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viernes, 20 de agosto de 2010

Un suspenso para Banca Cívica

Es de esperar que los resultados de la prueba de esfuerzo (stress test) realizada a la banca española y europea no habrán sentado muy bien en la sede de Banca Cívica (en Madrid) ni, por tanto, en la de Caja Navarra (¿en Pamplona?). Los argumentos utilizados para justificar tales resultados han sido pueriles y consisten, en esencia, en el manido truco de matar al mensajero: el problema está, se ha dicho, en la metodología utilizada, sobre la que existe consenso en Europa. Ha faltado tiempo para anunciar la entrada de capital privado (estadounidense) y, por tanto, el inicio de la privatización de la entidad. Ciertamente, hay que situar la prueba de esfuerzo —que no de solvencia, como se ha llegado a escribir— en su contexto y no perder de vista lo que trata de medir. Como tampoco hay que olvidar las razones que llevaron al Gobierno y al Banco de España a realizar la prueba a un número inusitadamente elevado de entidades. Pero, finalmente, sólo cuatro de un total de veintisiete no la superaron. Así pues, las cosas no parecen ir como se anunció a bombo y platillo —en esa permanente confusión de información con propaganda— que iban a ir. La manera misma en que se anuncia la entrada de JC Flowers en Banca Cívica, y los detalles de la operación, no hacen sino añadir leña al fuego. Vayamos por partes.

sábado, 24 de abril de 2010

Banca Cívica: ¿operación incívica?

Las negociaciones sobre la formación de lo que se va a denominar Banca Cívica van a buen ritmo y, se dice, el Banco de España ve con buenos ojos la operación. Quizá el Banco de España sepa de qué va el asunto, pero si nos hemos de guiar por la información transmitida, trabajadores incluidos, todo es bastante oscuro. (El Consejo General de Caja Navarra aprobó por unanimidad la integración en Banca Cívica. De los sindicatos del régimen y el PSN cabe esperar bien poco. Pero el apoyo de IUN es incomprensible e ¿inexplicable?).

domingo, 28 de marzo de 2010

El tránsito de EHN a Iberdrola: de la economía productiva a la especulativa

En octubre de 2004 se cerró un acuerdo en virtud del cual Acciona adquiría el 50% del capital de Energía Hidroeléctrica de Navarra (EHN) a Sodena (39,58%) y Caja Navarra (10,42%). De esta manera Acciona se convertía en propietario único de EHN, puesto que en 2003 ya había adquirido el otro 50% a Cementos Portland (21%), Sodena y Caja Navarra (17%), así como la autocartera generada tras la retirada de Iberdrola (12%). Acciona es un conglomerado diversificado que, en el momento de su entrada en EHN contaba con una potencia instalada en energía eólica de 138 megavatios, frente a los 573 megavatios de EHN.

martes, 29 de julio de 2008

¿Banca (in)cívica?

Es de sobra conocida —y los excesos publicitarios no son ajenos a ello— la campaña de Caja Navarra de reparto de los fondos destinados a la obra social, denominada «banca cívica», con el lema «tú eliges: tú decides». Las entidades financieras son particularmente proclives a este tipo de campañas, con eslóganes rimbombantes, exhibición de medios y abundante derroche de materiales. Normalmente se refieren a cuestiones relacionadas con el negocio bancario, esto es, la oferta de productos financieros, ya sean de activo o de pasivo, para captar clientes. A veces, especialmente en las cajas por la obligación de destinar parte de sus beneficios a obras sociales, se busca ese objetivo indirectamente, mediante campañas de imagen. Lo habitual es que se una el nombre de la entidad a actividades de promoción y divulgación científica o artística, de recuperación del patrimonio histórico y artístico o de regeneración ambiental.

Caja Navarra da un paso más, pretendiendo que sean los clientes quienes decidan el uso de los fondos destinados a la obra social. La apariencia —tanto en diseño técnico como social— es impecable, pero puede dar lugar —seguramente ya está ocurriendo, por lo que se cuenta— a resultados perversos. Los clientes deben votar a cada proyecto concreto y se obliga a los aspirantes a pelearse por ayudas muchas veces ridículas. Basta con repasar los proyectos ahora en marcha, los que realmente se llevan financiación (y la cuantía obtenida) y el destino que se venía dando a esos fondos anteriormente. De seguir así, Caja Navarra terminará financiando paragüeros para clubes sociales, felpudos en casas parroquiales o porciones de parques infantiles por pueblos y barrios. Que no es que esté mal o sean innecesarios, pero se antoja un triste destino para una obra que se dice social. O quizá es un ejemplo más de la tradicional confusión entre lo social y la beneficencia.

Por supuesto, es una opción, difundir los fondos al máximo y hacerse presente en el último rincón de la Comunidad, aunque suena mucho a uso demagógico de unos fondos, con fines cosméticos. Además, es sabido que en muchas materias susceptibles de empleo de fondos de ese tipo existen mínimos o masas críticas que pueden aconsejar su concentración en proyectos concretos. Caja Navarra parece haber asumido el papel de demiurgo munificente, optando por la visibilidad extrema —no necesariamente transparencia— en la distribución del maná y renunciando de hecho a objetivos de promoción social, cultural y científica que deberían estar entre las prioridades de la entidad, dada su naturaleza. Que se obligue a las universidades a competir, proyecto a proyecto, en esta estrambótica feria, es la mejor prueba de que lo que se busca es exclusivamente imagen (objetivo conseguido, por cierto). Populismo en el reparto de fondo, incluso popularidad, no equivalen a rentabilidad social.

Quizá sería mejor que se dedicara a hacer una banca realmente sostenible, reduciendo el derroche energético de sus oficinas o el enorme e innecesario gasto en folletos, propaganda, revistas, catálogos y demás parafernalia relacionada con la ya desgastada «banca cívica». ¿Cuál será su huella ecológica? Puestos a calcular...

Y ya de paso, que se deje de adorar el becerro de oro de las ratios financieras para ser efectivamente instrumento de progreso económico y social. Todavía hay muchas cosas por aclarar en el asunto de la venta de EHN y la compra de acciones de Iberdrola, pero la información disponible da a entender que en el trasiego de operaciones alguien ganaba siempre (la «banca cívica») y alguien arriesgaba siempre (Sodena, léase Hacienda de Navarra).

No quiero terminar sin una mención a la minúscula presencia del euskera (salvo en la página web), como si no existiera o no fuera con una entidad que presume de estar tan profundamente enraizada. Seguramente habrá que esperar a que se consolide su expansión por la Comunidad Autónoma Vasca para que empiecen a preocuparse de esa lengua. ¿Será que no hay mal que por bien no venga?

jueves, 8 de mayo de 2008

La dura labor de oposición

Las elecciones de mayo de 2007 marcaron un hito significativo en el devenir político de Navarra. Aun manteniendo UPN la mayoría, los resultados permitían vislumbrar alternativas y un relevo en el liderazgo de la oposición. Bastaba que el PSN se olvidara de su tradicional política de obstrucción a cualquier alternativa a UPN para que fuera posible un gobierno progresista en Navarra.

Con todo, lo más significativo fue la emergencia —y como segunda fuerza— de Nafarroa Bai, una coalición de partidos que comparten una visión integradora y progresista de Navarra. Nafarroa Bai ha conseguido aglutinar buena parte de las esperanzas de cambio, constituyendo todo un fenómeno social y adquiriendo rápidamente entidad propia al sumar —sea cual sea el ámbito de referencia— bastante más que los partidos que la integran.

Pero hay una diferencia entre Nafarroa Bai y otras fuerzas políticas. Así como algunos partidos tienen —o presumen tener— un espacio considerado «propio» y que administran como una finca privada, el que obtuvo Nafarroa Bai no es una finca familiar, mucho menos de recreo. Es un usufructo, un préstamo de la ciudadanía que debe ser gestionado con esmero porque la sociedad espera que le sea devuelto mejorado, con réditos, y no aminorado por una mala administración o por haber sido, simplemente, dilapidado.

Ha pasado prácticamente un año desde las elecciones. Un período que se inicia con un verano traumático de negociaciones imposibles, con fundadas sospechas de que no llegarían a ningún sitio. Se hizo un buen papel y, creo, se estuvo a la altura de las circunstancias. Quedó bien claro que si finalmente no había gobierno progresista en Navarra no sería por culpa de Nafarroa Bai. Pero una vez las cosas establecidas «como Dios manda», «como debe ser», esto es, el orden natural de la derecha, tocaba ponerse a trabajar. Con el agravante u obstáculo de que el PSN mostraba su verdadera cara y se disponía a gobernar en férrea alianza con UPN. Nafarroa Bai quedaba, pues, como la oposición.

Decía Andreotti —tan pragmático y políticamente sabio como oscuro— que el poder desgasta a quien no lo tiene. La tarea de oposición es dura e ingrata. Pero es un trabajo que hay que hacer. Y no consiste simplemente en decir no a todo, ni en buscar las vueltas a lo que dice el Gobierno, ni en no querer
«mojarse» en los temas relevantes, mucho menos en intentar quedar bien permanentemente ante la opinión pública (el «coste cero» de la acción política es un objetivo pernicioso). La tarea de oposición consiste, por el contrario, en escudriñar, averiguar, controlar, conocer los temas y proponer alternativas solventes (aun al coste de perder una virginidad política poco deseable en quien aspira a gobernar). Es la única vía para ganar credibilidad y poder presentarse ante la ciudadanía con réditos suficientes para demostrarle que ha hecho un buen negocio.

Francamente, yo no diría que el balance de este año es alentador. En el debate presupuestario, la presencia de Nafarroa Bai fue testimonial y se desaprovechó el caudal de ideas y proyectos que existen y que con tanto entusiasmo y trabajo se han ido elaborando. En el asunto del Consejo General de Caja Navarra faltó fluidez en las comunicaciones. Y en un tema tan sensible como el euskera, se falla a la ciudadanía clamorosa y flagrantemente. Que es una reforma menor, de acuerdo. Que ha faltado cortesía parlamentaria, de acuerdo. Queda por saber si de haber estado presentes todos los parlamentarios de Nafarroa Bai la reforma hubiera salido igualmente adelante. Pero Nafarroa Bai ha incumplido su contrato. Y no basta con pedir disculpas. Es hora ya de empezar a asumir responsabilidades, también personales.

Y ponerse a trabajar sin dilación en alternativas de gobierno y no en meras glosas de decisiones o proyectos del Gobierno (que van a contar, ya se sabe de antemano, con el respaldo de sus coaligados socialistas). En el momento actual el PSN sólo vota contra UPN cuando se ve acorralado por compromisos electorales que, por haber sido tan voceados, no admiten marcha atrás. Y, con todo, el grupo parlamentario socialista tiene la cintura y el cinismo necesarios para decir diego donde dijo digo, así que las posibilidades no son muchas. Seguramente hay que fortalecer hábitos internos de trabajo en común (no en compartimentos estancos que sólo consensúan conclusiones) e ir creando y consolidando grupos de discusión, reflexión y elaboración de propuestas, plurales en su composición y especializados en su objeto, para apuntalar el trabajo parlamentario.

Quedan tres años de legislatura. Seguramente la legislatura más trascendental a la que se vaya a enfrentar Nafarroa Bai en mucho tiempo. En nuestras manos está aprovecharlos. Cuando el elector deposita su voto en la urna, implícitamente está exigiendo que el destinatario del voto no le falle. No sé si hasta ahora se ha fallado al electorado y a la sociedad. Pero a partir de ahora es un lujo que no está al alcance de Nafarroa Bai.

miércoles, 9 de abril de 2008

¿Crisis en Nafarroa Bai?

Nafarroa Bai está en crisis. Nafarroa Bai se rompe. Ya lo decía yo, dicen algunos chapoteando en el barro de sus temores y su nerviosismo. Como Sanz, líder de un partido caudillista y a pesar de ello fracturado y fatigado, con los cientos de puestos y sueldos públicos como único aglutinante. Lo dicen también en el PSN, dividido aún hoy en dos mitades, a pesar de los esfuerzos de la actual dirección por acallar, ignorar o depurar a los discrepantes.

El lehendakari Sanz, con su habitual desfachatez, dice que el nacionalismo es un cáncer. Y tiene razón. Su nacionalismo, sin ir más lejos, que sólo es capaz de medrar con el conflicto, la crispación, la satanización del disidente y la imposición de un concepto de España rancio y de trágico recuerdo como armas. Y no vamos a recurrir a la historia (ahí están sus ancestros políticos para dar lecciones de nacionalismo), basta la más reciente, los últimos cuatro años. Pero Sanz —y lo que representa— es un cáncer no sólo por nacionalista, sino por su falta de interés por liderar a toda la sociedad, representarla y trabajar por los intereses colectivos, por su incapacidad para proponer proyectos o ideas para el futuro. Un cáncer que lo va invadiendo todo, mutando la vitalidad y el dinamismo de toda una sociedad en oportunidades de negocio para unos pocos. ¡Qué casualidad que los tres últimos informes de la Cámara de Comptos hayan sido demoledores para la gestión que UPN hace de los dineros públicos! Obsérvese el panorama: si el Gobierno de Navarra se embarca en un proyecto industrial, es a rebufo de alguna empresa interesada (cuando no reacciona a golpe de ultimátum); si lanza un plan de vivienda, es porque se lo presentan promotores que no sólo se erigen en planificadores (nuestras ciudades al albur de intereses crematísticos particulares) sino que, para colmo, puentean así al Ayuntamiento afectado… ¿Quién gobierna en Navarra y para quién? ¿Dónde está el tumor? ¿Dónde la parálisis?

Así las cosas, tan grises (por no hablar del descalabro social que se avecina, tras el adelgazamiento de lo público a que hemos asistido estos años: mal para la educación, mal para la sanidad, se pretende arreglar todo con cemento), es normal que Sanz y su entorno político y mediático (ardua tarea discernir corifeo y coro) agranden cualquier atisbo de discrepancia, debate o, por qué no decirlo, franca discusión en Nafarroa Bai.

Que surgen discrepancias es evidente. Como en todo colectivo. En este caso se llegan a manifestar con crudeza, lo que no significa que esté desmoronándose o amenazada por la piqueta, qué más quisieran algunos. Se trata de una coalición joven, con mecanismos de adopción de decisiones y generación de consensos imperfectos y en fase de rodaje. También, hay que reconocerlo, con un hábito muy arraigado en los partidos que la forman de dirimir sus diferencias en la plaza pública. ¿Es eso malo? Es costumbre criticar el autoritarismo, la cerrazón o la falta de debate interno en las organizaciones. Pero cuando se observan discrepancias en alguna de ellas se pone, incoherente e interesadamente, el grito en el cielo. ¿En qué quedamos? ¿Habrá que recordar las vendettas a que hemos asistido la pasada legislatura foral en el seno de UPN, sirviéndose para ello —y eso sí es grave— de la Administración Pública? ¿Habríamos sabido algo de Humanismo y Democracia de no existir esa pelea? ¿Nos hemos olvidado de cómo se dirimió el último congreso del PSN? Por poner ejemplos cercanos, que ahí anda Esperanza Aguirre atronando el solar hispano con sus gritos de guerra para ajustar las cuentas a Rajoy (la concepción que del liberalismo tiene Aguirre es una rareza intelectual digna de glosa).

Nafarroa Bai, para pasmo y desconcierto, primero, y mal disimulado nerviosismo, después, ha logrado articular un proyecto de cambio para Navarra progresista e integrador y ha conseguido unir a un sector de la sociedad tradicionalmente silenciado u obviado mediante el reparto canovista de cuotas de poder o el puro soborno político de los más sumisos (es lo que tiene administrar las prebendas). Y aspira, además, a contribuir a la unión de fuerzas progresistas de Navarra para conseguir el cambio político. Naturalmente, eso no gusta. Y no gusta, en primer lugar, a quienes pretendiendo impedir una supuesta venta de Navarra que sólo existía en sus delirios y terrores nocturnos, consiguieron mantenerse en el poder a coste cero. O a quienes se han instalado en una posición vicaria al cómodo abrigo del presupuesto público.

Se habla de ineficacia en la gestión. ¿Barañain? Los que impiden el gobierno municipal son los que, dentro incluso del PSN, negaron el pan y la sal al anterior alcalde. ¿Zizur? Un grave error, ya reconocido, al elegir a alguien que parece anteponer el medro personal al servicio público. La prueba es que después de arremeter contra todo lo que se movía ha terminado votando con UPN… curioso. ¿Beriain? Léase la carta objeto de disputa y sáquense conclusiones.

Por más que se diga, Nafarroa Bai sigue viva. Hace cuatro años se iba a desleír como un azucarillo. Ahora es un cáncer. Significativa la evolución metafórica, se van resignando, señal que cabalgamos. La última trifulca, debidamente comentada por Sanz y su troupe, no ha sido más que una confrontación de concepciones sobre el tipo de representante que conviene tener en el Consejo General de Caja Navarra; una fiebre infantil de la que la criatura no puede sino salir fortalecida, porque no anda mal de anticuerpos. Eso sí, se impone ya ese debate interno tantas veces aplazado sobre organización, toma de decisiones, apertura a la sociedad, formas de afiliación o el papel de los independientes, que no han de ser la alternativa —una competencia indeseada— a los militantes de los partidos, sino su complemento, el engrudo que hace que Nafarroa Bai sea bastante más que la suma de sus partes. Ello requiere trabajo, pero en Nafarroa Bai hay capacidad, capital humano (empezando por una militancia no siempre reconocida y a veces sacrificada en el altar de intereses superiores) y un proyecto de futuro. Seguramente el primer proyecto realmente integrador, que concibe Navarra como un todo, y no como realidades enfrentadas o la mera yuxtaposición de identidades, algunas molestas. En Nafarroa Bai cabe toda Navarra. Está por ver si otros pueden decir, y practicar, lo mismo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

La oportunidad perdida con EHN

En octubre de 2004 se cerró un acuerdo en virtud del cual Acciona adquiría el 50% del capital de Energía Hidroeléctrica de Navarra (EHN) a Sodena (39,58%) y Caja Navarra (10,42%). De esta manera Acciona se convertía en propietario único de EHN, puesto que en 2003 ya había adquirido el otro 50% a Cementos Portland (21%), Sodena y Caja Navarra (17%), así como la autocartera generada tras la retirada de Iberdrola (12%). Acciona es un conglomerado diversificado que, en el momento de su entrada en EHN contaba con una potencia instalada en energía eólica de 138 megavatios, frente a los 573 megavatios de EHN.

La operación suscitó considerable polémica, por su justificación, por el procedimiento seguido —de dudosa legalidad— y por el uso que se dio a los 307 millones de euros en plusvalías obtenidos por el Gobierno de Navarra, invertidos en Iberdrola en unas condiciones más que discutibles. Entre las razones para justificar la venta, se adujo que ya había sido completado el mapa eólico de Navarra o que el plan estratégico de EHN preveía unas inversiones de 2.000 millones de euros que el sector público navarro no podía asumir. Y, sobre ellas, la fundamental, la más esclarecedora: era, en palabras de Sanz, «positiva para los intereses generales de los navarros». Dejando aparte esta última, por vacía e inconsistente, las otras dos tampoco tienen demasiada enjundia y parecen más bien dictadas por la necesidad de decir algo: la primera porque EHN estaba ya experimentando una expansión que, en la medida en que podía permitir la adquisición de una dimensión adecuada para enfrentarse a las necesidades financieras que impone mantenerse tecnológicamente en puestos de cabeza, ha de ser considerada saludable; la segunda, porque el mencionado plan fue elaborado estando ya Acciona en EHN y, seguramente, atendiendo a sus intereses corporativos.

No es raro que una empresa llegue a un punto en su existencia en el que se enfrente a la disyuntiva de dar el salto más allá de su mercado de origen (muchas veces regional o local) o desaparecer en el torbellino de la competencia internacional. Es, pues, una cuestión de pura supervivencia, que puede asegurarse (de tener éxito) por dos vías: el crecimiento a partir de los propios recursos o la integración en una empresa o grupo más grande, a menudo multinacional. El grupo cooperativo de Mondragón (con 4.000 empleos en Navarra) es un ejemplo de lo primero; la fuerte presencia de multinacionales en Navarra refleja, en parte, lo segundo). Que se opte por una u otra vía depende tanto de la idiosincrasia empresarial como del contexto, es decir, del sesgo de la política industrial y tecnológica (cuando existe).

Tradicionalmente la políticas de fomento han consistido en Navarra en la atracción de inversiones foráneas. Ello ha dado buenos resultados y ha permitido un crecimiento sostenido, con sus efectos ya conocidos sobre la renta y el empleo. A cambio, los centros de decisión están fuera. Además, los grupos multinacionales tienden a localizar sus actividades de I+D allí donde se ubica la sede social de la empresa, normalmente su lugar de origen. Navarra puede terminar, como consecuencia de este proceso, reducida a una región puramente manufacturera, con el riesgo consiguiente —esta vez sí— de deslocalización.

EHN reunía las condiciones para superar estos dos obstáculos. Por un lado, podía haber sido el centro de un grupo industrial potente con centro en Navarra (toma de decisiones, I+D); por otro, constituir el motor del desarrollo tecnológico en un campo tan sensible y con tantas posibilidades de futuro como el de las energías alternativas. A pesar del compromiso de Acciona, las decisiones de mayor trascendencia ya no se toman aquí y, en cualquier caso, se está al albur de la conveniencia de una empresa cuyo grado de compromiso puede variar por circunstancias que quedan fuera del control del Gobierno de Navarra. Cuando tantos gobiernos desearían tener una herramienta como EHN para incidir en el desarrollo económico y tecnológico, en Navarra se desperdicia con razones, las oficiales, de escaso fuste.

(Publicado en El Debate de Navarra el 10 de noviembre de 2007)

miércoles, 8 de agosto de 2007

PPSOE, UPSN: debitum sexum?

Quod natura non dat Salamanticam non praestat. Así dice el aforismo, recogiendo una idea de sentido común y validez general... salvo en Navarra, donde debe ser adaptado y hasta rebatido o contradicho para expresar adecuadamente su realidad política: lo que las urnas no dan Ferraz lo presta, en el que quizá sea el mayor fiasco político que se haya dado en Navarra en los últimos treinta años; y eso que se puede exhibir un abultado muestrario. Como suele ser habitual, el protagonista es el PSN. Más bien sus dirigentes, porque la militancia ha dado una lección de dignidad, coherencia (Dios, que buen vassalo si ouesse buen sennor!) y ahora resignación. Algo le pasa a ese partido —experto en captar voto de izquierdas para entregar el poder a la derecha— porque desde las trapazas de Urralburu no deja de pifiarla una y otra vez. Cuando el electorado parece haber olvidado, perdonado o, al menos, superado la última, la vuelven a hacer. Curiosamente, los sucesivos protagonistas han ido a parar, en su mayor parte, a la cárcel o —de hecho o de derecho— a UPN.

La última, la alianza UPN-PSN (ahí andarán a la greña socialistas y convergentes toda la legislatura por ver quién se lleva los caramelos y se queda como bisagra), arrumbados como si nunca hubieran existido el «decálogo» de Sanz o las condiciones de Chivite para el pacto (la palabra de José Blanco es ahora suficiente para Sanz). Por supuesto, cada partido es libre de pactar y ayuntar sus votos y escaños con quien le parezca, aun a costa de alterar o contradecir flagrantemente los mensajes preelectorales.

Ahora bien, la manera como se ha llegado a la actual situación muestra, contradiciendo el chovinismo casposo y sucursalista de UPN (Navarra siempre p’alante, así se estrelle) o el engolamiento tecnocrático del PSN, que ni uno ni otro tiene capacidad de decisión sobre Navarra, convertida en juguete de intereses espurios, objeto de un peloteo desganado, como si los jugadores estuvieran —están— en otra cosa. Desde hace mucho se alimenta la autoestima de los navarros con el mito de que Navarra es una cuestión de Estado. Y se repite tanto que se asume con naturalidad como un dato. Lo ocurrido los últimos meses prueba que, lejos de eso, Navarra no es más que un instrumento cómodo para conseguir otros fines, porque si se pierde el envite el coste es reducido.

Muestra también la contumacia de Zapatero en gobernar según encuestas y sondeos, un vicio poco recomendable en política porque lleva a olvidarse de los principios y aboca a un pragmatismo desmedido. La primera consecuencia en el tema que nos ocupa —enésimo ejemplo de lo poco que cuenta Navarra en Madrid— es que el voto de un navarro (especialmente si va al PSOE) se valora mucho menos que el de un extremeño, un castellano o un murciano. Menos que esos votos que —dicen— perdería el PSOE en la España profunda si se aliara con Nafarroa Bai, votos de la manipulación, la mentira y la ignorancia. La segunda consecuencia es que Zapatero se echa en brazos —o se acerca un poco más— a ese sector del PSOE jacobino, nacionalista (español), y con un ramalazo autoritario y rancio, tan bien representado por gentes como Bono, Rodríguez Ibarra, Vázquez y hasta Guerra. Queda ya poco de ese Zapatero que llegó al Gobierno («no nos falles», le decían) cabalgando una ola de indignación pero también de convicción, dada la situación de auténtica emergencia democrática a que abocó el gobierno de Aznar. Además, los sondeos que tanto mira Zapatero muestran que entrar en el discurso mentiroso y manipulador del PP y actuar a la defensiva, justificándose continuamente en lugar de hacer pedagogía política, es una estrategia perdedora. De hecho, sólo han sido capaces de conseguir una ventaja de tres puntos (que se puede esfumar en cualquier momento), a pesar de algunos logros sociales y un panorama macroeconómico inmejorable (crecimiento, desempleo, inflación; otra cosa es lo que sale cuando se rasca en las cifras). Pero nadie en el PSOE se escandaliza ni responde a las impúdicas y vergonzosas declaraciones de San Gil a costa de Navarra en su rentrée política (contra lo que pueda parecer, quien más se inmiscuye desde la Comunidad Autónoma Vasca en los asuntos de Navarra es el PP que, para colmo, insiste en equipararla con Álava: la cuarta provincia que decía Sanz, es una realidad para el PP y el diktat llega no pocas veces desde Vitoria).

En Navarra hay un acuerdo, explícito o tácito, entre UPN y PSN para dejar fuera de cualquier cargo a Nafarroa Bai, con la justificación de una supuesta deslealtad institucional. Tanta pureza democrática parece ocultar únicamente miedo. Miedo a que si Nafarroa Bai asume responsabilidades de gobierno, se evidencie capacidad de gestión y un proyecto alternativo sin que, para colmo, pase nada. Porque la única fuerza política que, hoy por hoy, defiende la identidad de Navarra y pretende profundizar su autogobierno (su capacidad de decisión) es Nafarroa Bai. Así, unos y otros se quedarían sin coartada ideológica y, quizá, sin parte de sus votantes. El precio de esa actitud es el deterioro de la calidad de la democracia: se puede votar a Nafarroa Bai, pero no sirve de nada, porque para ello ya se apañan alianzas imposibles. Tampoco hay que sorprenderse mucho, cuando hay opciones a las que no es posible votar, la monarquía sigue siendo intocable y hasta se secuestran semanarios o se persiguen periódicos por ironizar sobre noticias nunca desmentidas.

Para el PP, que no oculta su alegría por una victoria más de su política de miedo y chantaje, es el triunfo de los que defienden España. Triste España la suya, que sólo puede mantenerse unida por la fuerza o desnaturalizando la democracia. Han optado por el palo en lugar de la convicción («venceréis, pero no convenceréis») y el PSOE se ha sumado obedientemente a esa estrategia. A mayor abundamiento, queda la sospecha de que el PSOE renunció a forzar unas nuevas elecciones (posibilidad que se barajó en algún momento) precisamente porque los sondeos mostraban que UPN no obtenía la mayoría absoluta.

Una de las imágenes de la campaña electoral del PSN presentaba a Puras aplaudido por Zapatero y el lema «el cambio que Navarra se merece». Ahora queda claro qué es lo que, para el PSOE, nos merecemos. En el siglo XVIII los moralistas distinguían entre la sodomía y la bestialidad, porque la primera era accessus ad non debitum sexum y la segunda concubitus cum individuo alterius speciei. ¿A cuál de ellas corresponderá el engendro UPSN? ¿O nos estaremos dejando engañar por las apariencias y no será más que debitum sexum?


(Diario de Noticias, 8 de agosto de 2007)