirviéndose para ello —y eso sí es grave— de la Administración Pública? ¿Habríamos sabido algo de Humanismo y Democracia de no existir esa pelea? ¿Nos hemos olvidado de cómo se dirimió el último congreso del PSN? Por poner ejemplos cercanos, que ahí anda Esperanza Aguirre atronando el solar hispano con sus gritos de guerra para ajustar las cuentas a Rajoy (la concepción que del liberalismo tiene Aguirre es una rareza intelectual digna de glosa).
Nafarroa Bai, para pasmo y desconcierto, primero, y mal disimulado nerviosismo, después, ha logrado articular un proyecto de cambio para Navarra progresista e integrador y ha conseguido unir a un sector de la sociedad tradicionalmente silenciado u obviado mediante el reparto canovista de cuotas de poder o el puro soborno político de los más sumisos (es lo que tiene administrar las prebendas). Y aspira, además, a contribuir a la unión de fuerzas progresistas de Navarra para conseguir el cambio político. Naturalmente, eso no gusta. Y no gusta, en primer lugar, a quienes pretendiendo impedir una supuesta venta de Navarra que sólo existía en sus delirios y terrores nocturnos, consiguieron mantenerse en el poder a coste cero. O a quienes se han instalado en una posición vicaria al cómodo abrigo del presupuesto público.
Se habla de ineficacia en la gestión. ¿Barañain? Los que impiden el gobierno municipal son los que, dentro incluso del PSN, negaron el pan y la sal al anterior alcalde. ¿Zizur? Un grave error, ya reconocido, al elegir a alguien que parece anteponer el medro personal al servicio público. La prueba es que después de arremeter contra todo lo que se movía ha terminado votando con UPN… curioso. ¿Beriain? Léase la carta objeto de disputa y sáquense conclusiones.
Por más que se diga, Nafarroa Bai sigue viva. Hace cuatro años se iba a desleír como un azucarillo. Ahora es un cáncer. Significativa la evolución metafórica, se van resignando, señal que cabalgamos. La última trifulca, debidamente comentada por Sanz y su troupe, no ha sido más que una confrontación de concepciones sobre el tipo de representante que conviene tener en el Consejo General de Caja Navarra; una fiebre infantil de la que la criatura no puede sino salir fortalecida, porque no anda mal de anticuerpos. Eso sí, se impone ya ese debate interno tantas veces aplazado sobre organización, toma de decisiones, apertura a la sociedad, formas de afiliación o el papel de los independientes, que no han de ser la alternativa —una competencia indeseada— a los militantes de los partidos, sino su complemento, el engrudo que hace que Nafarroa Bai sea bastante más que la suma de sus partes. Ello requiere trabajo, pero en Nafarroa Bai hay capacidad, capital humano (empezando por una militancia no siempre reconocida y a veces sacrificada en el altar de intereses superiores) y un proyecto de futuro. Seguramente el primer proyecto realmente integrador, que concibe Navarra como un todo, y no como realidades enfrentadas o la mera yuxtaposición de identidades, algunas molestas. En Nafarroa Bai cabe toda Navarra. Está por ver si otros pueden decir, y practicar, lo mismo.
El lehendakari Sanz, con su habitual desfachatez, dice que el nacionalismo es un cáncer. Y tiene razón. Su nacionalismo, sin ir más lejos, que sólo es capaz de medrar con el conflicto, la crispación, la satanización del disidente y la imposición de un concepto de España rancio y de trágico recuerdo como armas. Y no vamos a recurrir a la historia (ahí están sus ancestros políticos para dar lecciones de nacionalismo), basta la más reciente, los últimos cuatro años. Pero Sanz —y lo que representa— es un cáncer no sólo por nacionalista, sino por su falta de interés por liderar a toda la sociedad, representarla y trabajar por los intereses colectivos, por su incapacidad para proponer proyectos o ideas para el futuro. Un cáncer que lo va invadiendo todo, mutando la vitalidad y el dinamismo de toda una sociedad en oportunidades de negocio para unos pocos. ¡Qué casualidad que los tres últimos informes de la Cámara de Comptos hayan sido demoledores para la gestión que UPN hace de los dineros públicos! Obsérvese el panorama: si el Gobierno de Navarra se embarca en un proyecto industrial, es a rebufo de alguna empresa interesada (cuando no reacciona a golpe de ultimátum); si lanza un plan de vivienda, es porque se lo presentan promotores que no sólo se erigen en planificadores (nuestras ciudades al albur de intereses crematísticos particulares) sino que, para colmo, puentean así al Ayuntamiento afectado… ¿Quién gobierna en Navarra y para quién? ¿Dónde está el tumor? ¿Dónde la parálisis?
Así las cosas, tan grises (por no hablar del descalabro social que se avecina, tras el adelgazamiento de lo público a que hemos asistido estos años: mal para la educación, mal para la sanidad, se pretende arreglar todo con cemento), es normal que Sanz y su entorno político y mediático (ardua tarea discernir corifeo y coro) agranden cualquier atisbo de discrepancia, debate o, por qué no decirlo, franca discusión en Nafarroa Bai.
Que surgen discrepancias es evidente. Como en todo colectivo. En este caso se llegan a manifestar con crudeza, lo que no significa que esté desmoronándose o amenazada por la piqueta, qué más quisieran algunos. Se trata de una coalición joven, con mecanismos de adopción de decisiones y generación de consensos imperfectos y en fase de rodaje. También, hay que reconocerlo, con un hábito muy arraigado en los partidos que la forman de dirimir sus diferencias en la plaza pública. ¿Es eso malo? Es costumbre criticar el autoritarismo, la cerrazón o la falta de debate interno en las organizaciones. Pero cuando se observan discrepancias en alguna de ellas se pone, incoherente e interesadamente, el grito en el cielo. ¿En qué quedamos? ¿Habrá que recordar las vendettas a que hemos asistido la pasada legislatura foral en el seno de UPN, sirviéndose para ello —y eso sí es grave— de la Administración Pública? ¿Habríamos sabido algo de Humanismo y Democracia de no existir esa pelea? ¿Nos hemos olvidado de cómo se dirimió el último congreso del PSN? Por poner ejemplos cercanos, que ahí anda Esperanza Aguirre atronando el solar hispano con sus gritos de guerra para ajustar las cuentas a Rajoy (la concepción que del liberalismo tiene Aguirre es una rareza intelectual digna de glosa).
Nafarroa Bai, para pasmo y desconcierto, primero, y mal disimulado nerviosismo, después, ha logrado articular un proyecto de cambio para Navarra progresista e integrador y ha conseguido unir a un sector de la sociedad tradicionalmente silenciado u obviado mediante el reparto canovista de cuotas de poder o el puro soborno político de los más sumisos (es lo que tiene administrar las prebendas). Y aspira, además, a contribuir a la unión de fuerzas progresistas de Navarra para conseguir el cambio político. Naturalmente, eso no gusta. Y no gusta, en primer lugar, a quienes pretendiendo impedir una supuesta venta de Navarra que sólo existía en sus delirios y terrores nocturnos, consiguieron mantenerse en el poder a coste cero. O a quienes se han instalado en una posición vicaria al cómodo abrigo del presupuesto público.
Se habla de ineficacia en la gestión. ¿Barañain? Los que impiden el gobierno municipal son los que, dentro incluso del PSN, negaron el pan y la sal al anterior alcalde. ¿Zizur? Un grave error, ya reconocido, al elegir a alguien que parece anteponer el medro personal al servicio público. La prueba es que después de arremeter contra todo lo que se movía ha terminado votando con UPN… curioso. ¿Beriain? Léase la carta objeto de disputa y sáquense conclusiones.
Por más que se diga, Nafarroa Bai sigue viva. Hace cuatro años se iba a desleír como un azucarillo. Ahora es un cáncer. Significativa la evolución metafórica, se van resignando, señal que cabalgamos. La última trifulca, debidamente comentada por Sanz y su troupe, no ha sido más que una confrontación de concepciones sobre el tipo de representante que conviene tener en el Consejo General de Caja Navarra; una fiebre infantil de la que la criatura no puede sino salir fortalecida, porque no anda mal de anticuerpos. Eso sí, se impone ya ese debate interno tantas veces aplazado sobre organización, toma de decisiones, apertura a la sociedad, formas de afiliación o el papel de los independientes, que no han de ser la alternativa —una competencia indeseada— a los militantes de los partidos, sino su complemento, el engrudo que hace que Nafarroa Bai sea bastante más que la suma de sus partes. Ello requiere trabajo, pero en Nafarroa Bai hay capacidad, capital humano (empezando por una militancia no siempre reconocida y a veces sacrificada en el altar de intereses superiores) y un proyecto de futuro. Seguramente el primer proyecto realmente integrador, que concibe Navarra como un todo, y no como realidades enfrentadas o la mera yuxtaposición de identidades, algunas molestas. En Nafarroa Bai cabe toda Navarra. Está por ver si otros pueden decir, y practicar, lo mismo.
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viernes, 8 de febrero de 2008
Rajoy, su contrato y los inmigrantes (España cañete)
Pocas campañas electorales se presentan tan interesantes como la actual. Los sondeos no dan resultados claros, los gurús de cabecera de Rajoy y Zapatero andan desconcertados, en el PP Aznar da una vuelta de tuerca y deja claro —por si quedaban dudas— por qué ungió a Mariano con su libérrimo dedo. Por el gesto desabrido y el aire de estar permanentemente sometidos a cuaresmales abstinencias, diríase —permítame Gallardón la licencia— que todos son Esperanza.
Zapatero, por su parte, oscila entre el optimismo inveterado —propio de seminaristas iluminados— de José Blanco, que le promete mayorías absolutas, el pragmatismo inmoral de Rubalcaba, que maneja tiempos, detenciones e ilegalizaciones con la misma desenvoltura que si hiciera la lista de la compra, los lúgubres empates anunciados por los más realistas o la tentación canovista con que intenta seducirle el sector más ultra del partido, encabezado por un Bono incapaz de disimular las ansias de desquite.
Y todo como si no hubiera más alternativa y las cosas se dilucidaran exclusivamente entre tan impresentables contendientes. Ni conmigo ni sin mi —parecen decir al elector— tienen tus males remedio, pero opta por quien te va a causar el menor de los daños. Afortunadamente, hay otros mundos que no son el del PP-PSOE (UPN-PSN), otras visiones de la vida y otras formas de hacer política.
En este contexto, ambos líderes —ambos capitidisminuidos— se afanan en una carrera histérica por sobornar a la ciudadanía con añagazas diversas, algunas apelando a lo más oscuro del alma humana. Es lo que ocurre con el «contrato de integración» de Rajoy. Contrato que sólo se compadece con adjetivos como ridículo o patético. No vayamos a pensar que la política del PSOE ha sido mucho mejor. Como en casi todo, se ha quedado a medio camino y después de una regularización tan necesaria como mal explicada, ha dado rienda suelta a corrientes xenófobas más dignas de atención por razones de pedagogía política que de captura de votos.
Por supuesto, el pretendido contrato es inconstitucional de punta a rabo, aunque en los tiempos que corren es algo —lo de los derechos fundamentales— que parece preocupar poco tanto al PP como al PSOE. Pero fijémonos en algunos detalles. Prescribe compromisos como cumplir las leyes o aprender la lengua. El primero es ridículo porque es exigible a todo el mundo. El segundo, porque si quieren desenvolverse adecuadamente no les quedará más remedio. Queda la duda de a qué lengua se refiere Rajoy o si hablar catalán en la intimidad supone incumplimiento contractual.
Otros son ofensivos, como pagar impuestos (se supone que directos, porque los indirectos los pagan, como —casi— todo hijo de vecino). Seguramente —y esta aseveración debería ser un aldabonazo en la conciencia de próceres tan sesudos como Rajoy o Arias Cañete— el de los inmigrantes es el único colectivo interesado en pagar impuestos, entre otras razones porque eso significa que están en una situación regular y hasta estable. Cuando no los pagan suele ser porque no pueden, demasiado a menudo por estar en las garras explotadoras y chantajistas de empresarios (autóctonos) sin escrúpulos.
Comentario singular merece el compromiso de respetar las costumbres de los españoles. ¿Las buenas o las malas? ¿Las tópicas o las sensatas? ¿Las de la España eterna o las de los que quieren romper España? ¿Terminarán los inmigrantes obligados a ir a los toros con peineta y mantilla (española, of course)? No dejaría de tener gracia, habida cuenta de que el PP también se plantea restringir el uso del velo. ¿Extenderán la medida a las monjas católicas o a las majas madrileñas? ¿Cómo se establecerá el criterio delimitador de lo lícito y lo ilícito? ¿Metros cuadrados de tela, superficie del rostro visible (oculta), distancia hasta el suelo? Arduo dilema de consecuencias imprevisibles… Seguramente con esto de los toros, la mantilla y el exigible atracón de «canción española» (igual así venden algo; que pongan a Ramoncín en el catálogo), estará relacionado el requisito de trabajar activamente para integrarse en la sociedad. O quizá ello pasa por afiliarse a algún club parroquial, hartarse de morcilla y trabajar con ahínco viernes, sábados y, ya que son inmigrantes y vienen a lo que vienen, domingos también.
Pero Rajoy es magnánimo y, a cambio del cumplimiento de tan nimias y razonables exigencias, les promete algo: nada menos que «los mismos derechos y prestaciones que a un español». Es decir, mientras no cumplan los requisitos contractuales estipulados por don Mariano —que por eso mismo no van a ser un dechado de tolerancia— están condenados a un appartheid de hecho que los convierte en ciudadanos de segunda o de tercera mientras Rajoy no decida lo contrario. Su problema, y el de Aznar, es que quieren imitar a caudillos protofascistas como Berlusconi o Sarkozy pero les falta mucho glamour para ello. Por no hablar de las referencias de algunos miembros del PP a la higiene. Son como nuevos ricos, que acaban de descubrir las excelencias del agua corriente, aunque todavía no saben a ciencia cierta para qué sirve el bidé… Ahí quedan también las declaraciones de Arias Cañete sobre los camareros «españoles». Está claro que la situación ideal, de los «españoles» y de los inmigrantes, para los capitostes del PP, es la sumisión y la servidumbre.
Rajoy promete a los que cumplan sus condiciones «ayudarles en su integración y respetar sus creencias y costumbres, siempre que no sean contrarias a las españolas». Esto es, que vayan espabilando porque si no son de misa dominical y sábado sabadete (esto los más afortunados) se arriesgan a una ominosa deportación, quizá —siguiendo el ejemplo de Mayor Oreja— debidamente «colocados».
Al final, estas propuestas denotan no ya el omnipresente miedo de la derecha a lo extraño sino, lo que es mucho peor, el afán de explotar electoralmente los más bajos instintos de la población. Sería muy triste que el electorado fuera efectivamente sensible a argumentos como los expuestos.
Zapatero, por su parte, oscila entre el optimismo inveterado —propio de seminaristas iluminados— de José Blanco, que le promete mayorías absolutas, el pragmatismo inmoral de Rubalcaba, que maneja tiempos, detenciones e ilegalizaciones con la misma desenvoltura que si hiciera la lista de la compra, los lúgubres empates anunciados por los más realistas o la tentación canovista con que intenta seducirle el sector más ultra del partido, encabezado por un Bono incapaz de disimular las ansias de desquite.
Y todo como si no hubiera más alternativa y las cosas se dilucidaran exclusivamente entre tan impresentables contendientes. Ni conmigo ni sin mi —parecen decir al elector— tienen tus males remedio, pero opta por quien te va a causar el menor de los daños. Afortunadamente, hay otros mundos que no son el del PP-PSOE (UPN-PSN), otras visiones de la vida y otras formas de hacer política.
En este contexto, ambos líderes —ambos capitidisminuidos— se afanan en una carrera histérica por sobornar a la ciudadanía con añagazas diversas, algunas apelando a lo más oscuro del alma humana. Es lo que ocurre con el «contrato de integración» de Rajoy. Contrato que sólo se compadece con adjetivos como ridículo o patético. No vayamos a pensar que la política del PSOE ha sido mucho mejor. Como en casi todo, se ha quedado a medio camino y después de una regularización tan necesaria como mal explicada, ha dado rienda suelta a corrientes xenófobas más dignas de atención por razones de pedagogía política que de captura de votos.
Por supuesto, el pretendido contrato es inconstitucional de punta a rabo, aunque en los tiempos que corren es algo —lo de los derechos fundamentales— que parece preocupar poco tanto al PP como al PSOE. Pero fijémonos en algunos detalles. Prescribe compromisos como cumplir las leyes o aprender la lengua. El primero es ridículo porque es exigible a todo el mundo. El segundo, porque si quieren desenvolverse adecuadamente no les quedará más remedio. Queda la duda de a qué lengua se refiere Rajoy o si hablar catalán en la intimidad supone incumplimiento contractual.
Otros son ofensivos, como pagar impuestos (se supone que directos, porque los indirectos los pagan, como —casi— todo hijo de vecino). Seguramente —y esta aseveración debería ser un aldabonazo en la conciencia de próceres tan sesudos como Rajoy o Arias Cañete— el de los inmigrantes es el único colectivo interesado en pagar impuestos, entre otras razones porque eso significa que están en una situación regular y hasta estable. Cuando no los pagan suele ser porque no pueden, demasiado a menudo por estar en las garras explotadoras y chantajistas de empresarios (autóctonos) sin escrúpulos.
Comentario singular merece el compromiso de respetar las costumbres de los españoles. ¿Las buenas o las malas? ¿Las tópicas o las sensatas? ¿Las de la España eterna o las de los que quieren romper España? ¿Terminarán los inmigrantes obligados a ir a los toros con peineta y mantilla (española, of course)? No dejaría de tener gracia, habida cuenta de que el PP también se plantea restringir el uso del velo. ¿Extenderán la medida a las monjas católicas o a las majas madrileñas? ¿Cómo se establecerá el criterio delimitador de lo lícito y lo ilícito? ¿Metros cuadrados de tela, superficie del rostro visible (oculta), distancia hasta el suelo? Arduo dilema de consecuencias imprevisibles… Seguramente con esto de los toros, la mantilla y el exigible atracón de «canción española» (igual así venden algo; que pongan a Ramoncín en el catálogo), estará relacionado el requisito de trabajar activamente para integrarse en la sociedad. O quizá ello pasa por afiliarse a algún club parroquial, hartarse de morcilla y trabajar con ahínco viernes, sábados y, ya que son inmigrantes y vienen a lo que vienen, domingos también.
Pero Rajoy es magnánimo y, a cambio del cumplimiento de tan nimias y razonables exigencias, les promete algo: nada menos que «los mismos derechos y prestaciones que a un español». Es decir, mientras no cumplan los requisitos contractuales estipulados por don Mariano —que por eso mismo no van a ser un dechado de tolerancia— están condenados a un appartheid de hecho que los convierte en ciudadanos de segunda o de tercera mientras Rajoy no decida lo contrario. Su problema, y el de Aznar, es que quieren imitar a caudillos protofascistas como Berlusconi o Sarkozy pero les falta mucho glamour para ello. Por no hablar de las referencias de algunos miembros del PP a la higiene. Son como nuevos ricos, que acaban de descubrir las excelencias del agua corriente, aunque todavía no saben a ciencia cierta para qué sirve el bidé… Ahí quedan también las declaraciones de Arias Cañete sobre los camareros «españoles». Está claro que la situación ideal, de los «españoles» y de los inmigrantes, para los capitostes del PP, es la sumisión y la servidumbre.
Rajoy promete a los que cumplan sus condiciones «ayudarles en su integración y respetar sus creencias y costumbres, siempre que no sean contrarias a las españolas». Esto es, que vayan espabilando porque si no son de misa dominical y sábado sabadete (esto los más afortunados) se arriesgan a una ominosa deportación, quizá —siguiendo el ejemplo de Mayor Oreja— debidamente «colocados».
Al final, estas propuestas denotan no ya el omnipresente miedo de la derecha a lo extraño sino, lo que es mucho peor, el afán de explotar electoralmente los más bajos instintos de la población. Sería muy triste que el electorado fuera efectivamente sensible a argumentos como los expuestos.
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viernes, 18 de enero de 2008
Mujer e inmigración: una valoración socioeconómica
Las líneas que siguen recogen el contenido de mi participación en el encuentro organizado por Mujeres Progresistas de Navarra sobre el tema Mujer e inmigración hoy: un reto para la convivencia, un reto para el progreso (Pamplona, 16 de noviembre de 2007). Es sólo un esquema, resultado de un trabajo de documentación más que de investigación, pero quizá pueda ser útil para reflexionar sobre temas de gran calado social o servir como acicate para profundizar en su estudio.
1. Introducción: inmigración y tópicos
La inmigración ha crecido con gran rapidez en los últimos años, lo que seguramente ha contribuido a la generación de preocupación social, con la difusión de algunos tópicos falsos y dañinos para la convivencia social.
Frente a tales tópicos, se puede afirmar con mucha mayor solvencia que las personas inmigrantes no compiten por el empleo con la población autóctona; no saturan los servicios sanitarios, ocasionando el deterioro de su calidad; no son responsables de la pérdida de calidad del sistema educativo público; recurren a las prestaciones sociales en mucha menor medida que la población autóctona; generan un aportación neta positiva, tanto a la Hacienda Pública como a la Seguridad Social; con su actividad laboral, pero también —lo que se suele olvidar a menudo— de consumo, contribuyen a ensanchar la base productiva de la economía y a alimentar buena parte de los flujos económicos en los que se basa nuestro bienestar.
En suma, los inmigrantes, hombres y mujeres, son, en general, más contribuyentes que perceptores. Son usuarios de servicios generales, como sanidad y educación, pero su acceso a ayudas específicas (desempleo, VPO, becas) es mucho menor.
2. La inmigración en Navarra: algunos datos
Fuerte crecimiento de la población de origen extranjero (pasa del 1,7% de la población en 2000 al 9,2% en 2007), de la que el 46% son mujeres.
Mayor tasa de actividad que la población autóctona (77%, frente a una media del 61%).
Mayor temporalidad (60% frente a 27% en 2007).
Mayor tasa de paro (casi duplica la media de Navarra).
Las tasas de actividad de las mujeres inmigrantes varía según su origen, aunque no hay una pauta geográfica que lo explique.
3. Mujer e inmigración
3.1. La decisión de emigrar
Todos los procesos implicados en la decisión de emigrar deben ser analizados teniendo en cuenta la relación social de desigualdad que impone el género, que agrava la situación de las mujeres emigrantes, particularmente afectadas por problemas de integración en el mercado de trabajo de los países de destino: se acumulan los obstáculos y se enfrentan a una discriminación multidimensional. Así pues, la decisión de emigrar —la experiencia emigratoria en cuanto tal— es diferente para hombres y mujeres, debido a las desigualdades de género.
Se observa una feminización de la emigración, seguramente resultado de una estrategia de supervivencia de los hogares. Si bien el número de mujeres emigrantes siempre ha sido elevado, se incrementa el número de mujeres que emigra de forma autónoma, en tanto que cabeza de familia, y no por razones de agrupamiento familiar o matrimonio.
De alguna manera, la globalización ha dado lugar a un proceso de deslocalización de distinta naturaleza: las actividades que no pueden deslocalizarse porque han de estar próximas a la demanda (servicios) se cubren con mano de obra inmigrante (deslocalización de las personas); por su parte, las actividades que pueden ser deslocalizadas (industrias intensivas en trabajo) se dirigen a países menos desarrollados (deslocalización de las actividades).
Incluso, la distinta situación en países pobres y ricos permite hablar de una transferencia de las actividades de cuidados tradicionalmente realizadas por la mujer en los países ricos: empobrecimiento y aumento de las desigualdades en los primeros; envejecimiento, incorporación de la mujer al mercado de trabajo e insuficiencia de los servicios sociales en los segundos. El resultado es la externalización del trabajo femenino (contratación de mujeres), la transferencia de desigualdades de género y etnia entre mujeres y la generación de cadenas globales de cuidados.
3.2. Inserción laboral
De lo ya expuesto se puede deducir que la mujer se encuentra en una situación específica, al añadirse problemas propios a los que experimenta cualquier inmigrante. Las modalidades de inserción laboral tienen que ver con el sexo, la nacionalidad y la clase o estatus socioeconómico. Las mujeres inmigrantes se enfrentan a relaciones de poder asimétricas en las que ellas están en la posición más desfavorable por la acumulación de obstáculos: como mujeres se enfrentan al patriarcado, en origen y en destino; como inmigrantes (especialmente las del Tercer Mundo) se enfrentan a barreras legales y prejuicios sociales; como trabajadoras predomina la inserción en empleos precarios y marginales.
En el mercado de trabajo para mujeres hay una segmentación similar a la que tiene lugar entre géneros. En cierta forma, se refuerzan los roles de género al ocupar trabajos que las autóctonas no desean.
Las ocupaciones principales de las mujeres inmigrantes son el trabajo doméstico, la limpieza, la hostelería y los servicios sexuales (prostitución). Es decir, se da una sobreespecialización en ocupaciones de baja cualificación y feminizadas, afectadas negativamente por la discriminación de género. La consecuencia es una sobrecualificación aún mayor que en las mujeres autóctonas (en España, por ejemplo, afecta al 48% de las inmigrantes (al 57% de las nacidas fuera de la OCDE) y al 24% de las del país. El hueco en el sistema productivo del país de destino está relacionado con la mencionada transferencia de los cuidados debida a la externalización de tareas ya asignadas a la mujer (trabajo doméstico) en el esquema tradicional de la división sexual del trabajo.
4. Temas de reflexión
Para finalizar, y sin pretender agotar el problema, se pueden plantear algunos temas, en parte tratados en las líneas que anteceden, para orientar una necesaria y profunda reflexión sobre el problema.
En primer lugar, la inmigración es devastadora para la sociedad de origen y también para quien emigra, entre otras cosas por la evaporación del capital humano que supone, especialmente si es mujer.
En segundo lugar, la inmigración sitúa a la sociedad receptora ante un reto que, en el caso de las mujeres inmigrantes es doble: superar la xenofobia o el racismo en sus diversos grados y formas, por un lado, y el machismo, por otro.
Tercero, la mujer inmigrante se enfrenta a limitaciones aún más agudas en sus derechos de ciudadanía: limitaciones para ejercer derechos laborales y políticos en igualdad con el resto de la población; discurso y prácticas discriminatorias en su entorno laboral y vecinal; escaso grado de organización y articulación colectiva.
Para terminar, la vigencia efectiva de derechos fundamentales (libertad, integridad física) se contrapone, a veces dramáticamente, a usos culturales arraigados ¿Qué respuesta debe dar una sociedad democrática?
Algunas referencias
Colectivo Ioé (2005): «Inmigrantes extranjeros en España: ¿reconfigurando la sociedad?». Panorama Social, nº 1, pág. 32-47.
Naciones Unidas (2006): Estado de la población mundial 2006. Nueva York.
OCDE: International Migration Outlook (ediciones de 2006 y 2007). París.
Pereda, C. (Colectivo Ioé) (2007): «Dos claves para comprender las migraciones internacionales. El caso de España» Colloque International Migrants de la Cité a la Citoyenneté: Etat des lieux des recherches européennes. Luxemburgo, mayo de 2007.
Ramírez, C., García Domínguez, M. y Míguez Morais, J. (2005): Cruzando fronteras: remesas, género y desarrollo. Documento de trabajo. Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW). Santo Domingo, República Dominicana.
1. Introducción: inmigración y tópicos
La inmigración ha crecido con gran rapidez en los últimos años, lo que seguramente ha contribuido a la generación de preocupación social, con la difusión de algunos tópicos falsos y dañinos para la convivencia social.
Frente a tales tópicos, se puede afirmar con mucha mayor solvencia que las personas inmigrantes no compiten por el empleo con la población autóctona; no saturan los servicios sanitarios, ocasionando el deterioro de su calidad; no son responsables de la pérdida de calidad del sistema educativo público; recurren a las prestaciones sociales en mucha menor medida que la población autóctona; generan un aportación neta positiva, tanto a la Hacienda Pública como a la Seguridad Social; con su actividad laboral, pero también —lo que se suele olvidar a menudo— de consumo, contribuyen a ensanchar la base productiva de la economía y a alimentar buena parte de los flujos económicos en los que se basa nuestro bienestar.
En suma, los inmigrantes, hombres y mujeres, son, en general, más contribuyentes que perceptores. Son usuarios de servicios generales, como sanidad y educación, pero su acceso a ayudas específicas (desempleo, VPO, becas) es mucho menor.
2. La inmigración en Navarra: algunos datos
Fuerte crecimiento de la población de origen extranjero (pasa del 1,7% de la población en 2000 al 9,2% en 2007), de la que el 46% son mujeres.
Mayor tasa de actividad que la población autóctona (77%, frente a una media del 61%).
Mayor temporalidad (60% frente a 27% en 2007).
Mayor tasa de paro (casi duplica la media de Navarra).
Las tasas de actividad de las mujeres inmigrantes varía según su origen, aunque no hay una pauta geográfica que lo explique.
3. Mujer e inmigración
3.1. La decisión de emigrar
Todos los procesos implicados en la decisión de emigrar deben ser analizados teniendo en cuenta la relación social de desigualdad que impone el género, que agrava la situación de las mujeres emigrantes, particularmente afectadas por problemas de integración en el mercado de trabajo de los países de destino: se acumulan los obstáculos y se enfrentan a una discriminación multidimensional. Así pues, la decisión de emigrar —la experiencia emigratoria en cuanto tal— es diferente para hombres y mujeres, debido a las desigualdades de género.
Se observa una feminización de la emigración, seguramente resultado de una estrategia de supervivencia de los hogares. Si bien el número de mujeres emigrantes siempre ha sido elevado, se incrementa el número de mujeres que emigra de forma autónoma, en tanto que cabeza de familia, y no por razones de agrupamiento familiar o matrimonio.
De alguna manera, la globalización ha dado lugar a un proceso de deslocalización de distinta naturaleza: las actividades que no pueden deslocalizarse porque han de estar próximas a la demanda (servicios) se cubren con mano de obra inmigrante (deslocalización de las personas); por su parte, las actividades que pueden ser deslocalizadas (industrias intensivas en trabajo) se dirigen a países menos desarrollados (deslocalización de las actividades).
Incluso, la distinta situación en países pobres y ricos permite hablar de una transferencia de las actividades de cuidados tradicionalmente realizadas por la mujer en los países ricos: empobrecimiento y aumento de las desigualdades en los primeros; envejecimiento, incorporación de la mujer al mercado de trabajo e insuficiencia de los servicios sociales en los segundos. El resultado es la externalización del trabajo femenino (contratación de mujeres), la transferencia de desigualdades de género y etnia entre mujeres y la generación de cadenas globales de cuidados.
3.2. Inserción laboral
De lo ya expuesto se puede deducir que la mujer se encuentra en una situación específica, al añadirse problemas propios a los que experimenta cualquier inmigrante. Las modalidades de inserción laboral tienen que ver con el sexo, la nacionalidad y la clase o estatus socioeconómico. Las mujeres inmigrantes se enfrentan a relaciones de poder asimétricas en las que ellas están en la posición más desfavorable por la acumulación de obstáculos: como mujeres se enfrentan al patriarcado, en origen y en destino; como inmigrantes (especialmente las del Tercer Mundo) se enfrentan a barreras legales y prejuicios sociales; como trabajadoras predomina la inserción en empleos precarios y marginales.
En el mercado de trabajo para mujeres hay una segmentación similar a la que tiene lugar entre géneros. En cierta forma, se refuerzan los roles de género al ocupar trabajos que las autóctonas no desean.
Las ocupaciones principales de las mujeres inmigrantes son el trabajo doméstico, la limpieza, la hostelería y los servicios sexuales (prostitución). Es decir, se da una sobreespecialización en ocupaciones de baja cualificación y feminizadas, afectadas negativamente por la discriminación de género. La consecuencia es una sobrecualificación aún mayor que en las mujeres autóctonas (en España, por ejemplo, afecta al 48% de las inmigrantes (al 57% de las nacidas fuera de la OCDE) y al 24% de las del país. El hueco en el sistema productivo del país de destino está relacionado con la mencionada transferencia de los cuidados debida a la externalización de tareas ya asignadas a la mujer (trabajo doméstico) en el esquema tradicional de la división sexual del trabajo.
4. Temas de reflexión
Para finalizar, y sin pretender agotar el problema, se pueden plantear algunos temas, en parte tratados en las líneas que anteceden, para orientar una necesaria y profunda reflexión sobre el problema.
En primer lugar, la inmigración es devastadora para la sociedad de origen y también para quien emigra, entre otras cosas por la evaporación del capital humano que supone, especialmente si es mujer.
En segundo lugar, la inmigración sitúa a la sociedad receptora ante un reto que, en el caso de las mujeres inmigrantes es doble: superar la xenofobia o el racismo en sus diversos grados y formas, por un lado, y el machismo, por otro.
Tercero, la mujer inmigrante se enfrenta a limitaciones aún más agudas en sus derechos de ciudadanía: limitaciones para ejercer derechos laborales y políticos en igualdad con el resto de la población; discurso y prácticas discriminatorias en su entorno laboral y vecinal; escaso grado de organización y articulación colectiva.
Para terminar, la vigencia efectiva de derechos fundamentales (libertad, integridad física) se contrapone, a veces dramáticamente, a usos culturales arraigados ¿Qué respuesta debe dar una sociedad democrática?
Algunas referencias
Colectivo Ioé (2005): «Inmigrantes extranjeros en España: ¿reconfigurando la sociedad?». Panorama Social, nº 1, pág. 32-47.
Naciones Unidas (2006): Estado de la población mundial 2006. Nueva York.
OCDE: International Migration Outlook (ediciones de 2006 y 2007). París.
Pereda, C. (Colectivo Ioé) (2007): «Dos claves para comprender las migraciones internacionales. El caso de España» Colloque International Migrants de la Cité a la Citoyenneté: Etat des lieux des recherches européennes. Luxemburgo, mayo de 2007.
Ramírez, C., García Domínguez, M. y Míguez Morais, J. (2005): Cruzando fronteras: remesas, género y desarrollo. Documento de trabajo. Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW). Santo Domingo, República Dominicana.
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martes, 15 de enero de 2008
Sobre el vial de Irubide
Publica estos días la prensa (ver Diario de Noticias del 15 de enero) que vecinos de la Txantrea han recurrido ante el Tribunal Administrativo de Navarra la aprobación definitiva del Plan Parcial Chantrea Sur, cuyo elemento central es el vial de Irubide. Se quiere presentar este vial como un cierre adecuado para el borde sur de la Txantrea y excusa para la construcción de viviendas (la gran coartada para los desmanes urbanísticos).
Sin embargo, tal como está concebido y salvo modificaciones cosméticas para hacerlo más presentable, se trata de un vial de gran capacidad (dos carriles en cada sentido con mediana de separación). Su carácter de vía rápida se ve favorecido porque únicamente se prevén dos rotondas y en el tramo más próximo a Irubide. Se erige, pues, en una auténtica barrera entre la zona verde prevista (sólo prevista, habrá que ver si no es un señuelo para calmar de momento a los vecinos) y las casas.
¿Cuál es su finalidad? Además de esa función de «cierre», sería estrictamente vecinal. Pero para eso no hace falta un vial de gran capacidad. Habría que ver incluso si es necesaria la vía, aunque sea en forma de boulevard, como en su día propuso el PSN.
Pero si se observa el mapa de Pamplona, se ve claramente que forma parte de un eje, parcialmente construido ya, que iría desde la variante de Burlada hacia San Jorge, San Juan o Landaben, pasando por El Vergel y el puente de las Oblatas, por lo que es susceptible de recoger elevados flujos de tráfico. El proyecto presentado es parcial, esto es, se ignora (quizá deliberadamente) el resto del trazado, de forma que terminaría a la altura del puente de la Txantrea en una vía de un carril en cada sentido, generándose un estrangulamiento, sobre todo para el tráfico que fuera en dirección al puente de El Vergel.
Es de prever, pues, que la siguiente actuación a proponer sería la continuación del vial hasta dicho puente, seguramente con un cambio de trazado respecto de la actual calle del Vergel (sinuosa y necesitada de intervenciones para convertirla no en un vial, sino en una vía urbana transitable en condiciones adecuadas por peatones). De modificarse el trazado, se invadiría, para colmo, una zona de alto valor ambiental y paisajístico destinada a actuar como pulmón verde de la ciudad (el meandro de Aranzadi), afectando probablemente al centro de educación especial y la residencia para la tercera edad allí localizados. Además, se crearía una nueva barrera entre San Pedro-Txantrea y las murallas (y por tanto el centro de la ciudad), que se verían igualmente agredidas. Por supuesto, el tráfico generado por el vial alcanzaría también a la Rotxapea (calle Río Arga hasta el puente de las Oblatas), una vía que también discurre entre las casas y una zona verde (el parque fluvial), con los riesgos que conlleva.
Sin olvidar que el proyecto afecta a una zona, el meandro de la Magdalena, cuyo uso y diseño final ha de ser cuidadosamente planeado, delimitándose la edificabilidad y preservándola como zona verde y de esparcimiento de alta calidad. No hay que descartar que todo esto no sea más que el primer movimiento para su urbanización completa, lo que constituiría una mala noticia.
En suma, la esencia del asunto es que se construye una vía de gran capacidad para conectar dos extremos del área urbana, atravesando el centro de la misma y afectando a zonas verdes de gran valor (Magdalena, Irubide, Aranzadi). Una barbaridad atendiendo a los cánones admitidos sobre diseño urbano, movilidad y sostenibilidad y que se agudiza en el caso de Pamplona, como ya ha reconocido la propia Mancomunidad, donde una política salvaje de aparcamientos en el centro y de fomento de la movilidad en vehiculo privado ha colapsado amplias zonas de la ciudad y genera enormes costes ambientales y para la calidad de vida de la población.
Sin embargo, tal como está concebido y salvo modificaciones cosméticas para hacerlo más presentable, se trata de un vial de gran capacidad (dos carriles en cada sentido con mediana de separación). Su carácter de vía rápida se ve favorecido porque únicamente se prevén dos rotondas y en el tramo más próximo a Irubide. Se erige, pues, en una auténtica barrera entre la zona verde prevista (sólo prevista, habrá que ver si no es un señuelo para calmar de momento a los vecinos) y las casas.¿Cuál es su finalidad? Además de esa función de «cierre», sería estrictamente vecinal. Pero para eso no hace falta un vial de gran capacidad. Habría que ver incluso si es necesaria la vía, aunque sea en forma de boulevard, como en su día propuso el PSN.
Pero si se observa el mapa de Pamplona, se ve claramente que forma parte de un eje, parcialmente construido ya, que iría desde la variante de Burlada hacia San Jorge, San Juan o Landaben, pasando por El Vergel y el puente de las Oblatas, por lo que es susceptible de recoger elevados flujos de tráfico. El proyecto presentado es parcial, esto es, se ignora (quizá deliberadamente) el resto del trazado, de forma que terminaría a la altura del puente de la Txantrea en una vía de un carril en cada sentido, generándose un estrangulamiento, sobre todo para el tráfico que fuera en dirección al puente de El Vergel.Es de prever, pues, que la siguiente actuación a proponer sería la continuación del vial hasta dicho puente, seguramente con un cambio de trazado respecto de la actual calle del Vergel (sinuosa y necesitada de intervenciones para convertirla no en un vial, sino en una vía urbana transitable en condiciones adecuadas por peatones). De modificarse el trazado, se invadiría, para colmo, una zona de alto valor ambiental y paisajístico destinada a actuar como pulmón verde de la ciudad (el meandro de Aranzadi), afectando probablemente al centro de educación especial y la residencia para la tercera edad allí localizados. Además, se crearía una nueva barrera entre San Pedro-Txantrea y las murallas (y por tanto el centro de la ciudad), que se verían igualmente agredidas. Por supuesto, el tráfico generado por el vial alcanzaría también a la Rotxapea (calle Río Arga hasta el puente de las Oblatas), una vía que también discurre entre las casas y una zona verde (el parque fluvial), con los riesgos que conlleva.
Sin olvidar que el proyecto afecta a una zona, el meandro de la Magdalena, cuyo uso y diseño final ha de ser cuidadosamente planeado, delimitándose la edificabilidad y preservándola como zona verde y de esparcimiento de alta calidad. No hay que descartar que todo esto no sea más que el primer movimiento para su urbanización completa, lo que constituiría una mala noticia.
En suma, la esencia del asunto es que se construye una vía de gran capacidad para conectar dos extremos del área urbana, atravesando el centro de la misma y afectando a zonas verdes de gran valor (Magdalena, Irubide, Aranzadi). Una barbaridad atendiendo a los cánones admitidos sobre diseño urbano, movilidad y sostenibilidad y que se agudiza en el caso de Pamplona, como ya ha reconocido la propia Mancomunidad, donde una política salvaje de aparcamientos en el centro y de fomento de la movilidad en vehiculo privado ha colapsado amplias zonas de la ciudad y genera enormes costes ambientales y para la calidad de vida de la población.
viernes, 4 de enero de 2008
Milagros, mentiras y privilegios
Una de dos, o la jerarquía eclesiástica y sus adláteres (neocatecumenales o Foro de la Familia, por ejemplo) son mentirosos contumaces o son capaces de repetir hasta la náusea el milagro de los panes y los peces. Porque es demasiada casualidad que cuando la Conferencia Episcopal alienta directa o indirectamente una manifestación, las cifras que surgen del proceso de razonamiento y la aplicación de técnicas de cálculo convencionales difieren sustancialmente de las que ofrecen los organizadores. Y si no, veamos.
Manifestación del 18 de junio de 2005. La imagen de Rouco con gorra de béisbol y gafas negras, ejerciendo de capo di tutti capi entre otros obispos de parecida guisa es imborrable. Pero más allá de la anécdota, los organizadores de la manifa dieron una cifra de 1.500.000 participantes. El cálculo del periódico El País, que puede calificarse de generoso puesto que se basaba en una ocupación de cuatro personas por metro cuadrado, estimaba la asistencia en 180.000 personas. El factor de multiplicación es, pues, de 8,33.
Manifestación del 30 de diciembre de 2007. Conmovedor e iluminador llamamiento de Rouco y García-Gasco en favor de la democracia y los derechos humanos. Hasta dónde llegará nuestra ignorancia que desconocíamos que ampliando derechos y libertades de los individuos se pone en peligro la misma democracia. Hay que decir en nuestro descargo que si san Agustín no pudo con lo de la Santísima Trinidad, ¿cómo vamos a poder nosotros, ignaros mortales, con semejante misterio? Pero vayamos a lo que interesa. La organización proporciona una cifra de 2.000.000 de asistentes. El periódico El País, aplicando una ocupación media por metro cuadrado de dos o tres personas, según zonas, obtiene un total de algo menos de 160.000 manifestantes. He de decir que no tengo una devoción especial por ese periódico, pero suele ser riguroso y certero en estos cálculos y, además, proporciona el método utilizado. A mayor abundamiento, es sintomático que en este caso la Comunidad de Madrid, fuente audaz, poco comedida y muy proclive al falseamiento de datos, no ha ofrecido ninguna estimación. El factor de multiplicación es de 12,5.
¿Qué pasa con el original, esto es, la multiplicación de los panes y los peces? Con ligeras variaciones, aparece narrado en los evangelios de san Marcos (6, 1-15) y san Juan (6, 30-46) (san Marcos vuelve a narrar un episodio similar unos capítulos más adelante, seguramente por despiste). Es el caso que con cinco panes y dos peces se dio de comer a una muchedumbre de 5.000 hombres. Y digo hombres porque no queda claro si sólo había hombres, si sólo se dio de comer a los hombres o si sólo se cuentan los hombres porque el resto (presumiblemente mujeres y niños) no es digno de consideración. Por no hacer cálculos complicados y tener que asignar ponderaciones a panes y peces, se puede admitir que, en una tesitura como la que había, con cinco panes y dos peces podían comer entre tres y cinco personas (en aquella época la dieta mediterránea consistía en cereales y vino). Esto significa un factor de multiplicación de 1.250, muy lejos, pues, de los émulos actuales.
Ciertamente, son posibles algunas correcciones sobre las estimaciones basadas en la ocupación del suelo. Por ejemplo, téngase en cuenta que en las dos manifestaciones había un buen puñado de asistentes que eran menores y que, por tanto, estaban haciendo bulto pero no asistían libremente. Dadas las características del colectivo al que se dirigían las convocatorias, cabe suponer que la proporción de menores es mayor que en un colectivo representativo de la población. Quedémonos con los que tienen menos de 16 años, que representan el 16 por ciento de la población española. Supongamos, pues, que en estas manifestaciones los menores de 16 años son el 20 por ciento. Añadamos a ello que los niños, pese a tener menos volumen, ocupan más espacio, ya sea por sus naturales necesidades de movilidad, ya sea porque van en carritos. Por no ser drásticos, rebajaremos los cálculos en una persona por metro cuadrado en ambas manifestaciones, salvo en la del pasado día 30 en las zonas de la calle de Génova, Castellana y Recoletos, donde se mantienen las dos personas por metro cuadrado de la estimación inicial. Con esta corrección, quedarían 135.000 asistentes en 2005 y 137.000 en la del día 30. Descontando los menores de 16 años, da un total de 108.000 y 110.000, lo que eleva el factor de multiplicación a, respectivamente, 13,90 y 18,18, todavía muy lejos del original.
Aún sería posible algún perfeccionamiento más sutil. Por ejemplo, ¿cabe contabilizar como asistentes a una manifestación en favor de la familia a personas que están retiradas de la vida familiar convencional y alimentan formas «familiares» peculiares, alejadas del estándar católico y de tipo cuasimilitar, con voto de obediencia y sometimiento disciplinario incluidos? Me refiero, claro está, a tantos clérigos como se veían en las dos manifestaciones. Pero la exclusión de ese colectivo tampoco va a mejorar tanto el resultado.
La conclusión más pertinente es, creo yo, que una mentira tan gorda no puede justificarse por el cándido afán de emular al Maestro (se quedan muy lejos de su proeza), sino por la pura ambición de engañar, siguiendo a otro maestro, el que decía que una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad.
Y un tema de reflexión. Ambas manifestaciones han tenido lugar para pedir la reducción de derechos (y eso es discriminación, no precisamente positiva) a personas concretas. Y a pesar de eso, siguen recibiendo cuantiosos fondos públicos (no se olvide que la dichosa crucecita de la declaración del IRPF es, exclusivamente, para los sueldos de curas y obispos). No hace mucho han propugnado el incumplimiento de la ley por funcionarios y ciudadanos ¿Qué pasaría si cualquier otro colectivo hiciera lo mismo? A qué espera Garzón para abrir un procedimiento de ilegalización de la Iglesia católica, meter en chirona a Rouco y sus secuaces e incautar los bienes eclesiásticos? ¿O es que las exigencias no son iguales para todos? ¿Va a resultar cierto que quienes forman el clero católico son ciudadanos superiores a los demás?
Manifestación del 18 de junio de 2005. La imagen de Rouco con gorra de béisbol y gafas negras, ejerciendo de capo di tutti capi entre otros obispos de parecida guisa es imborrable. Pero más allá de la anécdota, los organizadores de la manifa dieron una cifra de 1.500.000 participantes. El cálculo del periódico El País, que puede calificarse de generoso puesto que se basaba en una ocupación de cuatro personas por metro cuadrado, estimaba la asistencia en 180.000 personas. El factor de multiplicación es, pues, de 8,33.
Manifestación del 30 de diciembre de 2007. Conmovedor e iluminador llamamiento de Rouco y García-Gasco en favor de la democracia y los derechos humanos. Hasta dónde llegará nuestra ignorancia que desconocíamos que ampliando derechos y libertades de los individuos se pone en peligro la misma democracia. Hay que decir en nuestro descargo que si san Agustín no pudo con lo de la Santísima Trinidad, ¿cómo vamos a poder nosotros, ignaros mortales, con semejante misterio? Pero vayamos a lo que interesa. La organización proporciona una cifra de 2.000.000 de asistentes. El periódico El País, aplicando una ocupación media por metro cuadrado de dos o tres personas, según zonas, obtiene un total de algo menos de 160.000 manifestantes. He de decir que no tengo una devoción especial por ese periódico, pero suele ser riguroso y certero en estos cálculos y, además, proporciona el método utilizado. A mayor abundamiento, es sintomático que en este caso la Comunidad de Madrid, fuente audaz, poco comedida y muy proclive al falseamiento de datos, no ha ofrecido ninguna estimación. El factor de multiplicación es de 12,5.
¿Qué pasa con el original, esto es, la multiplicación de los panes y los peces? Con ligeras variaciones, aparece narrado en los evangelios de san Marcos (6, 1-15) y san Juan (6, 30-46) (san Marcos vuelve a narrar un episodio similar unos capítulos más adelante, seguramente por despiste). Es el caso que con cinco panes y dos peces se dio de comer a una muchedumbre de 5.000 hombres. Y digo hombres porque no queda claro si sólo había hombres, si sólo se dio de comer a los hombres o si sólo se cuentan los hombres porque el resto (presumiblemente mujeres y niños) no es digno de consideración. Por no hacer cálculos complicados y tener que asignar ponderaciones a panes y peces, se puede admitir que, en una tesitura como la que había, con cinco panes y dos peces podían comer entre tres y cinco personas (en aquella época la dieta mediterránea consistía en cereales y vino). Esto significa un factor de multiplicación de 1.250, muy lejos, pues, de los émulos actuales.
Ciertamente, son posibles algunas correcciones sobre las estimaciones basadas en la ocupación del suelo. Por ejemplo, téngase en cuenta que en las dos manifestaciones había un buen puñado de asistentes que eran menores y que, por tanto, estaban haciendo bulto pero no asistían libremente. Dadas las características del colectivo al que se dirigían las convocatorias, cabe suponer que la proporción de menores es mayor que en un colectivo representativo de la población. Quedémonos con los que tienen menos de 16 años, que representan el 16 por ciento de la población española. Supongamos, pues, que en estas manifestaciones los menores de 16 años son el 20 por ciento. Añadamos a ello que los niños, pese a tener menos volumen, ocupan más espacio, ya sea por sus naturales necesidades de movilidad, ya sea porque van en carritos. Por no ser drásticos, rebajaremos los cálculos en una persona por metro cuadrado en ambas manifestaciones, salvo en la del pasado día 30 en las zonas de la calle de Génova, Castellana y Recoletos, donde se mantienen las dos personas por metro cuadrado de la estimación inicial. Con esta corrección, quedarían 135.000 asistentes en 2005 y 137.000 en la del día 30. Descontando los menores de 16 años, da un total de 108.000 y 110.000, lo que eleva el factor de multiplicación a, respectivamente, 13,90 y 18,18, todavía muy lejos del original.
Aún sería posible algún perfeccionamiento más sutil. Por ejemplo, ¿cabe contabilizar como asistentes a una manifestación en favor de la familia a personas que están retiradas de la vida familiar convencional y alimentan formas «familiares» peculiares, alejadas del estándar católico y de tipo cuasimilitar, con voto de obediencia y sometimiento disciplinario incluidos? Me refiero, claro está, a tantos clérigos como se veían en las dos manifestaciones. Pero la exclusión de ese colectivo tampoco va a mejorar tanto el resultado.
La conclusión más pertinente es, creo yo, que una mentira tan gorda no puede justificarse por el cándido afán de emular al Maestro (se quedan muy lejos de su proeza), sino por la pura ambición de engañar, siguiendo a otro maestro, el que decía que una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad.
Y un tema de reflexión. Ambas manifestaciones han tenido lugar para pedir la reducción de derechos (y eso es discriminación, no precisamente positiva) a personas concretas. Y a pesar de eso, siguen recibiendo cuantiosos fondos públicos (no se olvide que la dichosa crucecita de la declaración del IRPF es, exclusivamente, para los sueldos de curas y obispos). No hace mucho han propugnado el incumplimiento de la ley por funcionarios y ciudadanos ¿Qué pasaría si cualquier otro colectivo hiciera lo mismo? A qué espera Garzón para abrir un procedimiento de ilegalización de la Iglesia católica, meter en chirona a Rouco y sus secuaces e incautar los bienes eclesiásticos? ¿O es que las exigencias no son iguales para todos? ¿Va a resultar cierto que quienes forman el clero católico son ciudadanos superiores a los demás?
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