Estas semanas atrás el centro de los debates ha estado en Navarra en
los presupuestos, aprobados finalmente por el Parlamento el pasado día 22.
Hemos oído hasta cansarnos que son los únicos presupuestos posibles, que son
los que Navarra necesita o que no se puede hacer otra cosa si se ha de cumplir
el objetivo de déficit. Pues bien, Navarra no los necesitará tanto cuando ya
son, y se sabía que así iba a ocurrir, papel mojado. Pero es que aun admitiendo
el objetivo de déficit, la distribución del gasto en sus distintas partidas es
una cuestión ideológica, que trasluce una concepción de la sociedad, la
economía y, por qué no, la política. La estructura de los ingresos (peso de
impuestos directos e indirectos, tipos impositivos, progresividad) también nos
dice cuáles son las prioridades, preferencias y lealtades del Gobierno. Puede
parecer perogrullada u obviedad recordarlo, pero se suele olvidar que el
presupuesto tiene dos lados: ingresos y gastos. No hay nada inocente o casual
en la forma concreta que finalmente adquiere el presupuesto.
