Nafarroa Bai está inmersa en un intenso, denso y a menudo tenso debate. Todo el mundo lo sabe, no se oculta e, incluso, algunos medios tienden a exagerarlo, ellos sabrán con qué fines. Es curioso lo que ocurre con los partidos y las organizaciones políticas en general. Cuando se debate (véase el caso de las primarias en el PSOE madrileño), desde dentro se apela a la higiene o buena salud democrática y desde fuera se critica, aludiéndose a la división y la escasa fiabilidad. Se llega a poner como ejemplo de buen funcionamiento el del PP, tan parecido al sistema del «dedazo» mexicano. Y siempre es lo mismo. ¿Quién es más fiable, quien debate internamente o quien en tiempos de crisis reorienta el presupuesto para seguir alimentando la cuenta de resultados de los de siempre, a costa de un inmenso derroche? ¿El que debate o el que promete cambio y asegura su disposición a adelantar por la izquierda, para quedarse en monaguillo del derrochador? ¿Quien debate o quien dice ser de izquierdas pero sanciona la operación de Banca Cívica?
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lunes, 8 de noviembre de 2010
Nafarroa Bai, la izquierda y el nacionalismo
Nafarroa Bai está inmersa en un intenso, denso y a menudo tenso debate. Todo el mundo lo sabe, no se oculta e, incluso, algunos medios tienden a exagerarlo, ellos sabrán con qué fines. Es curioso lo que ocurre con los partidos y las organizaciones políticas en general. Cuando se debate (véase el caso de las primarias en el PSOE madrileño), desde dentro se apela a la higiene o buena salud democrática y desde fuera se critica, aludiéndose a la división y la escasa fiabilidad. Se llega a poner como ejemplo de buen funcionamiento el del PP, tan parecido al sistema del «dedazo» mexicano. Y siempre es lo mismo. ¿Quién es más fiable, quien debate internamente o quien en tiempos de crisis reorienta el presupuesto para seguir alimentando la cuenta de resultados de los de siempre, a costa de un inmenso derroche? ¿El que debate o el que promete cambio y asegura su disposición a adelantar por la izquierda, para quedarse en monaguillo del derrochador? ¿Quien debate o quien dice ser de izquierdas pero sanciona la operación de Banca Cívica?domingo, 10 de octubre de 2010
Independientes en Nafarroa Bai
Soy independiente. He asumido gustosamente un compromiso público con Nafarroa Bai cuando se ha estimado que mi colaboración podía ser conveniente u oportuna. A día de hoy mantengo tal compromiso, aunque no tenga una expresión pública explícita.domingo, 8 de agosto de 2010
Independientes en Nafarroa Bai: una aportación
La prensa de estos días se ha hecho eco de la existencia de foros de debate, discusión, reflexión y hasta organización en Nafarroa Bai y al margen de los partidos de la coalición. Particularmente, hay un grupo de independientes (no descubro nada, ha aparecido, además de en la prensa, en algún blog; tampoco se han hecho las cosas de forma clandestina) que se reunieron el pasado cinco de julio para reflexionar sobre la supervivencia de Nafarroa Bai y elaborar sus propias propuestas, especialmente en el ámbito organizativo. No soy quién para hablar en nombre de nadie, ni siquiera para resumir ideas expuestas y mucho menos valoraciones sobre estados de ánimo. Por eso me limito aquí a exponer mis ideas sobre algunas cuestiones que se suscitaron.lunes, 17 de mayo de 2010
Vindicación de un acuerdo
En los últimos tiempos diríase que en Nafarroa Bai ha habido un empeño explícito y denodado en hacer las cosas de la peor forma posible. La situación en la CAV no ha sido ajena a todo ello. Como tampoco la obsesión casi enfermiza por vigilar y estar más pendiente del socio que del contrincante y dirimir las diferencias en la plaza pública y no precisamente con maneras corteses, intentando hacer pasar por transparencia el navajeo inclemente y muchas veces gratuito.domingo, 30 de agosto de 2009
Canícula foral
Hay épocas del año particularmente propicias para perderse por andurriales en los que no es fácil acceder a la prensa habitual, especialmente la más cercana. La ausencia de información resultante tiene también sus ventajas. Además de ser un ejercicio higiénico, a la vuelta, al repasar la hemeroteca, se ven los acontecimientos con más desapego y dosis mayores de sorna y hasta escepticismo; también es más fácil extraer lo fundamental, así como apreciar con mayor nitidez las posiciones relativas de los distintos medios y su manera de informar, pero también de desinformar, manipular y hasta definir pautas, que de todo hay.
domingo, 18 de mayo de 2008
Condenas y complejos
Supongo que en Nafarroa Bai la costumbre de ser objeto de escrutinio permanente está tan arraigada que puede terminar por generar una especie de adicción a chutes periódicos de adrenalina organizativa (si tal cosa pudiere existir). Y no es que esto ocurra porque se busque deliberadamente, ni siquiera por torpeza, negligencia o falta de previsión (a veces sí, que nadie está libre de pecado). No hace falta ser muy avispado ni estar muy al tanto de los entresijos políticos para adivinar que hay mucha gente (entiéndase: personas, organizaciones, medios de comunicación) vivamente interesada en airear y tergiversar cuanto procede de Nafarroa Bai, haya motivo o no. Que el motivo es nimio, se exagera hasta la caricatura; que ni siquiera existe, se fabrica.
No se confunda esta reflexión con victimismo en ningún grado. Personalmente creo que es saludable para mantener debidamente lubricados los reflejos colectivos. Y, qué diablos, si se ocupan tanto de Nafarroa Bai no va a ser porque consideren que es irrelevante (señal que cabalgamos, que diría alguien). Pero es verdad que a veces afloran complejos, una especie de necesidad de no ser castigados, ser aceptados o, simplemente, obtener una mirada amable del padre padrone.
Con la condena del atentado terrorista de Legutiano parece haberse dado una mezcla de todo. Ha habido mucho de creación de una noticia que no era tal, incluso de manipulación periodística, llegándose a decir que Nafarroa Bai no condenaba el atentado o divagando sobre si Nafarroa Bai apoyaba unas cosas en unos sitios y otras en otros y exigiéndole una coherencia que nadie más tiene. Y también se han manifestado esos complejos.
Vamos con las incoherencias: UPN, por ejemplo, votó en contra (no le bastó la abstención) de un texto en el Parlamento de Navarra que el PP había apoyado en el Parlamento Vasco, distinto a su vez del que el PP y sus acólitos navarros apoyaron en el Congreso de los Diputados. Por primera vez en mucho tiempo, el PP ha permitido la unanimidad en Madrid, al renunciar a imponer su consabido apartado sobre la prohibición al Gobierno de negociar con ETA. El PSOE ha votado tres textos distintos, en Madrid, Vitoria y Pamplona; y en Pamplona se abstuvo respecto al texto que sí había apoyado en Vitoria. ¿Quién da más? ¿Dónde está el problema?
Vamos con el contenido: ¿alguien tiene algo que reprochar al texto propuesto por Nafarroa Bai en el Parlamento de Navarra? ¿por qué hay quien se empeña, también en Nafarroa Bai, en hacer el juego incluso a esa extrema derecha que proclama que si no estás con ella en sus delirios ultranacionalistas eres un terrorista peligroso, que pretende marcar como camino único lo que no es sino su particular visión de las cosas? Nafarroa Bai está obligada a tener su propio criterio, a definir su posición y defenderla. Su calidad de segunda fuerza política en el Parlamento de Navarra la avala. Ni es una vergüenza ni va en menoscabo de su dignidad y capacidad política. Todo lo contrario. Más aún, desde un punto de vista formal, ético y político, el texto de Nafarroa Bai era superior al de UPN.
El problema de las condenas de los actos terroristas es que todo el mundo se siente obligado a decir las cosas más duras y más duras cada vez, de forma que, al final, se convierten en rosarios de palabras altisonantes que no dicen nada por el abuso que de ellas se hace, cuando la lengua (cualquiera de ellas) posee expresiones mucho más sencillas pero igualmente rotundas y claras. Es parte de la perversión de lo políticamente correcto, pero es también fruto de la estulticia, la negligencia o la dejadez. La defensa de los derechos humanos —pues de eso se trata— no requiere insultos, ni desmesura ni palabras grandilocuentes, sino serenidad y palabras claras y sencillas, aunque sean siempre las mismas. Tampoco un comunicado de condena es lugar para hacer comulgar a nadie con ruedas de molino, practicar jugarretas de bajo nivel o entrar en cuestiones de política penal y penitenciaria, mucho menos cuando es institucional.
Por poner un ejemplo, estoy seguro que esta derecha (sociológica) de nuestros pecados no habría consentido una placa como la del monumento a los fueros: «Se erigió este monumento para conmemorar la unión de los navarros en defensa de sus libertades. Libertades aún más dignas de amor que la propia vida». Apostaría a que, hoy, alguien se habría empeñado en añadir algo así como: «dentro de la sagrada e indisoluble unidad de España»; e igualmente habría habido voces, aventuro, partidarias de tragar y callar con tal de no quedar mal. A la vista de cómo han evolucionado otras personas, muchos acomplejados corren el riesgo, de no controlarse, de terminar envueltos en la bandera monárquica y dando vivas a la Virgen del Pilar. Que no es que tenga nada de malo, pero tampoco es eso.
No se confunda esta reflexión con victimismo en ningún grado. Personalmente creo que es saludable para mantener debidamente lubricados los reflejos colectivos. Y, qué diablos, si se ocupan tanto de Nafarroa Bai no va a ser porque consideren que es irrelevante (señal que cabalgamos, que diría alguien). Pero es verdad que a veces afloran complejos, una especie de necesidad de no ser castigados, ser aceptados o, simplemente, obtener una mirada amable del padre padrone.
Con la condena del atentado terrorista de Legutiano parece haberse dado una mezcla de todo. Ha habido mucho de creación de una noticia que no era tal, incluso de manipulación periodística, llegándose a decir que Nafarroa Bai no condenaba el atentado o divagando sobre si Nafarroa Bai apoyaba unas cosas en unos sitios y otras en otros y exigiéndole una coherencia que nadie más tiene. Y también se han manifestado esos complejos.
Vamos con las incoherencias: UPN, por ejemplo, votó en contra (no le bastó la abstención) de un texto en el Parlamento de Navarra que el PP había apoyado en el Parlamento Vasco, distinto a su vez del que el PP y sus acólitos navarros apoyaron en el Congreso de los Diputados. Por primera vez en mucho tiempo, el PP ha permitido la unanimidad en Madrid, al renunciar a imponer su consabido apartado sobre la prohibición al Gobierno de negociar con ETA. El PSOE ha votado tres textos distintos, en Madrid, Vitoria y Pamplona; y en Pamplona se abstuvo respecto al texto que sí había apoyado en Vitoria. ¿Quién da más? ¿Dónde está el problema?
Vamos con el contenido: ¿alguien tiene algo que reprochar al texto propuesto por Nafarroa Bai en el Parlamento de Navarra? ¿por qué hay quien se empeña, también en Nafarroa Bai, en hacer el juego incluso a esa extrema derecha que proclama que si no estás con ella en sus delirios ultranacionalistas eres un terrorista peligroso, que pretende marcar como camino único lo que no es sino su particular visión de las cosas? Nafarroa Bai está obligada a tener su propio criterio, a definir su posición y defenderla. Su calidad de segunda fuerza política en el Parlamento de Navarra la avala. Ni es una vergüenza ni va en menoscabo de su dignidad y capacidad política. Todo lo contrario. Más aún, desde un punto de vista formal, ético y político, el texto de Nafarroa Bai era superior al de UPN.
El problema de las condenas de los actos terroristas es que todo el mundo se siente obligado a decir las cosas más duras y más duras cada vez, de forma que, al final, se convierten en rosarios de palabras altisonantes que no dicen nada por el abuso que de ellas se hace, cuando la lengua (cualquiera de ellas) posee expresiones mucho más sencillas pero igualmente rotundas y claras. Es parte de la perversión de lo políticamente correcto, pero es también fruto de la estulticia, la negligencia o la dejadez. La defensa de los derechos humanos —pues de eso se trata— no requiere insultos, ni desmesura ni palabras grandilocuentes, sino serenidad y palabras claras y sencillas, aunque sean siempre las mismas. Tampoco un comunicado de condena es lugar para hacer comulgar a nadie con ruedas de molino, practicar jugarretas de bajo nivel o entrar en cuestiones de política penal y penitenciaria, mucho menos cuando es institucional.
Por poner un ejemplo, estoy seguro que esta derecha (sociológica) de nuestros pecados no habría consentido una placa como la del monumento a los fueros: «Se erigió este monumento para conmemorar la unión de los navarros en defensa de sus libertades. Libertades aún más dignas de amor que la propia vida». Apostaría a que, hoy, alguien se habría empeñado en añadir algo así como: «dentro de la sagrada e indisoluble unidad de España»; e igualmente habría habido voces, aventuro, partidarias de tragar y callar con tal de no quedar mal. A la vista de cómo han evolucionado otras personas, muchos acomplejados corren el riesgo, de no controlarse, de terminar envueltos en la bandera monárquica y dando vivas a la Virgen del Pilar. Que no es que tenga nada de malo, pero tampoco es eso.
jueves, 8 de mayo de 2008
La dura labor de oposición
Las elecciones de mayo de 2007 marcaron un hito significativo en el devenir político de Navarra. Aun manteniendo UPN la mayoría, los resultados permitían vislumbrar alternativas y un relevo en el liderazgo de la oposición. Bastaba que el PSN se olvidara de su tradicional política de obstrucción a cualquier alternativa a UPN para que fuera posible un gobierno progresista en Navarra.
Con todo, lo más significativo fue la emergencia —y como segunda fuerza— de Nafarroa Bai, una coalición de partidos que comparten una visión integradora y progresista de Navarra. Nafarroa Bai ha conseguido aglutinar buena parte de las esperanzas de cambio, constituyendo todo un fenómeno social y adquiriendo rápidamente entidad propia al sumar —sea cual sea el ámbito de referencia— bastante más que los partidos que la integran.
Pero hay una diferencia entre Nafarroa Bai y otras fuerzas políticas. Así como algunos partidos tienen —o presumen tener— un espacio considerado «propio» y que administran como una finca privada, el que obtuvo Nafarroa Bai no es una finca familiar, mucho menos de recreo. Es un usufructo, un préstamo de la ciudadanía que debe ser gestionado con esmero porque la sociedad espera que le sea devuelto mejorado, con réditos, y no aminorado por una mala administración o por haber sido, simplemente, dilapidado.
Ha pasado prácticamente un año desde las elecciones. Un período que se inicia con un verano traumático de negociaciones imposibles, con fundadas sospechas de que no llegarían a ningún sitio. Se hizo un buen papel y, creo, se estuvo a la altura de las circunstancias. Quedó bien claro que si finalmente no había gobierno progresista en Navarra no sería por culpa de Nafarroa Bai. Pero una vez las cosas establecidas «como Dios manda», «como debe ser», esto es, el orden natural de la derecha, tocaba ponerse a trabajar. Con el agravante u obstáculo de que el PSN mostraba su verdadera cara y se disponía a gobernar en férrea alianza con UPN. Nafarroa Bai quedaba, pues, como la oposición.
Decía Andreotti —tan pragmático y políticamente sabio como oscuro— que el poder desgasta a quien no lo tiene. La tarea de oposición es dura e ingrata. Pero es un trabajo que hay que hacer. Y no consiste simplemente en decir no a todo, ni en buscar las vueltas a lo que dice el Gobierno, ni en no querer «mojarse» en los temas relevantes, mucho menos en intentar quedar bien permanentemente ante la opinión pública (el «coste cero» de la acción política es un objetivo pernicioso). La tarea de oposición consiste, por el contrario, en escudriñar, averiguar, controlar, conocer los temas y proponer alternativas solventes (aun al coste de perder una virginidad política poco deseable en quien aspira a gobernar). Es la única vía para ganar credibilidad y poder presentarse ante la ciudadanía con réditos suficientes para demostrarle que ha hecho un buen negocio.
Francamente, yo no diría que el balance de este año es alentador. En el debate presupuestario, la presencia de Nafarroa Bai fue testimonial y se desaprovechó el caudal de ideas y proyectos que existen y que con tanto entusiasmo y trabajo se han ido elaborando. En el asunto del Consejo General de Caja Navarra faltó fluidez en las comunicaciones. Y en un tema tan sensible como el euskera, se falla a la ciudadanía clamorosa y flagrantemente. Que es una reforma menor, de acuerdo. Que ha faltado cortesía parlamentaria, de acuerdo. Queda por saber si de haber estado presentes todos los parlamentarios de Nafarroa Bai la reforma hubiera salido igualmente adelante. Pero Nafarroa Bai ha incumplido su contrato. Y no basta con pedir disculpas. Es hora ya de empezar a asumir responsabilidades, también personales.
Y ponerse a trabajar sin dilación en alternativas de gobierno y no en meras glosas de decisiones o proyectos del Gobierno (que van a contar, ya se sabe de antemano, con el respaldo de sus coaligados socialistas). En el momento actual el PSN sólo vota contra UPN cuando se ve acorralado por compromisos electorales que, por haber sido tan voceados, no admiten marcha atrás. Y, con todo, el grupo parlamentario socialista tiene la cintura y el cinismo necesarios para decir diego donde dijo digo, así que las posibilidades no son muchas. Seguramente hay que fortalecer hábitos internos de trabajo en común (no en compartimentos estancos que sólo consensúan conclusiones) e ir creando y consolidando grupos de discusión, reflexión y elaboración de propuestas, plurales en su composición y especializados en su objeto, para apuntalar el trabajo parlamentario.
Quedan tres años de legislatura. Seguramente la legislatura más trascendental a la que se vaya a enfrentar Nafarroa Bai en mucho tiempo. En nuestras manos está aprovecharlos. Cuando el elector deposita su voto en la urna, implícitamente está exigiendo que el destinatario del voto no le falle. No sé si hasta ahora se ha fallado al electorado y a la sociedad. Pero a partir de ahora es un lujo que no está al alcance de Nafarroa Bai.
Con todo, lo más significativo fue la emergencia —y como segunda fuerza— de Nafarroa Bai, una coalición de partidos que comparten una visión integradora y progresista de Navarra. Nafarroa Bai ha conseguido aglutinar buena parte de las esperanzas de cambio, constituyendo todo un fenómeno social y adquiriendo rápidamente entidad propia al sumar —sea cual sea el ámbito de referencia— bastante más que los partidos que la integran.
Pero hay una diferencia entre Nafarroa Bai y otras fuerzas políticas. Así como algunos partidos tienen —o presumen tener— un espacio considerado «propio» y que administran como una finca privada, el que obtuvo Nafarroa Bai no es una finca familiar, mucho menos de recreo. Es un usufructo, un préstamo de la ciudadanía que debe ser gestionado con esmero porque la sociedad espera que le sea devuelto mejorado, con réditos, y no aminorado por una mala administración o por haber sido, simplemente, dilapidado.
Ha pasado prácticamente un año desde las elecciones. Un período que se inicia con un verano traumático de negociaciones imposibles, con fundadas sospechas de que no llegarían a ningún sitio. Se hizo un buen papel y, creo, se estuvo a la altura de las circunstancias. Quedó bien claro que si finalmente no había gobierno progresista en Navarra no sería por culpa de Nafarroa Bai. Pero una vez las cosas establecidas «como Dios manda», «como debe ser», esto es, el orden natural de la derecha, tocaba ponerse a trabajar. Con el agravante u obstáculo de que el PSN mostraba su verdadera cara y se disponía a gobernar en férrea alianza con UPN. Nafarroa Bai quedaba, pues, como la oposición.
Decía Andreotti —tan pragmático y políticamente sabio como oscuro— que el poder desgasta a quien no lo tiene. La tarea de oposición es dura e ingrata. Pero es un trabajo que hay que hacer. Y no consiste simplemente en decir no a todo, ni en buscar las vueltas a lo que dice el Gobierno, ni en no querer «mojarse» en los temas relevantes, mucho menos en intentar quedar bien permanentemente ante la opinión pública (el «coste cero» de la acción política es un objetivo pernicioso). La tarea de oposición consiste, por el contrario, en escudriñar, averiguar, controlar, conocer los temas y proponer alternativas solventes (aun al coste de perder una virginidad política poco deseable en quien aspira a gobernar). Es la única vía para ganar credibilidad y poder presentarse ante la ciudadanía con réditos suficientes para demostrarle que ha hecho un buen negocio.
Francamente, yo no diría que el balance de este año es alentador. En el debate presupuestario, la presencia de Nafarroa Bai fue testimonial y se desaprovechó el caudal de ideas y proyectos que existen y que con tanto entusiasmo y trabajo se han ido elaborando. En el asunto del Consejo General de Caja Navarra faltó fluidez en las comunicaciones. Y en un tema tan sensible como el euskera, se falla a la ciudadanía clamorosa y flagrantemente. Que es una reforma menor, de acuerdo. Que ha faltado cortesía parlamentaria, de acuerdo. Queda por saber si de haber estado presentes todos los parlamentarios de Nafarroa Bai la reforma hubiera salido igualmente adelante. Pero Nafarroa Bai ha incumplido su contrato. Y no basta con pedir disculpas. Es hora ya de empezar a asumir responsabilidades, también personales.
Y ponerse a trabajar sin dilación en alternativas de gobierno y no en meras glosas de decisiones o proyectos del Gobierno (que van a contar, ya se sabe de antemano, con el respaldo de sus coaligados socialistas). En el momento actual el PSN sólo vota contra UPN cuando se ve acorralado por compromisos electorales que, por haber sido tan voceados, no admiten marcha atrás. Y, con todo, el grupo parlamentario socialista tiene la cintura y el cinismo necesarios para decir diego donde dijo digo, así que las posibilidades no son muchas. Seguramente hay que fortalecer hábitos internos de trabajo en común (no en compartimentos estancos que sólo consensúan conclusiones) e ir creando y consolidando grupos de discusión, reflexión y elaboración de propuestas, plurales en su composición y especializados en su objeto, para apuntalar el trabajo parlamentario.
Quedan tres años de legislatura. Seguramente la legislatura más trascendental a la que se vaya a enfrentar Nafarroa Bai en mucho tiempo. En nuestras manos está aprovecharlos. Cuando el elector deposita su voto en la urna, implícitamente está exigiendo que el destinatario del voto no le falle. No sé si hasta ahora se ha fallado al electorado y a la sociedad. Pero a partir de ahora es un lujo que no está al alcance de Nafarroa Bai.
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miércoles, 9 de abril de 2008
¿Crisis en Nafarroa Bai?
Nafarroa Bai está en crisis. Nafarroa Bai se rompe. Ya lo decía yo, dicen algunos chapoteando en el barro de sus temores y su nerviosismo. Como Sanz, líder de un partido caudillista y a pesar de ello fracturado y fatigado, con los cientos de puestos y sueldos públicos como único aglutinante. Lo dicen también en el PSN, dividido aún hoy en dos mitades, a pesar de los esfuerzos de la actual dirección por acallar, ignorar o depurar a los discrepantes.
El lehendakari Sanz, con su habitual desfachatez, dice que el nacionalismo es un cáncer. Y tiene razón. Su nacionalismo, sin ir más lejos, que sólo es capaz de medrar con el conflicto, la crispación, la satanización del disidente y la imposición de un concepto de España rancio y de trágico recuerdo como armas. Y no vamos a recurrir a la historia (ahí están sus ancestros políticos para dar lecciones de nacionalismo), basta la más reciente, los últimos cuatro años. Pero Sanz —y lo que representa— es un cáncer no sólo por nacionalista, sino por su falta de interés por liderar a toda la sociedad, representarla y trabajar por los intereses colectivos, por su incapacidad para proponer proyectos o ideas para el futuro. Un cáncer que lo va invadiendo todo, mutando la vitalidad y el dinamismo de toda una sociedad en oportunidades de negocio para unos pocos. ¡Qué casualidad que los tres últimos informes de la Cámara de Comptos hayan sido demoledores para la gestión que UPN hace de los dineros públicos! Obsérvese el panorama: si el Gobierno de Navarra se embarca en un proyecto industrial, es a rebufo de alguna empresa interesada (cuando no reacciona a golpe de ultimátum); si lanza un plan de vivienda, es porque se lo presentan promotores que no sólo se erigen en planificadores (nuestras ciudades al albur de intereses crematísticos particulares) sino que, para colmo, puentean así al Ayuntamiento afectado… ¿Quién gobierna en Navarra y para quién? ¿Dónde está el tumor? ¿Dónde la parálisis?
Así las cosas, tan grises (por no hablar del descalabro social que se avecina, tras el adelgazamiento de lo público a que hemos asistido estos años: mal para la educación, mal para la sanidad, se pretende arreglar todo con cemento), es normal que Sanz y su entorno político y mediático (ardua tarea discernir corifeo y coro) agranden cualquier atisbo de discrepancia, debate o, por qué no decirlo, franca discusión en Nafarroa Bai.
Que surgen discrepancias es evidente. Como en todo colectivo. En este caso se llegan a manifestar con crudeza, lo que no significa que esté desmoronándose o amenazada por la piqueta, qué más quisieran algunos. Se trata de una coalición joven, con mecanismos de adopción de decisiones y generación de consensos imperfectos y en fase de rodaje. También, hay que reconocerlo, con un hábito muy arraigado en los partidos que la forman de dirimir sus diferencias en la plaza pública. ¿Es eso malo? Es costumbre criticar el autoritarismo, la cerrazón o la falta de debate interno en las organizaciones. Pero cuando se observan discrepancias en alguna de ellas se pone, incoherente e interesadamente, el grito en el cielo. ¿En qué quedamos? ¿Habrá que recordar las vendettas a que hemos asistido la pasada legislatura foral en el seno de UPN, sirviéndose para ello —y eso sí es grave— de la Administración Pública? ¿Habríamos sabido algo de Humanismo y Democracia de no existir esa pelea? ¿Nos hemos olvidado de cómo se dirimió el último congreso del PSN? Por poner ejemplos cercanos, que ahí anda Esperanza Aguirre atronando el solar hispano con sus gritos de guerra para ajustar las cuentas a Rajoy (la concepción que del liberalismo tiene Aguirre es una rareza intelectual digna de glosa).
Nafarroa Bai, para pasmo y desconcierto, primero, y mal disimulado nerviosismo, después, ha logrado articular un proyecto de cambio para Navarra progresista e integrador y ha conseguido unir a un sector de la sociedad tradicionalmente silenciado u obviado mediante el reparto canovista de cuotas de poder o el puro soborno político de los más sumisos (es lo que tiene administrar las prebendas). Y aspira, además, a contribuir a la unión de fuerzas progresistas de Navarra para conseguir el cambio político. Naturalmente, eso no gusta. Y no gusta, en primer lugar, a quienes pretendiendo impedir una supuesta venta de Navarra que sólo existía en sus delirios y terrores nocturnos, consiguieron mantenerse en el poder a coste cero. O a quienes se han instalado en una posición vicaria al cómodo abrigo del presupuesto público.
Se habla de ineficacia en la gestión. ¿Barañain? Los que impiden el gobierno municipal son los que, dentro incluso del PSN, negaron el pan y la sal al anterior alcalde. ¿Zizur? Un grave error, ya reconocido, al elegir a alguien que parece anteponer el medro personal al servicio público. La prueba es que después de arremeter contra todo lo que se movía ha terminado votando con UPN… curioso. ¿Beriain? Léase la carta objeto de disputa y sáquense conclusiones.
Por más que se diga, Nafarroa Bai sigue viva. Hace cuatro años se iba a desleír como un azucarillo. Ahora es un cáncer. Significativa la evolución metafórica, se van resignando, señal que cabalgamos. La última trifulca, debidamente comentada por Sanz y su troupe, no ha sido más que una confrontación de concepciones sobre el tipo de representante que conviene tener en el Consejo General de Caja Navarra; una fiebre infantil de la que la criatura no puede sino salir fortalecida, porque no anda mal de anticuerpos. Eso sí, se impone ya ese debate interno tantas veces aplazado sobre organización, toma de decisiones, apertura a la sociedad, formas de afiliación o el papel de los independientes, que no han de ser la alternativa —una competencia indeseada— a los militantes de los partidos, sino su complemento, el engrudo que hace que Nafarroa Bai sea bastante más que la suma de sus partes. Ello requiere trabajo, pero en Nafarroa Bai hay capacidad, capital humano (empezando por una militancia no siempre reconocida y a veces sacrificada en el altar de intereses superiores) y un proyecto de futuro. Seguramente el primer proyecto realmente integrador, que concibe Navarra como un todo, y no como realidades enfrentadas o la mera yuxtaposición de identidades, algunas molestas. En Nafarroa Bai cabe toda Navarra. Está por ver si otros pueden decir, y practicar, lo mismo.
El lehendakari Sanz, con su habitual desfachatez, dice que el nacionalismo es un cáncer. Y tiene razón. Su nacionalismo, sin ir más lejos, que sólo es capaz de medrar con el conflicto, la crispación, la satanización del disidente y la imposición de un concepto de España rancio y de trágico recuerdo como armas. Y no vamos a recurrir a la historia (ahí están sus ancestros políticos para dar lecciones de nacionalismo), basta la más reciente, los últimos cuatro años. Pero Sanz —y lo que representa— es un cáncer no sólo por nacionalista, sino por su falta de interés por liderar a toda la sociedad, representarla y trabajar por los intereses colectivos, por su incapacidad para proponer proyectos o ideas para el futuro. Un cáncer que lo va invadiendo todo, mutando la vitalidad y el dinamismo de toda una sociedad en oportunidades de negocio para unos pocos. ¡Qué casualidad que los tres últimos informes de la Cámara de Comptos hayan sido demoledores para la gestión que UPN hace de los dineros públicos! Obsérvese el panorama: si el Gobierno de Navarra se embarca en un proyecto industrial, es a rebufo de alguna empresa interesada (cuando no reacciona a golpe de ultimátum); si lanza un plan de vivienda, es porque se lo presentan promotores que no sólo se erigen en planificadores (nuestras ciudades al albur de intereses crematísticos particulares) sino que, para colmo, puentean así al Ayuntamiento afectado… ¿Quién gobierna en Navarra y para quién? ¿Dónde está el tumor? ¿Dónde la parálisis?
Así las cosas, tan grises (por no hablar del descalabro social que se avecina, tras el adelgazamiento de lo público a que hemos asistido estos años: mal para la educación, mal para la sanidad, se pretende arreglar todo con cemento), es normal que Sanz y su entorno político y mediático (ardua tarea discernir corifeo y coro) agranden cualquier atisbo de discrepancia, debate o, por qué no decirlo, franca discusión en Nafarroa Bai.
Que surgen discrepancias es evidente. Como en todo colectivo. En este caso se llegan a manifestar con crudeza, lo que no significa que esté desmoronándose o amenazada por la piqueta, qué más quisieran algunos. Se trata de una coalición joven, con mecanismos de adopción de decisiones y generación de consensos imperfectos y en fase de rodaje. También, hay que reconocerlo, con un hábito muy arraigado en los partidos que la forman de dirimir sus diferencias en la plaza pública. ¿Es eso malo? Es costumbre criticar el autoritarismo, la cerrazón o la falta de debate interno en las organizaciones. Pero cuando se observan discrepancias en alguna de ellas se pone, incoherente e interesadamente, el grito en el cielo. ¿En qué quedamos? ¿Habrá que recordar las vendettas a que hemos asistido la pasada legislatura foral en el seno de UPN, sirviéndose para ello —y eso sí es grave— de la Administración Pública? ¿Habríamos sabido algo de Humanismo y Democracia de no existir esa pelea? ¿Nos hemos olvidado de cómo se dirimió el último congreso del PSN? Por poner ejemplos cercanos, que ahí anda Esperanza Aguirre atronando el solar hispano con sus gritos de guerra para ajustar las cuentas a Rajoy (la concepción que del liberalismo tiene Aguirre es una rareza intelectual digna de glosa).
Nafarroa Bai, para pasmo y desconcierto, primero, y mal disimulado nerviosismo, después, ha logrado articular un proyecto de cambio para Navarra progresista e integrador y ha conseguido unir a un sector de la sociedad tradicionalmente silenciado u obviado mediante el reparto canovista de cuotas de poder o el puro soborno político de los más sumisos (es lo que tiene administrar las prebendas). Y aspira, además, a contribuir a la unión de fuerzas progresistas de Navarra para conseguir el cambio político. Naturalmente, eso no gusta. Y no gusta, en primer lugar, a quienes pretendiendo impedir una supuesta venta de Navarra que sólo existía en sus delirios y terrores nocturnos, consiguieron mantenerse en el poder a coste cero. O a quienes se han instalado en una posición vicaria al cómodo abrigo del presupuesto público.
Se habla de ineficacia en la gestión. ¿Barañain? Los que impiden el gobierno municipal son los que, dentro incluso del PSN, negaron el pan y la sal al anterior alcalde. ¿Zizur? Un grave error, ya reconocido, al elegir a alguien que parece anteponer el medro personal al servicio público. La prueba es que después de arremeter contra todo lo que se movía ha terminado votando con UPN… curioso. ¿Beriain? Léase la carta objeto de disputa y sáquense conclusiones.
Por más que se diga, Nafarroa Bai sigue viva. Hace cuatro años se iba a desleír como un azucarillo. Ahora es un cáncer. Significativa la evolución metafórica, se van resignando, señal que cabalgamos. La última trifulca, debidamente comentada por Sanz y su troupe, no ha sido más que una confrontación de concepciones sobre el tipo de representante que conviene tener en el Consejo General de Caja Navarra; una fiebre infantil de la que la criatura no puede sino salir fortalecida, porque no anda mal de anticuerpos. Eso sí, se impone ya ese debate interno tantas veces aplazado sobre organización, toma de decisiones, apertura a la sociedad, formas de afiliación o el papel de los independientes, que no han de ser la alternativa —una competencia indeseada— a los militantes de los partidos, sino su complemento, el engrudo que hace que Nafarroa Bai sea bastante más que la suma de sus partes. Ello requiere trabajo, pero en Nafarroa Bai hay capacidad, capital humano (empezando por una militancia no siempre reconocida y a veces sacrificada en el altar de intereses superiores) y un proyecto de futuro. Seguramente el primer proyecto realmente integrador, que concibe Navarra como un todo, y no como realidades enfrentadas o la mera yuxtaposición de identidades, algunas molestas. En Nafarroa Bai cabe toda Navarra. Está por ver si otros pueden decir, y practicar, lo mismo.
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miércoles, 8 de agosto de 2007
PPSOE, UPSN: debitum sexum?
Quod natura non dat Salamanticam non praestat. Así dice el aforismo, recogiendo una idea de sentido común y validez general... salvo en Navarra, donde debe ser adaptado y hasta rebatido o contradicho para expresar adecuadamente su realidad política: lo que las urnas no dan Ferraz lo presta, en el que quizá sea el mayor fiasco político que se haya dado en Navarra en los últimos treinta años; y eso que se puede exhibir un abultado muestrario. Como suele ser habitual, el protagonista es el PSN. Más bien sus dirigentes, porque la militancia ha dado una lección de dignidad, coherencia (Dios, que buen vassalo si ouesse buen sennor!) y ahora resignación. Algo le pasa a ese partido —experto en captar voto de izquierdas para entregar el poder a la derecha— porque desde las trapazas de Urralburu no deja de pifiarla una y otra vez. Cuando el electorado parece haber olvidado, perdonado o, al menos, superado la última, la vuelven a hacer. Curiosamente, los sucesivos protagonistas han ido a parar, en su mayor parte, a la cárcel o —de hecho o de derecho— a UPN.
La última, la alianza UPN-PSN (ahí andarán a la greña socialistas y convergentes toda la legislatura por ver quién se lleva los caramelos y se queda como bisagra), arrumbados como si nunca hubieran existido el «decálogo» de Sanz o las condiciones de Chivite para el pacto (la palabra de José Blanco es ahora suficiente para Sanz). Por supuesto, cada partido es libre de pactar y ayuntar sus votos y escaños con quien le parezca, aun a costa de alterar o contradecir flagrantemente los mensajes preelectorales.
Ahora bien, la manera como se ha llegado a la actual situación muestra, contradiciendo el chovinismo casposo y sucursalista de UPN (Navarra siempre p’alante, así se estrelle) o el engolamiento tecnocrático del PSN, que ni uno ni otro tiene capacidad de decisión sobre Navarra, convertida en juguete de intereses espurios, objeto de un peloteo desganado, como si los jugadores estuvieran —están— en otra cosa. Desde hace mucho se alimenta la autoestima de los navarros con el mito de que Navarra es una cuestión de Estado. Y se repite tanto que se asume con naturalidad como un dato. Lo ocurrido los últimos meses prueba que, lejos de eso, Navarra no es más que un instrumento cómodo para conseguir otros fines, porque si se pierde el envite el coste es reducido.
Muestra también la contumacia de Zapatero en gobernar según encuestas y sondeos, un vicio poco recomendable en política porque lleva a olvidarse de los principios y aboca a un pragmatismo desmedido. La primera consecuencia en el tema que nos ocupa —enésimo ejemplo de lo poco que cuenta Navarra en Madrid— es que el voto de un navarro (especialmente si va al PSOE) se valora mucho menos que el de un extremeño, un castellano o un murciano. Menos que esos votos que —dicen— perdería el PSOE en la España profunda si se aliara con Nafarroa Bai, votos de la manipulación, la mentira y la ignorancia. La segunda consecuencia es que Zapatero se echa en brazos —o se acerca un poco más— a ese sector del PSOE jacobino, nacionalista (español), y con un ramalazo autoritario y rancio, tan bien representado por gentes como Bono, Rodríguez Ibarra, Vázquez y hasta Guerra. Queda ya poco de ese Zapatero que llegó al Gobierno («no nos falles», le decían) cabalgando una ola de indignación pero también de convicción, dada la situación de auténtica emergencia democrática a que abocó el gobierno de Aznar. Además, los sondeos que tanto mira Zapatero muestran que entrar en el discurso mentiroso y manipulador del PP y actuar a la defensiva, justificándose continuamente en lugar de hacer pedagogía política, es una estrategia perdedora. De hecho, sólo han sido capaces de conseguir una ventaja de tres puntos (que se puede esfumar en cualquier momento), a pesar de algunos logros sociales y un panorama macroeconómico inmejorable (crecimiento, desempleo, inflación; otra cosa es lo que sale cuando se rasca en las cifras). Pero nadie en el PSOE se escandaliza ni responde a las impúdicas y vergonzosas declaraciones de San Gil a costa de Navarra en su rentrée política (contra lo que pueda parecer, quien más se inmiscuye desde la Comunidad Autónoma Vasca en los asuntos de Navarra es el PP que, para colmo, insiste en equipararla con Álava: la cuarta provincia que decía Sanz, es una realidad para el PP y el diktat llega no pocas veces desde Vitoria).
En Navarra hay un acuerdo, explícito o tácito, entre UPN y PSN para dejar fuera de cualquier cargo a Nafarroa Bai, con la justificación de una supuesta deslealtad institucional. Tanta pureza democrática parece ocultar únicamente miedo. Miedo a que si Nafarroa Bai asume responsabilidades de gobierno, se evidencie capacidad de gestión y un proyecto alternativo sin que, para colmo, pase nada. Porque la única fuerza política que, hoy por hoy, defiende la identidad de Navarra y pretende profundizar su autogobierno (su capacidad de decisión) es Nafarroa Bai. Así, unos y otros se quedarían sin coartada ideológica y, quizá, sin parte de sus votantes. El precio de esa actitud es el deterioro de la calidad de la democracia: se puede votar a Nafarroa Bai, pero no sirve de nada, porque para ello ya se apañan alianzas imposibles. Tampoco hay que sorprenderse mucho, cuando hay opciones a las que no es posible votar, la monarquía sigue siendo intocable y hasta se secuestran semanarios o se persiguen periódicos por ironizar sobre noticias nunca desmentidas.
Para el PP, que no oculta su alegría por una victoria más de su política de miedo y chantaje, es el triunfo de los que defienden España. Triste España la suya, que sólo puede mantenerse unida por la fuerza o desnaturalizando la democracia. Han optado por el palo en lugar de la convicción («venceréis, pero no convenceréis») y el PSOE se ha sumado obedientemente a esa estrategia. A mayor abundamiento, queda la sospecha de que el PSOE renunció a forzar unas nuevas elecciones (posibilidad que se barajó en algún momento) precisamente porque los sondeos mostraban que UPN no obtenía la mayoría absoluta.
Una de las imágenes de la campaña electoral del PSN presentaba a Puras aplaudido por Zapatero y el lema «el cambio que Navarra se merece». Ahora queda claro qué es lo que, para el PSOE, nos merecemos. En el siglo XVIII los moralistas distinguían entre la sodomía y la bestialidad, porque la primera era accessus ad non debitum sexum y la segunda concubitus cum individuo alterius speciei. ¿A cuál de ellas corresponderá el engendro UPSN? ¿O nos estaremos dejando engañar por las apariencias y no será más que debitum sexum?
(Diario de Noticias, 8 de agosto de 2007)
La última, la alianza UPN-PSN (ahí andarán a la greña socialistas y convergentes toda la legislatura por ver quién se lleva los caramelos y se queda como bisagra), arrumbados como si nunca hubieran existido el «decálogo» de Sanz o las condiciones de Chivite para el pacto (la palabra de José Blanco es ahora suficiente para Sanz). Por supuesto, cada partido es libre de pactar y ayuntar sus votos y escaños con quien le parezca, aun a costa de alterar o contradecir flagrantemente los mensajes preelectorales.
Ahora bien, la manera como se ha llegado a la actual situación muestra, contradiciendo el chovinismo casposo y sucursalista de UPN (Navarra siempre p’alante, así se estrelle) o el engolamiento tecnocrático del PSN, que ni uno ni otro tiene capacidad de decisión sobre Navarra, convertida en juguete de intereses espurios, objeto de un peloteo desganado, como si los jugadores estuvieran —están— en otra cosa. Desde hace mucho se alimenta la autoestima de los navarros con el mito de que Navarra es una cuestión de Estado. Y se repite tanto que se asume con naturalidad como un dato. Lo ocurrido los últimos meses prueba que, lejos de eso, Navarra no es más que un instrumento cómodo para conseguir otros fines, porque si se pierde el envite el coste es reducido.
Muestra también la contumacia de Zapatero en gobernar según encuestas y sondeos, un vicio poco recomendable en política porque lleva a olvidarse de los principios y aboca a un pragmatismo desmedido. La primera consecuencia en el tema que nos ocupa —enésimo ejemplo de lo poco que cuenta Navarra en Madrid— es que el voto de un navarro (especialmente si va al PSOE) se valora mucho menos que el de un extremeño, un castellano o un murciano. Menos que esos votos que —dicen— perdería el PSOE en la España profunda si se aliara con Nafarroa Bai, votos de la manipulación, la mentira y la ignorancia. La segunda consecuencia es que Zapatero se echa en brazos —o se acerca un poco más— a ese sector del PSOE jacobino, nacionalista (español), y con un ramalazo autoritario y rancio, tan bien representado por gentes como Bono, Rodríguez Ibarra, Vázquez y hasta Guerra. Queda ya poco de ese Zapatero que llegó al Gobierno («no nos falles», le decían) cabalgando una ola de indignación pero también de convicción, dada la situación de auténtica emergencia democrática a que abocó el gobierno de Aznar. Además, los sondeos que tanto mira Zapatero muestran que entrar en el discurso mentiroso y manipulador del PP y actuar a la defensiva, justificándose continuamente en lugar de hacer pedagogía política, es una estrategia perdedora. De hecho, sólo han sido capaces de conseguir una ventaja de tres puntos (que se puede esfumar en cualquier momento), a pesar de algunos logros sociales y un panorama macroeconómico inmejorable (crecimiento, desempleo, inflación; otra cosa es lo que sale cuando se rasca en las cifras). Pero nadie en el PSOE se escandaliza ni responde a las impúdicas y vergonzosas declaraciones de San Gil a costa de Navarra en su rentrée política (contra lo que pueda parecer, quien más se inmiscuye desde la Comunidad Autónoma Vasca en los asuntos de Navarra es el PP que, para colmo, insiste en equipararla con Álava: la cuarta provincia que decía Sanz, es una realidad para el PP y el diktat llega no pocas veces desde Vitoria).
En Navarra hay un acuerdo, explícito o tácito, entre UPN y PSN para dejar fuera de cualquier cargo a Nafarroa Bai, con la justificación de una supuesta deslealtad institucional. Tanta pureza democrática parece ocultar únicamente miedo. Miedo a que si Nafarroa Bai asume responsabilidades de gobierno, se evidencie capacidad de gestión y un proyecto alternativo sin que, para colmo, pase nada. Porque la única fuerza política que, hoy por hoy, defiende la identidad de Navarra y pretende profundizar su autogobierno (su capacidad de decisión) es Nafarroa Bai. Así, unos y otros se quedarían sin coartada ideológica y, quizá, sin parte de sus votantes. El precio de esa actitud es el deterioro de la calidad de la democracia: se puede votar a Nafarroa Bai, pero no sirve de nada, porque para ello ya se apañan alianzas imposibles. Tampoco hay que sorprenderse mucho, cuando hay opciones a las que no es posible votar, la monarquía sigue siendo intocable y hasta se secuestran semanarios o se persiguen periódicos por ironizar sobre noticias nunca desmentidas.
Para el PP, que no oculta su alegría por una victoria más de su política de miedo y chantaje, es el triunfo de los que defienden España. Triste España la suya, que sólo puede mantenerse unida por la fuerza o desnaturalizando la democracia. Han optado por el palo en lugar de la convicción («venceréis, pero no convenceréis») y el PSOE se ha sumado obedientemente a esa estrategia. A mayor abundamiento, queda la sospecha de que el PSOE renunció a forzar unas nuevas elecciones (posibilidad que se barajó en algún momento) precisamente porque los sondeos mostraban que UPN no obtenía la mayoría absoluta.
Una de las imágenes de la campaña electoral del PSN presentaba a Puras aplaudido por Zapatero y el lema «el cambio que Navarra se merece». Ahora queda claro qué es lo que, para el PSOE, nos merecemos. En el siglo XVIII los moralistas distinguían entre la sodomía y la bestialidad, porque la primera era accessus ad non debitum sexum y la segunda concubitus cum individuo alterius speciei. ¿A cuál de ellas corresponderá el engendro UPSN? ¿O nos estaremos dejando engañar por las apariencias y no será más que debitum sexum?
(Diario de Noticias, 8 de agosto de 2007)
viernes, 20 de julio de 2007
PSN: déjà vu?
Lo ocurrido desde el 27 de mayo muestra con toda claridad que el PSN no ha aprendido —diríase que no ha querido aprender— nada de su propia historia. O, quizá, sólo quiere saber hasta dónde puede llegar —hasta dónde puede caer— tensando la discrepancia entre votantes y dirigentes, a menudo más interesados en salvaguardar beneficios y prebendas que en construir una alternativa de gobierno. Los resultados del último congreso así lo corroboraron, al forzarse un cambio en la dirección para frenar la disposición favorable del anterior equipo a entenderse con otras fuerzas progresistas. El PSN de Chivite carecía —carece— de vocación de gobierno y su único fin era conseguir el número de escaños suficiente para evitar cualquier mayoría alternativa a UPN. La intervención de la dirección federal del PSOE para evitar que Chivite fuera candidato pretendía precisamente corregir esa situación y el propio discurso del candidato Puras, así como los lemas electorales, parecían indicar un cambio. Con todo, el mal ya estaba hecho, la desconfianza se extendía y pasó lo que tenía que pasar: a fuerza de querer no ser los primeros han terminado —cumpliendo el objetivo primordial, hay que reconocerlo— por ser los terceros (y esto no ha hecho más que empezar).
Pasadas las elecciones, la coyuntura política cambia drásticamente en Madrid. ETA anuncia el fin de la tregua, quizá no por casualidad en el momento en que más podía perjudicar a Nafarroa Bai. Al mismo tiempo, Rajoy y Zapatero se embarcan en un vergonzoso chalaneo
(«Cambalache: ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!», dice el tango y dice bien) a costa de Navarra en el que, para colmo, la torpeza del presidente no tiene parangón y el PP se mofa de él cambiando una y otra vez los términos de la negociación. Rajoy promete inicialmente moderación a cambio de Navarra y Zapatero accede, aunque «lo que le pide el cuerpo» es propiciar un gobierno alternativo. Navarra termina reducida para ellos a un puro proceso fisiológico, tal vez intestinal (la aportación de José Blanco está siendo inestimable). A pesar de todo, el PP no cambia un ápice —no puede, es lo único que sabe hacer— su estrategia de siempre, y se dedica a preparar el terreno para cuando se produzca ese atentado que todo el mundo está esperando. Digan lo que digan en UPN, se trata de una partida que se juega en Madrid en la que Navarra es sólo una arma arrojadiza sin nada que ver con lo que realmente se ventila y en la que los intereses de Navarra no sólo no se tienen en cuenta, sino que son conculcados flagrantemente. A tal punto llega la cosa que, por lo que se dice, el PP ha vetado iniciativas de UPN para llegar a un acuerdo con el PSN.
¿Qué ha sido de toda esa verborrea de los últimos meses? ¿Quién defiende realmente los intereses de Navarra y quién los quebranta? ¿No será el verdadero enemigo de la identidad institucional de Navarra (de que Navarra siga siendo Navarra) quien, como UPN-PP, se está ocupando de destrozar la autonomía de Navarra en unos tribunales bien domesticados? ¿O quien, como el PSOE, fía su actuación en Navarra al albur de unas elecciones generales a un año vista, desanimando y engañando a sus propios votantes? Sanz, por su parte, hace lo que puede, añadiendo a su infinito anecdotario una muestra más de la profundidad de sus convicciones democráticas: pretende ahora que se debe excluir sine díe, no ya del Gobierno, sino de cualquier cargo institucional, a la segunda fuerza política de Navarra. Es propio de demócratas intentar torcer la voluntad de los electores con maniobras pre o postelectorales o quejarse de las reglas del juego cuando ya no convienen. Habría que ver en qué pararía el partido del lehendakari en funciones si se le aplicara a rajatabla el fundamentalismo constitucional que profesa el PP (con la misma adhesión inquebrantable que en su día profesaron por principios fundamentales de movimientos inmutables).
El PSN, por su parte, aprovecha la coyuntura volviendo por sus fueros. Recuerda muchos episodios de la época de Urralburu, cuando se exhibía una voracidad desmedida por la acumulación de cargos sin ninguna justificación ideológica o política, y que parecía responder más a ambiciones individuales que a estrategias de gobierno (¿prebendas y honores compensan la indignidad política? Elena Torres tendrá, seguro, la respuesta). Lo que pasó después es de sobra conocido y sirvió para que UPN hiciera de Navarra su cortijo y Sanz mantuviera firmemente las riendas del PSN. Baste recordar la forma en que cayó el gobierno de Otano y los motivos reales de la maniobra. Quién sabe si ahora no se estará representando el mismo sainete, cada uno sabrá hasta dónde es vulnerable.
Es de sobra conocido que Puras no está donde está por sus dotes políticas o su brillantez negociadora. Está porque no generaba rechazos frontales: podía ser aceptado por Madrid sin incomodar demasiado a la dirección de Navarra. Pero su impasibilidad y cinismo al comentar idas y venidas, propuestas de negociación o la composición del gobierno, suscitan alguna alarma sobre sus dotes para la refriega política. A no ser que esté cometiendo un error que cualquier buen estratega debe evitar: minusvalorar, en la negociación o en el enfrentamiento, al socio o al adversario. Por no hablar de esa actitud que pretende ser equidistante entre la derecha y la izquierda, como si fuera el independiente perfecto, una suerte de «hombre bueno», capaz de traer el equilibrio a nuestro convulso panorama político y la paz a nuestros atribulados corazones.
Tanto devaneo, tanta vuelta y revuelta llevan a una única conclusión: salvo que en Madrid se diga otra cosa, el PSN hará lo posible porque no haya pacto de Gobierno progresista. Hasta Sanz está actuando con más coherencia. Y el PSN debería reflexionar si, como dice el lehendakari en funciones, sus programas coinciden en más de un noventa por ciento. Así las cosas, seguramente la única opción sea la repetición de las elecciones. Quizá a costa de la mayoría absoluta para UPN; pero servirían, al menos, para situar a cada uno, y especialmente el voto progresista y de izquierdas, donde corresponde.
La estomagante sensación de déjà vu que lo invade todo acrecienta la convicción de que con ANV o sin ella en el Ayuntamiento de Pamplona, el PSN nunca hubiera votado a Uxue Barkos, sino a su cabeza de lista, emulando la trampa de Balduz, que parece haberse convertido en
paradigma de lo que ese partido entiende por alta política. El resultado, simplemente que Barcina tendría hoy que dirigir su gratitud a Torrens en lugar de a ETA.
(Diario de Noticias, 20 de julio de 2007)
Pasadas las elecciones, la coyuntura política cambia drásticamente en Madrid. ETA anuncia el fin de la tregua, quizá no por casualidad en el momento en que más podía perjudicar a Nafarroa Bai. Al mismo tiempo, Rajoy y Zapatero se embarcan en un vergonzoso chalaneo
(«Cambalache: ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!», dice el tango y dice bien) a costa de Navarra en el que, para colmo, la torpeza del presidente no tiene parangón y el PP se mofa de él cambiando una y otra vez los términos de la negociación. Rajoy promete inicialmente moderación a cambio de Navarra y Zapatero accede, aunque «lo que le pide el cuerpo» es propiciar un gobierno alternativo. Navarra termina reducida para ellos a un puro proceso fisiológico, tal vez intestinal (la aportación de José Blanco está siendo inestimable). A pesar de todo, el PP no cambia un ápice —no puede, es lo único que sabe hacer— su estrategia de siempre, y se dedica a preparar el terreno para cuando se produzca ese atentado que todo el mundo está esperando. Digan lo que digan en UPN, se trata de una partida que se juega en Madrid en la que Navarra es sólo una arma arrojadiza sin nada que ver con lo que realmente se ventila y en la que los intereses de Navarra no sólo no se tienen en cuenta, sino que son conculcados flagrantemente. A tal punto llega la cosa que, por lo que se dice, el PP ha vetado iniciativas de UPN para llegar a un acuerdo con el PSN.
¿Qué ha sido de toda esa verborrea de los últimos meses? ¿Quién defiende realmente los intereses de Navarra y quién los quebranta? ¿No será el verdadero enemigo de la identidad institucional de Navarra (de que Navarra siga siendo Navarra) quien, como UPN-PP, se está ocupando de destrozar la autonomía de Navarra en unos tribunales bien domesticados? ¿O quien, como el PSOE, fía su actuación en Navarra al albur de unas elecciones generales a un año vista, desanimando y engañando a sus propios votantes? Sanz, por su parte, hace lo que puede, añadiendo a su infinito anecdotario una muestra más de la profundidad de sus convicciones democráticas: pretende ahora que se debe excluir sine díe, no ya del Gobierno, sino de cualquier cargo institucional, a la segunda fuerza política de Navarra. Es propio de demócratas intentar torcer la voluntad de los electores con maniobras pre o postelectorales o quejarse de las reglas del juego cuando ya no convienen. Habría que ver en qué pararía el partido del lehendakari en funciones si se le aplicara a rajatabla el fundamentalismo constitucional que profesa el PP (con la misma adhesión inquebrantable que en su día profesaron por principios fundamentales de movimientos inmutables).
El PSN, por su parte, aprovecha la coyuntura volviendo por sus fueros. Recuerda muchos episodios de la época de Urralburu, cuando se exhibía una voracidad desmedida por la acumulación de cargos sin ninguna justificación ideológica o política, y que parecía responder más a ambiciones individuales que a estrategias de gobierno (¿prebendas y honores compensan la indignidad política? Elena Torres tendrá, seguro, la respuesta). Lo que pasó después es de sobra conocido y sirvió para que UPN hiciera de Navarra su cortijo y Sanz mantuviera firmemente las riendas del PSN. Baste recordar la forma en que cayó el gobierno de Otano y los motivos reales de la maniobra. Quién sabe si ahora no se estará representando el mismo sainete, cada uno sabrá hasta dónde es vulnerable.
Es de sobra conocido que Puras no está donde está por sus dotes políticas o su brillantez negociadora. Está porque no generaba rechazos frontales: podía ser aceptado por Madrid sin incomodar demasiado a la dirección de Navarra. Pero su impasibilidad y cinismo al comentar idas y venidas, propuestas de negociación o la composición del gobierno, suscitan alguna alarma sobre sus dotes para la refriega política. A no ser que esté cometiendo un error que cualquier buen estratega debe evitar: minusvalorar, en la negociación o en el enfrentamiento, al socio o al adversario. Por no hablar de esa actitud que pretende ser equidistante entre la derecha y la izquierda, como si fuera el independiente perfecto, una suerte de «hombre bueno», capaz de traer el equilibrio a nuestro convulso panorama político y la paz a nuestros atribulados corazones.
Tanto devaneo, tanta vuelta y revuelta llevan a una única conclusión: salvo que en Madrid se diga otra cosa, el PSN hará lo posible porque no haya pacto de Gobierno progresista. Hasta Sanz está actuando con más coherencia. Y el PSN debería reflexionar si, como dice el lehendakari en funciones, sus programas coinciden en más de un noventa por ciento. Así las cosas, seguramente la única opción sea la repetición de las elecciones. Quizá a costa de la mayoría absoluta para UPN; pero servirían, al menos, para situar a cada uno, y especialmente el voto progresista y de izquierdas, donde corresponde.
La estomagante sensación de déjà vu que lo invade todo acrecienta la convicción de que con ANV o sin ella en el Ayuntamiento de Pamplona, el PSN nunca hubiera votado a Uxue Barkos, sino a su cabeza de lista, emulando la trampa de Balduz, que parece haberse convertido en
paradigma de lo que ese partido entiende por alta política. El resultado, simplemente que Barcina tendría hoy que dirigir su gratitud a Torrens en lugar de a ETA.
(Diario de Noticias, 20 de julio de 2007)
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